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Jueves, 15 de Noviembre 2018


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Escribe: Walter Guerrero.- De pronto, una joven antropóloga y un novel ingeniero descubren que un candidato presidencial se hizo doctor recurriendo a la copia, al plagio, a la apropiación indebida de investigaciones ajenas publicadas en libros, artículos, revistas universitarias y hasta ediciones de organismos internacionales. La audacia puso en ridículo a un instituto de educación superior español y de paso, desnudó a la universidad peruana (y a la desprestigiada universidad pública española). 1

No es un caso aislado. El personaje en cuestión (no se diferencia de cualquier otro político) tiene dificultades para entender la magnitud de la universidad. Ese plagio demuestra que nunca fue universitario; sin embargo, la discusión pública se quedó atrapada en la periferia, eludiendo el núcleo central de la política actual: el desprecio por la verdad y la renuncia a la ética.

Si algo se puede imputar a la política contemporánea es su escasa disposición para conocer y comprender las nociones fundamentales de la ética y los valores correspondientes. El respeto por lo ajeno (y por los dineros públicos) es uno de estos pero no el principal. Las raíces hay que buscarlas en el sustrato del conocimiento, en ello que los griegos llamaban trascendentales del ser: la unidad, la verdad, el bien y la belleza. En contraste, el político las reemplazó por la conveniencia, el relativismo, la audacia para capturar el poder, la mentira y el cinismo. Haciendo suyo el alegato que “en política no hay que ser caído del palto”, una discutible saltimbanqui de la política defiende el “secuestro de ideas” increpando que “las habilidades están antes que los títulos”. Citó a Bill Gates pero un académico local fue más crudo; la acusó de “terminar pululando en la zona más oscura y vergonzosa de la política peruana”.

Es el riesgo (anticipado) de reemplazar la ética por el cinismo. La política no proporciona respuestas a la pregunta “cómo se debe vivir”, hoy carece de potencia para conducirnos a la felicidad, aunque podría ayudar si el político asume como su fundamento el concepto de persona humana como un ser libre, racional y responsable de su actuar moral. La conciencia ética nos humaniza.

“Quien no vive como piensa termina pensando como vive”, nos advirtió un destacado profesor en las aulas universitarias. La política introdujo un fuerte relativismo moral que bajo la razón de estado, hasta la aceptación e imposición de normas contrarias a la ley natural, derivó hacia el culto al poder tiranizando al estado y a quien ejerce el poder. Es común escuchar no sólo desde la política sino también en la boca de supuestos académicos que “cada individuo tiene "su" verdad y "su" idea de bien, y todas son respetables mientras el individuo no pretenda tener la verdad y el bien para todos”.

Bajo este extremo, presente desde Kelsen hasta Popper y repetido como cantinela en aulas y salas de redacción, intentan construir falsos consensos, repudiados en absoluto por la mayoría de los ciudadanos.

Dejemos que la ética, llamada también “filosofía práctica”, perfume la política con la claridad “de lo correcto y lo incorrecto y que nos presente las cosas como bello y feo, como plenitud de sentido y ausencia de él, como útil e inútil, sano y enfermo, conveniente e inconveniente y, finalmente, como bueno y malo”…

Hoy por hoy, los ciudadanos reclamamos a la política, a los políticos, repudiar el cinismo de aquel que responde “no puedo renunciar, no he hecho nada malo”. Repudiar este cinismo y volver a la verdad absoluta es sólo una manera de revalorar la política, de adecentarla y colocarla al servicio del ciudadano y sacudirla del botín de unos pocos.

[1] Aprovecho el recuerdo de la lectura de un extraordinario texto publicado por Alejandro Llano y otros autores “Ética y política en la sociedad contemporánea. (1981) Madrid: Espasa-Calpe

[2]NAVARRO CAMPOS, Jorge. “Análisis de las justificaciones relativistas del estado totalitario liberal como instancia ética suprema”. Arbil, Nº 23.  Recuperado el 05 de febrero 2016, desde http://www.arbil.org/(23)nava.htm

[3] SPAEMMAN, Robert. La ética como doctrina de la vida lograda”.  Revista Atlántida Nº3, Recuperado el 05 de febrero 2016, desde http://es.catholic.net/op/articulos/44062/cat/415/la-etica-como-doctrina-de-la-vida-lograda.html

 

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