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Lunes, 11 de Diciembre 2017


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Escribe: José Romero.- Hace algo más de 27 años fui por primera vez a Europa. Mi viaje fue por motivo de estudios a raíz de una beca que conseguí como funcionario del Banco Industrial donde trabajaba entonces.

La beca consistía en una primera estadía para reforzar mi aprendizaje del idioma alemán y luego, una pasantía en el Dresdner Bank AG, la misma que realicé en las oficinas de Frankfurt y de Hamburgo.

Quiero contar los antecedentes de mi viaje así como la estadía con el ánimo que los jóvenes que me lean, sepan que cumplir con nuestras obligaciones, estudiar y esforzarnos para lograr nuestros objetivos, sí es “rentable” y que desviarse del buen camino o saltarse las normas quizás de réditos en el corto plazo pero nunca dará satisfacciones ni materiales, ni menos morales. Con este relato también quiero compartir algunas anécdotas y vivencias las que vuelven a mi mente como si las viviera hoy mismo.

Vi la oportunidad de concursar a la beca en mención en 1987 cuando ya dos compañeros del banco la habían conseguido. Los requisitos los cumplía, vale decir haber concluido estudios universitarios, tener experiencia en banca y saber el idioma inglés; sin embargo había un requisito que era deseable cumplirlo, saber hablar el idioma alemán. En abril de 1987 me fijé como objetivo aprenderlo. Así lo hice y en el mes de enero de 1990, mes que viajé a Alemania, ya lo hablaba con bastante solvencia.

Entre tanto en octubre de 1987 rendí satisfactoriamente el examen para optar la Licenciatura en Administración y en 1988 asistí –como parte de mis funciones- a Miguel Guardado, funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en un trabajo de supervisión de empresas beneficiarias de una Línea de Crédito financiada con recursos del BID. Fue un trabajo de un año que concluyó en abril de 1989, en momentos que ya había presentado mi candidatura a la beca a ALIDE (Asociación Latinoamericana de Instituciones de Desarrollo).

Mi candidatura fue presentada oficialmente en abril de 1989 siendo propuesto por mis jefes Erwin Albrecht y Víctor Chávez Ferrer; la misma que fue tramitada con mucha eficiencia por el Jefe del Area de Capacitación, Agapito Perales y los funcionarios Eduardo Monjoy y Eduardo Gutiérrez a quienes expreso una vez más mis reconocimientos.

El último día de trabajo con el Ingeniero Guardado fui citado a las oficinas del BID para dar por concluida mi participación. El Ingeniero Guardado me preguntó sobre mis planes futuros por lo que le comenté sobre mi postulación a la beca. Sin pedírselo, el mismo Ingeniero Guardado llamó al Presidente de ALIDE y recomendó mi postulación como reconocimiento a mi esfuerzo, dedicación, cumplimiento de los objetivos trazados y por qué no decirlo, a mi puntualidad. Nunca llegué tarde a ninguna cita de trabajo.

A las pocas semanas de haber sido presentada mi candidatura, ALIDE la aprobó y en el mes de Julio de 1989, el Dresdner Bank dio su conformidad quedando expedito para viajar a Alemania.

Hasta aquí mis esfuerzos se habían visto coronados. Es más, ante una solicitud de parte, el banco alemán aprobó una extensión de la beca a casi el doble de semanas (de 10 semanas a 20).

A pesar de la crisis que vivía el Perú pude ahorrar para la bolsa de viaje y con el apoyo de mi amigo Jorge Alvarez, a quien conocí aprendiendo el idioma alemán, compré el pasaje aéreo, debido a que era lo único que no estaba incluido en la beca (al regresar de la beca tuve la satisfacción de devolver el préstamo a Jorge).

Lógicamente compré un pasaje barato en la línea aérea soviética Aeroflot en una alucinante ruta, Lima-La Habana-Gartner-Shannon-Luxemburgo.

Tras todos los preparativos del viaje y luego de casi tres años, el 26 de enero de 1990 partí del aeropuerto de Jorge Chávez y tras casi 20 horas de viaje aterricé en Luxemburgo de donde partí en tren hacía mi destino Frankfurt, a donde llegué a las 9.00 de la noche (hora alemana).

Ni bien desembarqué tomé un taxi hacia el departamento que me asignaron en Frankfurt (Beethoven Strasse). El costo del pasaje fue 8 marcos (5 dólares) y viaje en un impecable Mercedes Benz. Qué diferencia con nuestros taxis de entonces.

Al llegar todo estaba preparado y con comida para mi estadía en la ciudad, que en un primer momento fue de cinco días. Llegué en pleno invierno pero que afortunadamente no fue tan crudo como suele serlo en enero.

El día lunes 29 me presenté a primera hora en la oficina del gerente del área respectiva, Siegfried Propper quien me dio la bienvenida junto con el jefe encargado de los becarios, un alemán de origen chileno, Federico Cornelius. Cómo mi primera tarea era reforzar el idioma el viernes 2 de febrero viajé al Instituto Goethe de la ciudad de Freiburg en donde pasé ocho semanas.

Lo primero que hice aquel viernes fue registrarme y escoger mi alojamiento así como otros colaterales. Al concluir el registro grande fue mi sorpresa al recibir como devolución (debido a que el banco había pagado por mejores servicios que los que escogí) más de 1,600 dólares. Pude no haber dicho nada pero juzgué oportuno reportar esto al señor Cornelius. Al parecer fui el primer becario en hacerlo pues tras consultas en Frankfurt, nadie sabía qué hacer con el dinero que estaba reportando. Otra sorpresa fue que se me dijera que me quedara con lo devuelto pues no había procedimiento para realizar la contabilización de ese dinero.

Fue como un regalo del Cielo. Con ello compré algunas cosas que necesitaba (un par de casacas y zapatos pues lo que yo llevé no servía para el frío invierno y menos para la lluvia) y también para viajar los fines de semana, algo que solo estaba contemplado hacerlo al término de la beca como parte de mis vacaciones (lo que hice por 25 días al concluir el programa de la beca).

Aquí quiero decir algo. Lo que hice fue algo que me nació como producto de la educación recibida en casa y cómo dije al principio, ser honesto sí redituó pues ya de regreso a Frankfurt, al solicitar ir a Berlín –que no estaba contemplado en el programa aprobado- no tuve ningún inconveniente para que aceptaran mi pedido (recuerden que el Muro había caído pocos meses antes y era de enorme interés ir a esa ciudad).

En la tarde del mismo día que pedí ir a Berlín, el señor Cornelius me dijo que pasara a recoger en su oficina los pasajes aéreos Frankfurt-Berlín-Frankfurt, el voucher de un hotel situado en pleno centro de la ciudad a pocos metros de la importante avenida Kurfürstendamm. MI estadía en Berlín fue por una semana para hacer solamente turismo.

Otra sorpresa pues yo pensaba que era parte del programa de capacitación, tanto así que adelanté el viaje tres días para aprovechar el fin de semana y la hospitalidad de mi amigo Ralf Kunas, a quien había conocido en Lima en 1988.

En vista que los recuerdos han fluido en extenso, me veo en la necesidad de seguir escribiendo sobre los mismos en un par más de entregas.

¡Hasta entonces...continuará!

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