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Lunes, 19 de Noviembre 2018


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Escribe: Alex S Gonzalez.- Supremacista blanco, racista, homófo, antipersona, deplorable, analfabeto funcional y toda suerte de ofensas recibimos los que no comulgamos con la idea socialista de la pandilla izquierdista que ha invadido a Estados Unidos. Vienen de todas partes de América Latina.

Para ellos Trump es un tirano al que se adora por extensión del caudillismo psicológico que impera en el Sur. Pero, ¿qué tanto hay de cierto en este postulado?

Dejando a un lado las formas analicemos la sustancia misma del fenómeno.Cuando evocamos el término ‘socialista’ todos piensan automáticamente en Castro uniformado lanzando discursos y apresando a los que no comulgan con su ideología comunista. No necesariamente.

 

El principio básico del socialismo es la imposición de la supremacía del Estado sobre el Individuo. Maduro y Castro son sólo el extremo de ese espectro que tiene varios niveles.

¿Son Hillary y Obama socialistas? ¡Por supuesto que si! Una mirada superficial a la conducta de gobierno de estos personajes no deja lugar a dudas.

Hablamos de socialismo cuando se utiliza la violencia del Estado para despojar al Individuo, castigar el éxito a través de impuestos excesivos, restringir la iniciativa privada y controlar los mercados, imponer un sistema de salud universal insostenible y de pésima calidad, fomentar la tiranía de la ideología de género y el marxismo cultural a nivel gubernamental so pena de castigos legales, administrar un sistema educativo costoso e ineficiente que priva a los padres de escoger el tipo de educación que desean para sus hijos y que constituye una gigantesca maquinaria de lavar cerebros, fomentar un complejo entramado de esclavos del Estado a través de programas sociales que promueven la dependencia y el impuesto a la muerte.

Basta con leer la plataforma del Manifiesto Comunista de Marx, o la del Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA), para descubrir las similitudes entre demócratas y comunistas.

Pero lo peor de este fenómeno resulta la paradoja de escapar de un continente arruinado por políticas socialistas para apostar en Estados Unidos por las mismas ideas que destruyeron nuestros países. El mencheviquismo en la comunidad hispana es cosa común.

El socialismo en América Latina no es un fenómeno externo o accidental sino el resultado final de una psiquis colectiva torcida que no cesa de parir bolcheviques. A los hispanos de Hillary les molesta el tirano pero no el sistema.

Existe una diferencia insalvable entre los hispanos de Hillary y los cubanos de Trump. La banda hillarista apuesta por un gobierno fuerte y violento con poder suficiente como para hacer tragar al resto de la sociedad su veneno absolutista. Lo cubanos de Trump, por el contrario, reconocemos la audacia del magnate para detener al estado y sacarlo de la vida de los ciudadanos para que cada quien asuma el control de su vida. Eso es responsabilidad personal, algo de lo que los hispanos de Hillary conocen muy poco.

Los hispanos de Hillary se inventan ‘derechos’ con cada necesidad personal: salud, educación, vivienda, agua potable, alimentación, empleo. Pero lo curioso es que para ellos el término derecho no significa ‘acceso a...’ sino ‘que otro pague por...’. Utilizan al estado como el tipo fuerte del barrio para obligar a otros a pagar por el servicio que reciben. Esa es la inmoralidad de los hispanos de Hillary.

Para entender el fenómeno Trump hay que conocer las bases sobre las que se fundó Estados Unidos. La idea de los Padres Fundadores, recogida en la Constitución, es un homenaje a la libertad individual en su máxima expresión, libertad que va acompañada de responsabilidad personal. Para ser libre del Estado no se puede depender de él. Olvídese de todo paternalismo estatal en la tierra de Lincoln.

Sólo existe una manera de replicar el Milagro Americano y es subyugando al Estado, algo que en Latinoamérica no se da bien. Un continente que no consigue librarse de tiranías continuadas pretende enseñar a los estadounidenses cómo hacer las cosas. Es verdaderamente risible.

Mientras el comunismo, el nuevo orden mundial y el islamismo sigan siendo una amenaza a nuestra civilización resulta reconfortante saberse del lado de los ‘cubanos de Trump’. Nada, que somos el antídoto al veneno.

 

• Respuesta al artículo “Los cubanos de Trump” publicado en el sitio CiberCuba.

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