Buscar en LA ABEJA:

Jueves, 23 de Noviembre 2017


Frase Cabecera 245px

Col Dario Enriquez

La013dario

Escribe:Darío Enríquez.- La persistencia de la informalidad pese al crecimiento de nuestra economía en el último cuarto de siglo y resistiendo los diversos esfuerzos desde el Estado para “formalizar” a ese 70% que desarrolla sus actividades fuera del marco legal existente, nos debe llevar a una reflexión diferente a las que suelen darse en este tema.

Debemos empezar cuestionando de raíz la definición legal de formalidad que predomina en el ambiente político y académico. Algo no va bien cuando sobre esa base, se hace imposible en la práctica hacer frente a la problemática planteada. Hagámonos algunas preguntas. ¿No será que debemos cuestionar lo que llamamos “formalidad”? ¿Acaso el marco legal regulador invoca una realidad que no existe? ¿Tal vez necesitemos una nueva formalidad?

Para fines prácticos, tanto políticos, legales, como de estudio y análisis, se suele suponer la formalidad vigente como algo dado, sempiterno, incuestionable. Casi nadie pone en duda su supuesta virtud para crear orden, bienestar y prosperidad casi en forma espontánea y automática. Muchas veces se trata de marcos reguladores trasplantados desde otra realidad y superpuestos a la nuestra, distantes de sus principios, su lógica y su praxis.

La formalidad de hoy está seriamente cuestionada por los hechos. El marco regulador sólo agrega confusión a una realidad bastante compleja. Millones de personas haciendo lo que los seres humanos venimos haciendo desde los albores de la civilización: desarrollar actividades en tanto productores, eficaces en satisfacer necesidades de otros seres humanos en tanto consumidores. Roles que nos colocan a uno y otro lado, superando la limitación de consumir sólo lo que nosotros mismos producimos. Sin este esquema -más eficaz mientras mayor sea el contexto de intercambio voluntario y coexistencia pacífica- el salto civilizador desde las cavernas hacia las ciudades habría sido imposible.

No podemos negar la necesidad de propiciar lo que podríamos llamar “un cierto orden”. Pero otro tema es que se hurgue hasta los más nimios detalles de lo que debería ser el libre intercambio de bienes y servicios. Con la responsabilidad que ello implica para ambas partes del proceso de intercambio. No nos engañemos. La autoridad que regula y define la formalidad no tiene otro objetivo más importante que el de incorporar a la masa tributaria forzada a los millones de emprendedores que se ganan la vida en forma legítima. Eso es inmoral.

Leer más...

autoritarismEscribe: Darío Enríquez.- En el contexto de una autoridad como el presidente de la República que enfrenta una erosión progresiva de legitimidad y la carencia de decisiones claras para enfrentar los graves problemas de seguridad ciudadana, el actual gobierno envejece a ritmo veloz. No tener el sostén de una estructura partidaria, sino estar rodeado de free-lances, cada uno con su propia agenda y una cuota insana de poder, agrega un elemento desestabilizador y degenerativo. No sólo en el Perù.

Hay además otro “ruido” en el escenario: la acción mediática y la perversión del lenguaje. Para nadie es un secreto que nuestra infósfera está tan saturada de eufemismos y tremendismos que a veces perdemos de vista el real significado de algunas palabras. Se impone el culto a la descripción tibia o la exageración artera. En unos casos, tal perversión emerge del interés que tienen ciertas ideologías por perpetrar un control cultural como paso previo a su falsa redención revolucionaria colectivista en todas sus variantes. En otros, se trata de grupos mercantilistas que se proponen continuar con el control corrupto del aparato estatal para beneficio propio. En el Perú, todo esto se desarrolla en medio de una tendencia inevitable e ineludible hacia la confusión como sustituto imperfecto del caos que siempre acecha.

Así, algo que resulta medular en la idiosincrasia peruana es justamente ese éter social que invade todos nuestros espacios: la confusión. Una de las más comunes es la que confunde autoritarismo con ejercicio de autoridad. Lo que las gentes quieren no es un "caudillo" en el peor sentido del término, sino alguien que simplemente ejerza liderazgo desde la autoridad de la que ha sido legítimamente investido. Para eso se le elige.

No es ninguna novedad esa tendencia a rechazar toda traza de orden social, en obrar casi siempre en contra de la autoridad. Desde el obscuro mundo del político-correctismo, ejercer autoridad se estigmatiza como “autoritarismo”. ¿Cuál es el momento en el que el ejercicio legítimo de la autoridad se convierte en “autoritarismo”? Todo un misterio que trataremos de desvelar.

Una sociedad debe respetar el derecho de cada uno de sus individuos a desarrollar sus propios planes y su personalísimo proyecto de vida. Eso es fundamental. Las civilizaciones han desarrollado y se han sostenido sobre esa premisa -siempre presente aunque pocas veces declarada- en diferentes grados y de acuerdo al espacio-tiempo en que surgieron. Las debilidades que finalmente hicieron sucumbir las grandes civilizaciones de la antigüedad tienen que ver con la imposibilidad de sostener la defensa de ese principio elemental. Algunos estudiosos refieren la caída del Imperio romano de occidente como la reiterada historia de un Estado que pretende dirigir las vidas de sus ciudadanos hacia la felicidad fácil y la consiguiente reacción primero complaciente -mientras dura el falso bienestar- y luego insurgente ante la imposibilidad de sostener ese falso bienestar (Huerta de Soto, 2010). Este intervencionismo estatal es una de las fuentes de pérdida de legitimidad.

Leer más...

tipos de impues

Escribe: Darío Enríquez.- Se está iniciando un nuevo gobierno (que dicho sea de paso, como un vehículo en situación precaria, no termina de arrancar y al parecer necesita “empujadita”) y ya se habla una vez más de una reforma tributaria. Creeremos que estamos frente a una verdadera reforma tributaria cuando los tres elementos siguientes aparezcan en una posición central y no perdido por ahí en posición marginal e incluso inexistente.

 

El primer elemento es que se reconozca en forma explícita que el dinero de los impuestos no es del Estado, sino de los ciudadanos. El Estado sólo es un administrador de ese dinero. El Estado no tiene ni dinero ni poder propio, todo pertenece a los ciudadanos y tenemos reglas por medio de las cuales el Estado recibe el encargo de administrar tanto dinero como poder.

 

El segundo elemento es el hecho que los impuestos financien (subsidien) servicios estatales. Siendo así, entonces quien no aporte debería ser impedido de acceder a esos subsidios, pagando por los servicios el precio que corresponda. Eso nos lleva a una situación mucho más compleja, porque el precio que corresponda sólo puede existir en un mercado libre y no hay mercado más intervenido y coaccionado que aquel donde el Estado participa no sólo como regulador sino también como empresario. Y también nos lleva al escenario de decidir entre dos enfoques: Que cada quien pague según usa los servicios o que cada quien pague según su ingreso. El primer enfoque es el más justo, mientras el segundo es de tipo solidario pero viciado en su origen, porque la solidaridad es un hecho voluntario y toma forma destructiva si se hace obligatorio.

Leer más...

relatienri

Escribe: Darío Enríquez.- Cuando en el lejano 1964, hace más de medio siglo, Ayn Rand nos hablaba de “El culto a la moralidad gris”, pocos supieron valorar la lucidez con que la gran filósofa y escritora ruso-norteamericana analizaba el inminente fin de los años maravillosos para los países del “primer” mundo. En verdad se adelantaba a su época, pues el grave reto que enfrenta el mundo con la “moralidad gris”se ha convertido hoy en el elemento clave de viabilidad de nuestra civilización en el siglo XXI.

 

El relativismo ha invadido todos los espacios y todos los tiempos del discurrir humano. Va de la mano con el mimético marxismo cultural gramsciano, su genuino inspirador. Su irracionalidad se expone como una “nueva” racionalidad. Cuestiona toda moral para imponer una nueva moral, en la que ellos tienen en exclusiva el poder omnímodo de decidir qué es y qué no es, más allá de la razón que supuestamente nubla nuestro entendimiento y de la antigua moral “que tanto daño nos ha hecho”.

 

El relativismo está destruyendo nuestra civilización. El Homonomio es un paso más en la destrucción de la familia, como lo fue en su momento la trivialización del divorcio y la legalización del aborto incondicional. Dramas humanos familiares que son tratados con total displicencia por colectivos falsamente progresistas. El primero, con ONGs que levantan las banderas de una falaz emancipación femenina y una destructiva “machofobia”, sin dar importancia alguna a reconciliar a la pareja en problemas y más bien estimulando el conflicto. ¿Se han preguntado por qué (casi) no hay ONGs que trabajen una eventual reconciliación de la pareja en conflicto, y màs bien (casi) todas apuestan sin dudarlo a la separación definitiva? El porcentaje de hogares monoparentales femeninos en ciudades norteamericanas supera fácilmente el 50% en muchos espacios urbanos, donde al mismo tiempo se verifican los mayores niveles de pobreza y delincuencia. Ni hablar del aborto, que con la escalofriante cifra de 30 millones de abortos “legales” sólo en este primer semestre del 2016, es en toda regla el más grande genocidio perpetrado por la especie humana.

 

Es probable que la mayoría de los que pensaban que la simplificación del divorcio y el aborto era positiva para la sociedad, hayan tenido las mejores intenciones. Pero los resultados son absolutamente devastadores. En las ciudades del mundo “desarrollado”, vemos languidecer en soledad mucha gente que alguna vez formó una familia. Las parejas se disuelven y no envejecen juntos, los hijos se alejan y los nietos no conocen el concepto de familia larga. La relativización del vínculo matrimonial, la negación del compromiso, el desprecio por los valores familiares y la satanización de la coexistencia multigeneracional han causado estragos en el tejido sociocultural de la sociedad occidental. El rostro típico de la pobreza es el de una mujer monoparental, desarraigada de su red familiar, muchas veces dependiente de la ayuda social estatal y privada, cuyos hijos abandonan la casa familiar a edad temprana, reproduciendo el ciclo de pobreza y dependencia de un pervertido “Estado social”.

Leer más...

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *