Buscar en LA ABEJA:

Lunes, 20 de Noviembre 2017


Frase Cabecera 245px

LIGION

Escribe: Darío Enríquez.- Desde la caída del Muro de Berlín, la implosión del Socialismo Real de la Unión Soviética y la conversión de la China Comunista a un modelo de mercado conteniendo ocho grandes zonas urbanas de libre comercio (que luego aumentaron a trece), las izquierdas en el mundo quedaron sin referentes ni modelos “exitosos” que mostrar. Como nos lo recuerda el Dr. Juan Ramón Rallo: “Si los alemanes fracasaron en la implantación del socialismo, es que nadie puede”.

Sin embargo, las izquierdas no se resignaron al fracaso de querer imponer dogmas seudocientíficos en economía. Llevaron esas pretensiones a otros campos, siguiendo las recomendaciones de Gramsci y Frankfurt. Por eso vivimos en este momento una embestida cultural del neo-marxismo que ha ganado muchîsimo espacio en sociedades avanzadas y como era previsible, causando más de una crisis en un Occidente perplejo, que no sabe cómo hacer frente a la demolición progresiva e inexorable de sus pilares fundamentales.

 

Una de las variantes culturales elegidas por el neo-marxismo es la alimentación. Es fácil identificar la prédica seudocientífica de este neo-marxismo porque por arte de magia, siempre llega a la misma conclusión genérica: la culpa la tienen las transnacionales, nos quieren someter sólo por dinero, las industrias nos están matando, lo que ofrecen es chatarra, el capitalismo inmundo debe ser erradicado. Este mensaje encuentra terreno fértil tanto en jóvenes desavisados como en mentes educadas, aprovechando esa adoración mítica de las promesas del socialismo (liquidado por implosión en los noventas). Unos estrenando falsos ideales, otros añorando y abrazando cualquier mensaje que les permita retomar la terca utopía socialista.

Uno de los elementos elegidos por esta ofensiva “anti-capitalista” es el sistema alimentario global. Se ignora que la elevación impresionante del bienestar y de la esperanza de vida en el último medio siglo tiene que ver con que cada vez nos alimentamos mejor. Datos irrebatibles son dejados de lado y se pretende que la industria alimentaria regida por los cerdos capitalistas nos estâ matando con sus experimentos y sus “aberraciones” a las que han bautizado con el efectista mote de “Frankenfood”.

Gracias a la industrialización, muchas enfermedades ligadas a la contaminación alimentaria, como la tifoidea, la hepatitis, la fiebre malta o el parasitismo, simplemente han dejado de ser problema. Pesticidas, herbicidas, preservantes y fertilizantes no excrementicios, difundidos a gran escala a lo largo y ancho de los cultivos para el consumo humano, lo han hecho posible. Las nuevas tecnologías en el desarrollo de semillas cada vez más productivas han logrado en algunos casos llevar a una relación 50 mil a 1 la productividad de la tierra agrícola en espacios altamente tecnologizados de USA respecto de agricultura de subsistencia (con herramientas precarias y yunta de bueyes) en la India. Esto que tiene un impacto positivo impresionante desde el punto de vista ecológico -pues se requiere menos tierras y menos agua para producir muchîsimo más- es ignorado por los fanáticos de la neo-religión alimentaria.

La demonización de los organismos genéticamente modificados (OGM), también llamados transgénicos, es la piedra de toque del culto neo-alimentario. Sin embargo, el 95% de las frutas y legumbres que se consumen en todo el planeta, son organismos genéticamente modificados. Por supuesto, la inmensa mayoría fueron modificados con métodos artesanales durante 10,000 anos de agricultura humana. En la figura que acompaña este artículo puede apreciarse como eran “naturalmente” algunas frutas y legumbres, comparadas a su aspecto actual luego de una exitosa y progresiva modificación genética. Hoy se efectúan modificaciones genéticas con tecnología de punta, con la gran ventaja de modificar puntual y específicamente lo que deseemos modificar, a diferencia de los métodos artesanales que no controlan el proceso y producen efectos no deseados y hasta nocivos. Estos efectos en su momento fueron sometidos a prueba y error, con los resultados que fácilmente podemos imaginar. Pero los militantes anti-OGM y los enemigos de la industrialización rechazan irracionalmente los productos de alta tecnología, aunque al mismo tiempo consuman desde siempre frutas y legumbres modificados genéticamente por métodos artesanales, o producidos a gran escala con agricultura altamente tecnificada. Podríamos hacer aquí una larga lista de grandes mentiras, leyendas urbanas, falsificaciones y ataques ad-hominem que perpetran. Desde suicidios masivos en India a causa de semillas transgénicas, hasta experimentos que causaron cáncer en ratones que consumieron maíz transgénico, pasando por catástrofes en la diversidad vegetal y que la industrialización produce cáncer. El reino de las medias verdades y las falsificaciones. Del mismo modo que sucede en cuestiones de género y en ecología, donde los neo-marxistas han copado Medios, Universidades y Política, tampoco en temas alimentarios estos fanáticos aceptan debates. Sus dogmas mágico-religiosos resultan incuestionables y toda disidencia es castigada duramente.

Sin duda los productos transgénicos deben pasar y pasan estrictos controles de calidad antes de llevarse al mercado. El más notable de todos es la insulina para administrarse en diabéticos. Antes de los transgénicos, la insulina se extraía del cerdo con todos los riesgos de contaminación y a costo altísimo. Hoy se produce con un cultivo transgénico, en ambiente totalmente aséptico y a bajo costo, lo que hace posible el tratamiento a disposición del mercado masivo y no de la élite que antes era la única que podía sostener un tratamiento como ese. Otro transgénico notable es el arroz “amarillo”, modificado genéticamente para tener una mayor concentración de vitamina A, orientado a mejorar la dieta de niños en el sud-este asiático y combatir la ceguera infantil por carencia en la ingesta de esta vitamina. Esta extraordinaria innovación aún no puede aplicarse porque los talibanes anti-OGM se oponen violentamente a ella.

Es probable que muchos productos “naturales” que ya se encuentran en el mercado, difícilmente pasen los controles que los transgénicos deben pasar. Cualquier producto para el consumo humano debe tener elevados estándares. Pero no se puede condenar a-priori cuando lo que debe hacerse es aplicar protocolos de validación y verificación con rigor científico. No se debe satanizar lo que sin duda alguna es la más grande revolución desde el descubrimiento de la agricultura y su versión que superaba la línea de la subsistencia.

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *