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Viernes, 22 de Junio 2018


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NADOS RESERVA MORAL

Escribe: Darío Enríquez.- Hay que decirlo desde un principio. Aunque consideramos que la libertad del presidente Alberto Fujimori es un acto de justicia, la forma en que se desencadenaron (y se encadenaron) los hechos desde la vacancia frustrada hasta el indulto humanitario, no fue apropiada ni por asomo. La justicia de esa libertad tiene la mácula de haberse convertido en mercancía de intercambio político.

 

Desde que el partido fujimorista Fuerza Popular obtuvo la mayoría absoluta en el Parlamento elegido en el 2016, la libertad de Don Alberto ya no era sólo un acto de justicia, sino elemental consecuencia política de tal votación. En cualquier democracia avanzada, el líder histórico de cualquier partido que obtenga mayoría absoluta en el Congreso no podría seguir preso. Es más, por un evidente vacío en nuestra legislación electoral, tuvimos una segunda vuelta innecesaria, porque en cualquier otro país donde existe el ballotage, su lógica política encierra no solamente que la voluntad popular de “la mitad más uno” apoye al nuevo presidente, sino que, en el Parlamento, se recompongan alianzas y acuerdos para formar mayoría (lo que se llama “formar gobierno”). En el caso del Perú eso no tenía sentido alguno, ya que un partido había logrado mayoría absoluta y estaba llamado a formar gobierno. La hibridación de un modelo de democracia liberal en el Perú, que en realidad podría llamarse “frankesteinizaciôn” por la cruda y torpe entremezcla de conceptos, se encuentra en la base de esta absurda inestabilidad política que hoy vivimos.

Volviendo al punto y ligándolo al rasgado de vestiduras que observamos en muchos agentes políticos y mediáticos, resulta más que impresionante el nivel de ruido político frente a hechos que -estamos de acuerdo- nunca debieron concurrir pero que sucedieron a finales del 2017. La vacancia frustrada es una afrenta difícil de digerir, porque las evidencias brotan por doquier contra la conducta delictiva del actual presidente Pedro Pablo Kuczynski. Ningún cálculo político debería sostener en el poder a nadie contra quien haya las pruebas contundentes como las que se tienen respecto de PPK y sus condenables negociados.

Por ello resulta al menos curiosa, cuando no paradójica, la actitud de quienes por mero cálculo político -cuando no componenda para obtener ventajas desde el poder- votaron (o dejaron de votar) de un modo que permitiese rechazar la vacancia pese a la evidente y permanente incapacidad moral del presidente, probada hasta la saciedad. Ellos mismos, critican hasta el hartazgo un posible acuerdo político entre parte del fujimorismo y PPK para salvarlo de la vacancia, recibiendo en cambio el indulto presidencial a favor de su líder histórico. Hay evidente inmoralidad en uno y otro lado, pero los de la viga suelen criticar la paja en el ojo ajeno.

Esa es la realidad de la política. Nos guste o no nos guste, es así desde tiempos inmemoriales. Se juega siempre al filo de la navaja, al borde de lo que la ley permite o no condena. El proceso por el cual Fujimori es hecho prisionero y luego de casi 12 largos años, es puesto en libertad, se parece mucho a un secuestro que al final se resuelve con el pago de un rescate nunca imaginado: se le condena sin pruebas, se le coloca todos los candados posibles con el objeto de que muera en prisión, se le hostiga, maltrata y humilla; al final, cuando quien tiene el poder observa que hay una contraprestación apetecible -eludir una vacancia que se cae de madura- toma ese “rescate” y lo libera. La política juega con el amplio espacio que dejan las leyes y su aplicación discrecional, dejando de lado lo que dicta la moral. Salvo la condena al ostracismo político vía elecciones, no hay modo civilizado de combatir efectivamente los hechos consumados.

La última carta de los autodenominados “Reserva Moral” es acudir a la instancia supranacional de la Corte IDH. Han caído en lo que tanto critican: se “sublevaron” contra la vacancia exprés, lograron evitarla, pero luego aconteció el indulto exprés. Otra vez tenían tema para arrancarse la piel de falsa indignación y para cerrar el círculo, perpetraron un proceso en la Corte IDH con un pronunciamiento de la Comisión IDH que, a pocas horas del indulto, sin tener acceso a ninguno de los documentos que sustenten ese indulto, lo condenaron usando el control remoto de sus prejuicios y su odio político. La Comisión IDH es una suerte de fiscalía y no puede permitirse actuar sin hacer la mínima pesquisa, sólo lanzando su veneno “desde las tripas”. De paso, más que gracioso que desde el mismo espacio político donde fraguaron la renuncia de Fujimori por fax (en verdad fue una carta oficial, igualmente condenable porque fue enviada desde el extranjero) en el 2000, este fin de año hayan renunciado a la bancada oficialista vía twitter. LOL.

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