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Martes, 13 de Noviembre 2018


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bill oreilly donald trump the oreilly factor 2

Escribe: Gianfranco Sangalli.- Ayer domingo 5 de febrero, el periodista de Fox News, Bill O’Reilly, entrevistó al presidente Donald Trump. Una de las preguntas en la entrevista consistió en cuestionar al presidente acerca de cómo puede respetar al presidente de Rusia siendo este “un asesino”. La respuesta del presidente Trump fue: “…hay muchos asesinos, el mundo está lleno de asesinos, ¿por qué, usted piensa que nuestro país es tan inocente... tan inocente? No dudo en calificar la respuesta de Trump como valiente y honesta, a la vez que histórica, pues nunca un presidente americano había reconocido que el maquiavelismo de la “razón de Estado” formaba parte del modo de gobernar americano. Por otra parte, para nosotros Putin y Rusia lo que está demostrado sí son es un baluarte de resistencia al mundialismo globalista, a la agenda de la ideología de género, a la homosexualización de la sociedad, a la descristianización activa que el Occidente con estas lacras pretende exportar a Rusia; además, ha sido la defensora de los cristianos en el conflicto sirio; todo lo cual, poco no es.

En realidad, la pregunta de O’Reilly fue impertinente y ha generado, como habría sido lógico suponer, una petición rusa de excusas; en definitiva, estaba demás . Sin embargo, descolla como hecho clamoroso el carácter histórico y revolucionario de la respuesta del presidente americano.

Donald Trump tiene toda la razón: los EE.UU. tienen a sus espaldas una historia de actos para nada inocentes, ¿mencionamos algunos? Bien:
1) Se dice -sin pruebas concluyentes- que el presidente Vladimir Putin ha hecho eliminar a líderes opositores políticos, pero y ¿acaso un presidente americano no ordenó a la CIA el derrocamiento (desastroso por su consecuencia: la involucración americana en la guerra de Vietnam) de Ngo Dihn-Diem, presidente católico (y exitoso en contrastar la subversión comunista) de Vietnam del Sur, que concluyó en su asesinato y el de sus hermanos, el 2 de noviembre de 1963?;

2) y ¿acaso un presidente americano no ordenó en septiembre de 1973 el apoyo al Golpe que -felizmente- derrocó al presidente comunista de Chile, Salvador Allende y terminó con su "suicidio"?;

3) es que ¿acaso un presidente americano no dio "luz verde" a intentos -fallidos- de asesinato del tirano comunista Fidel castro?.

Entonces se dice: No, es que ¡Putin también ha bombardeado poblaciones civiles en Siria!

4) Y es que ¿acaso un presidente americano no ordenó la operación Linebacker II, también conocida como el "Christmas Bombing" en la que, en diciembre de 1972, 129 bombarderos estratégicos B-52 arrasaron Vietnam del Norte (y principalmente la capital Hanoi) con 759 incursiones nocturnas en las que descargaron 20.000 toneladas de bombas?;

5) y ¿acaso un presidente americano no ordenó el masivo bombardeo diario entre 1942 y 1945 contra la población civil de las ciudades alemanas, reduciéndolas a escombros durante la última guerra mundial?;

6) y ¿acaso acaso un presidente americano no aniquiló dos ciudades enteras de Japón el 6 y 9 agosto de 1945, calcinando vivas a la casi totalidad de sus poblaciones con el estreno de sus bombas atómicas?.

No, dicen también, los “puros e inocentes” críticos de Trump, rasgándose las vestiduras: es que ¡Putin atacó Georgia, se anexó Crimea y agrede por interpósita persona a Ucrania!
Respondemos nosotros con ejemplos de algunas de las agresiones americanas y de las muertes que causaron:
7) Y ¿acaso un presidente americano no atacó y ocupó México entre 1846 y 1848 y el 2 de noviembre de 1848 se anexó más de la mitad de su territorio mediante la imposición armada de un Tratado de Cesión?;

8) y ¿acaso un presidente americano no ordenó la auto voladura del acorazado "Maine", que tuvo lugar 15 de febrero de 1898 (de los 355 tripulantes, murieron 254 hombres y dos oficiales) echándole la culpa a España para poderle declarar injustamente la guerra y despojarla de Cuba, Las Filipinas y otros territorios (convertidos, luego en colonias de facto de los EE.UU)?;

9) y acaso ¿un presidente americano no ordenó la ilegal ocupación Groenlandia en abril de 1941 y de Islandia el 6 y 7 de julio de 1941 (meses antes de entrar en guerra con el Reich alemán)?;

10) y ¿acaso un presidente americano (tras llevar hasta el límite de la desesperación al Japón, con el acorralamiento comercial, el embargo de petróleo y carbón) no se hizo el de la vista gorda ante los informes de inteligencia y dejó sin advertir a los mandos militares en Hawái, porque el inminente ataque “sorpresa” japonés del 7 de diciembre de 1941 le servía para poder meter a los EE.UU. en su personalmente anhelada guerra (faltando, por lo demás flagrantemente, a su solemne promesa electoral de mantener fuera de ella al país) y generando cientos de miles de víctimas americanas y de otras naciones?;
11) y ¿acaso un presidente americano no desencadenó en 2003, otra vez en base a alegaciones probadamente falsas (las famosas –inexistentes- armas de destrucción masiva de Sadam Hussein) no desencadenó contra los llamados en contra del Papa y del Consejo de Seguridad de la ONU la última Ilegal, Injusta e Inmoral guerra contra Irak?.

La cruda y pura verdad es que todos esos presidentes americanos que tomaron las decisiones que aquí, en parte, hemos enumerado, fueron “asesinos” y agresores en el sentido aludido por Bill O’Reilly en su pregunta al presidente Donald Trump sobre el presidente Putin. Peor aún, realmente lo fueron de forma todavía más inaceptable para cualquier persona con una conciencia rectamente formada, pues como acertadamente comentó una de las víctimas de uno de esos presidentes (y el comentario es aplicable en general a todos los presidentes americanos) “Este hombre primero incita a la guerra y luego miente acerca de sus causas haciendo afirmaciones falsas. Él se envuelve, de modo repugnante, en una capa de hipocresía cristiana, mientras en cambio conduce lenta aunque inexorablemente la humanidad hacia la guerra. Y además, en cuanto viejo masón, se dirige a Dios poniéndolo como testigo de la justicia de sus acciones. Su vergonzosa mistificación de la verdad y la violación de las leyes (internacionales; N.d.A.) no tiene precedente en la historia.”

En definitiva, es emocionante constatar cómo el presidente Trump está rompiendo abiertamente con el velo de hipocresía del Establishment americano e internacional. Y es entusiasmante ver cómo desde el día primero de su Administración ha empezado a cumplir fiel y puntualmente sus promesas electorales, algo más que insólito en un gobernante en la historia del mundo desde el triunfo de las revoluciones burguesas (con una sola otra excepción).
El camino de esta Revolución no será fácil, pues obviamente la oligarquía/Establishment se defenderá con todos los medios a su alcance, incluso ilegales, como se está viendo con la insumisión a las leyes de inmigración por parte de “ciudades santuarios” de inmigrantes ilegales delincuentes o incluso de Estados como California (tradicional guarida de todo lo deleznable de la sociedad americana; la mayoría de estrellas de cine incluidas) o con la las vandálicas manifestaciones de protesta en calles y universidades (generosamente financiadas, como no, por el siniestro “filántropo” judío húngaro americano George Soros), o con las noticias falsas (fake news) difundidas por los Medios de Comunicación del Sistema (las repulsivas CNN, NBC, ABC, New York Times, Washington Post y Los Angeles Times, entre otros).
Frente a todo ello, ¿qué debería hacer el presidente Trump? Pues no le debe temblar el pulso frente a esta caterva infernal de hipócritas y de subversivos. Debe en parte privar de fondos federales a las instituciones insumisas a la ley y a la Constitución, como ya ha anunciado que hará, pero también tiene que estar preparado para enviar la Guardia Nacional a ciudades y universidades, como ya hiciera en su tiempo el presidente Ronald Reagan, que de ese modo restableció la Ley y el Orden, que desde mediados de los años ’60 estuvieron tan relajados. En cuanto a los mendaces Medios de Comunicación, debería instruir a sus abogados para interponer demandas millonarias cada día que publiquen una manifiesta falsedad sobre el presidente y sus acciones de gobierno, así muy pronto “entrarían en cintura”. En cuanto al pérfido Soros, que lo extradite a Rusia, que por lo visto tendría emitida una orden internacional de captura en su contra, por terrorismo financiero.
De esta manera, la izquierda, americana y mundial, y sus fuerzas de choque anarquistas, serían neutralizadas y tendrían que rendirse frente a la evidencia de que el Viento de la Historia ha cambiado de dirección. Y nosotros seguiremos descorchando y celebrando con buen vino espumante.

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