Buscar en LA ABEJA:

Sábado, 19 de Agosto 2017


Frase Cabecera 245px

Vinaora Nivo SliderVinaora Nivo SliderVinaora Nivo SliderVinaora Nivo Slider

hitler

Escribe: Gianfranco Sangalli.- En estos nuestros tiempos marcados por la actualidad de los actos terroristas y de fallidos golpes de Estado, sin pretender agotar el tema ni tener la última palabra, presentamos aquí una reflexión desapasionada sobre el atentado contra la vida de A. Hitler e intento de golpe de Estado del que hoy se cumplen 73 años.

LOS HECHOS.
El 20 de julio de 1944, un grupo de conjurados -casi en su totalidad militares- intentaron un Golpe de Estado contra el gobierno nacional-socialista de la Alemania, involucrado entonces en una guerra mundial, mortal sobre todo en su frente oriental contra Stalin.

El Golpe debía instrumentalizarse bajo la cobertura de la ejecución de un Plan de Operaciones –nombre de código: Valquiria- tiempo atrás elaborado por el Ejército de Reserva para asegurar la continuidad del gobierno interior en caso de un derrumbe del orden civil de la Nación, causado ya fuere por un factor externo (los indiscriminados bombardeos Aliados de las poblaciones civiles) o interno (una rebelión de los millones de trabajadores extranjeros presentes en el Reich alemán).

En resumidas cuentas, la rocambolesca conspiración consistía en asesinar al canciller A. Hitler, culpar del magnicidio a extremistas nacional-socialistas (especialmente a las SS) y poner en marcha el Plan de Operaciones Valquiria (particular éste que requería de la aprobación del Comandante del Ejército de Reserva -Heer- general Fromm) para arrestar a las autoridades civiles y anunciar un nuevo gobierno militar (aunque con un civil en la Cancillería) que tuviese por objetivo fundamental negociar con el Enemigo el fin a la guerra.

La viabilidad del Golpe pasaba, pues, por el cumplimiento de dos condiciones, una de hecho (el asesinato del Führer) y una de derecho (la firma de la orden Valquiria, por parte de la máxima autoridad militar del interior).

 

De cumplir la primera condición (la consumación del magnicidio) se encargó al coronel de Estado Mayor del Ejército en campaña (Wehrmacht) conde Claus von Stauffenberg, quien teniendo, en razón de su posición en el Estado Mayor, acceso a las reuniones de evaluación y planificación de las operaciones militares en el Cuartel General del Führer en Rastenburg (Prusia Oriental) debería colocar un maletín-bomba próximo a Hitler, bajo la mesa de planos sobre la que éste y los altos mandos de las Fuerzas Armadas y personal administrativo estarían trabajando. Colocada que fuere la bomba, Stauffenberg se debía retirar con el pretexto de haber recibido una llamada telefónica, observar desde fuera de la sala de juntas la explosión y, verificado el resultado perseguido, comunicar a los conspiradores en Berlín la consumación de la tarea asignada y volar de inmediato a la capital. Mientras tanto, recibida en Berlín la confirmación de la muerte de Adolf Hitler, el general Fromm debía firmar la orden que hemos mencionado en el párrafo anterior.

Sin embargo, el guión que acabamos de describir se torció casi de inmediato. En efecto, Stauffenberg se conformó con ver volar por los aires, a las 12.40 del día, la caseta (“nadie p u e d e haber sobrevivido”, insistiría luego a sus cómplices) donde se realizaba la junta militar y comunicó a Berlín que la misión había sido cumplida, que Hitler había sido eliminado. Pero esto no fue para el general Fromm (que debía firmar la Orden Valquiria) suficiente confirmación del resultado y exigió una confirmación visual antes de dar luz verde a la Operación Valquiria. Para las 3 p.m. el general Fellgiebel desde Rastenburg comunicó a Fromm que Hitler había sobrevivido a la bomba, por lo que Fromm se negó a firmar la orden en cuestión, siendo entonces arrestado por los conjurados; la orden la firmó su segundo, el general Olbricht.

Una vez puesta en marcha “Valquiria” se ordenó al mayor Otto Ernst Remer arrestar al Ministro de Propaganda y Gauleiter (jefe político territorial) de Berlín Dr. Joseph Goebbels. A partir de este momento todo el plan golpista empieza a desmoronarse y a volverse en contra de sus fautores, porque el doctor Goebbels pone a Remer al teléfono con el mismísimo Hitler, que le confirma que ha sobrevivido al atentado y le ordena a su vez arrestar a los conspiradores, identificados ya en la persona de Stauffenberg y de quienes pusieron en marcha la Operación Valquiria.

Tras una breve escaramuza en las dependencias del Cuartel General del Heer (Ejército de Reserva) en la que resultó herido en un hombro el propio Stauffenberg, la primera línea de conspiradores fue apresada y, tras sumario consejo de guerra, fusilada esa misma noche por disposición del general Fromm (intentaba encubrir su propio rol ambiguo en el intento de Golpe) pese a la oposición del mayor Remer, que tenía orden de mantenerlos vivos para el posterior esclarecimiento de los hechos. FIN DEL GOLPE.
****************************************

Daños causados por la bomba colocada por Stauffenberg.
El atentado del 20 de julio de 1944 mató de manera inmediata a cuatro oficiales (incluido el general Günther Korten, de la Aeronáutica, y un estenógrafo) e hirió gravemente a otros cinco (algunos morirían posteriormente como consecuencia de esto) pero Hitler, el coronel-general Jodl (jefe de operaciones de la Wehrmacht) y el mariscal Keitel (jefe del Alto Mando de la Wehrmacht) sobrevivieron con solo leves heridas.
*******************************************

ALGUNAS CUESTIONES ACERCA DE LA LICITUD MORAL DEL ATENTADO DEL 20 DE JULIO DE 1944.
De entre los argumentos que alegan los asertores de la licitud moral del intento de asesinar al Führer en aquella ocasión, el que nos seduce más es el del objetivo final de la acción: poner fin a la guerra. Y lo es porque, a esas alturas, la guerra seguramente estaba ya irremisiblemente perdida para Alemania y, quitando de en medio a Hitler y su gobierno, los golpistas esperaban poder negociar un final de las hostilidades bélicas que evitara más pérdidas de vidas y de destrucción material en el Reich alemán, considerando que todavía se combatía fuera de sus fronteras.

Sin embargo, este objetivo de una “paz negociada” no deja de aparecer como una ingenua veleidad de los golpistas, pues la Conferencia de Casablanca de 1943 había proclamado la fórmula –firmemente desaprobada por el Papa Pío XII- de una “rendición incondicional” a exigir a Alemania y a sus aliados. Además, más allá de considerar aspectos meramente prácticos, en cualquier caso, hay que destacar que subsistiría siempre una cuestión moral de fondo: ¿el fin (por bueno que sea) justifica los medios, si estos son malos?

A este respecto, hay que decir que la teología moral católica, como regla universal, no admite que un fin moralmente bueno (conseguir la paz, en el caso bajo análisis) se alcance mediante el recurso a medios inmorales en sí mismos (en el caso bajo análisis, matar a sangre fría mediante una bomba oculta, no solo al tirano –que puede ser considerado políticamente responsable- sino, de paso, a otras personas inocentes; hoy se diría, hipócritamente, que fueron ‘daños colaterales’).

Dicho esto, sin embargo, es cierto que una parte de los teólogos morales, admite puntuales excepciones, que prevén la licitud moral de “matar al tirano” (pero téngase presente, en cualquier caso, que la noción de “tirano” que manejan es la clásica, definida por Aristóteles, no teniendo la connotación peyorativa que tiene este término modernamente, pudiendo ser la autoridad del tirano legítima, “si se ha constituido con el apoyo popular y se le guarda general lealtad”).

Entre los favorables al tiranicidio, destaca Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, quien, no obstante, precisa 6 condiciones que han de darse para que sea moralmente lícita la eliminación física del gobernante; de éstas, en el caso en cuestión, nos interesan la quinta y la sexta. Veamos:

“QUINTA. Que el pueblo tiranizado y el tirano no hayan celebrado alianza, pacto o tregua bajo juramento, porque en tal caso, hay obligación de guardar los pactos.

SEXTA. Muy importante. Que la República no contradiga expresamente la ejecución, porque si expresamente se opone, entonces no sólo no da autoridad a cada uno de los particulares para que la defienda, sino que antes declara que no le conviene la defensa, para lo cual es ella el juez a quien hay que creer; y de allí se sigue que no le sea lícito al particular defender a la sociedad, matando al tirano, contra la voluntad de la misma sociedad. Además, si la República se encuentra contenta y satisfecha con el usurpador, significará que el título injusto del que pretende gobernar, queda convalidado por el consentimiento de la sociedad y el gobernante ilegítimo, tórnese en legítimo.”

Ahora bien, cualquier conocedor objetivo de la Historia del Tercer Reich sabe perfectamente que en el caso bajo análisis no se verificaban ninguna de esas dos condiciones puestas por Santo Tomás, ya que la subordinación voluntaria y entusiasta de la inmensa mayoría del pueblo alemán a su Führer (se ha hablado de un efecto hipnótico colectivo, para explicar la razón de esto) fue tal que, tras finalizar la guerra, las potencias vencedoras ocupantes tuvieron que proceder a la llamada “desnazificación” del pueblo.

En todo caso, con posterioridad a que Santo Tomás fijara su doctrina, El tiranicidio ha sido condenado terminantemente por el Concilio de Constanza, en su sesión XV°. Fue REPROBADA entonces esta proposición: “El tirano puede y debe lícitamente morir en manos de cualquiera de sus vasallos o de sus súbditos, aun valiéndose de insidias y de halagos sutiles o de la adulación, y no obstante el juramento que se haya prestado a dicho príncipe o los tratados celebrados con él, no siendo necesario para matarlo el expresar sentencia ni mandato de ningún juez.”
Por lo demás, apenas conocido el hecho, la Iglesia católica condenó inmediatamente el atentado del 20 de julio de 1944.

En definitiva, a la luz de la doctrina moral católica, se puede concluir que no fue moralmente lícito el intento de asesinar a Hitler llevado a cabo el 20 de julio de 1944. Más aún, que el medio utilizado para materializar dicho propósito (la famosa bomba dejada bajo la mesa en una sala llena de gente) no habría sido ni honorable ni valiente. El propio Hitler, más adelante, manifestaría a su chófer, Erich Kempka, el desprecio que sentía por Stauffenberg, afirmando que, como oficial de Estado Mayor con acceso directo a su persona, Stauffenberg en varias ocasiones podría haber desenfundado su pistola pegádole un tiro, cosa que habría respetado, pero que prefirió dejar una bomba en un cuarto lleno de gente inocente y huir.

***************************************
INCLUSO ENTRE LOS ALIADOS SE CONDENÓ MORALMENTE EL ATENTADO DEL 20 DE JULIO DE 1944.
Ante los hechos que hemos descrito en este artículo, la inmediata reacción general en el mundo fue de condena de los mismos.

Así, por ejemplo, en los EE.UU. The New York Times, comentando los hechos, escribió que este atentado «hacía pensar más en la atmósfera de un tenebroso mundo criminal» que en lo que se podía esperar de «un normal cuerpo de oficiales de un Estado civilizado», y se escandalizaba de que durante un año estos oficiales hubieran tramado «contra el comandante supremo de las fuerzas armadas» recurriendo, además, «a la bomba, arma típica del hampa». Otro importante periódico de los Estados Unidos, The Herald Tribune, comentaba: «En general, los americanos no sentirán que la bomba no haya matado a Hitler y que ahora se libre personalmente de sus generales. Por lo demás, los americanos no tienen nada que ver con los aristócratas, especialmente con los que honran las puñaladas».

CONCLUSIÓN:
El juicio a las intenciones de los golpistas del 20 de julio de 1944 corresponde al Creador (que ya lo ha realizado en el Juicio Individual de cada uno de los conspiradores). Nosotros solo hemos procurado, a la luz de los hechos y de la doctrina moral católica, intentar discernir en razón la licitud o ilicitud de dicho atentado, en su finalidad y medios empleados.

Con toda probabilidad, aquí en el Mundo, los mortales seguirán afanándose en discutir si los conspiradores en cuestión fueron héroes o traidores. Para el actual Stablishment político de Alemania, sin lugar a discusión, naturalmente (es uno de sus elementos legitimadores de origen) se trató de héroes; pero para quienes no tienen un interés ideológico en analizar los acontecimientos históricos, la conclusión objetiva puede que sea diferente.

Un buen amigo y destacado jurista internacionalista nos contaba cómo el Gran Almirante Karl Dönitz, último Presidente del Reich alemán, en sus Memorias condenó como inconcebible el crimen, por la razón sencillísima de que no se puede asesinar al jefe de Estado en medio de una guerra sin cuartel, pues es descabezar al Estado, dejándolo a merced del enemigo y de las desastrosas consecuencias de una guerra civil (cosa ésta última que puntualmente se verificó, por ejemplo, a raíz del Golpe de Estado del 25 de julio de 1943 en Italia)

En todo caso, fuera de consideraciones morales, desde el simple punto de vista de la planificación y ejecución, es indiscutible que tanto el atentado de Rastenburg como el intento de Golpe fueron torpemente realizados; una chapuza, se dice en España.

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *