Buscar en LA ABEJA:

Lunes, 22 de Octubre 2018


Frase Cabecera 245px

Vinaora Nivo Slider

patti lateranensi

Escribe:Gianfranco Sangalli.- Cuando a las 5 a.m. del 20 de septiembre de 1870 los ejércitos sabaudos empezaron su asalto (concluido a las 5.30 p.m. de ese mismo día con la capitulación del comandante del ejército pontificio, general Kanzler) al Urbe, la Ciudad Eterna de Roma, para sustraerla a la soberanía del Papa, se ponía fin a la historia de los Estados Pontificios, iniciada en el año 754 de la Era Cristiana, y se abría el doloroso y problemático interregno denominado “Cuestión Romana” que solo sería resuelto en vía definitiva el 11 de febrero de 1929 con la firma del Tratado de Letrán, que restauró la soberanía temporal del Romano Pontífice; de esto, se conmemoran 89 años.

El “Patrimonio de San Pedro”.

Los Estados de la Iglesia tuvieron su antecedente remoto en el llamado “Patrimonio de San Pedro”, es decir en las propiedades inmobiliarias (privadas) de la Iglesia, adquiridas en virtud de una Ley promulgada por el emperador Constantino El Grande en el año 321, que capacitó a la Iglesia para poseer y transmitir propiedad. A partir de este momento, empieza una rápida acumulación de propiedades eclesiásticas por vía de donación, habiendo el mismo Constantino dado el ejemplo con la donación de su Palacio de Letrán; el ejemplo de este emperador sería seguido por diversas familias del Patriciado Romano en una sucesión de donaciones de amplias propiedades (incluso fuera de Italia y de Europa), que concluirán alrededor del año 600, ya en plena época de dominio bizantino.

 

Los bizantinos tuvieron una actitud menos favorable a la Sede Apostólica y, así, en el siglo VIII el emperador León Isáurico confiscó la mayor parte de las propiedades de la Iglesia, incluso en la misma Italia y sus islas. Las que conservó la Iglesia se concentraron mayormente en las cercanías de Roma.

Desde el inicio de este proceso, pero sobre todo en época bizantina, los ingresos patrimoniales del Papado fueron utilizados para fines administrativos, edificación y mantenimiento de templos, equipamiento de conventos, sustento del clero, fundación y mantenimiento de hospicios para pobres, orfanatos, hospitales, albergues para peregrinos, sustento directo o indirecto de muchos individuos, liberación de esclavos poseídos por judíos y sarracenos, así como proveer de comida y de defensas a Roma. El Papa era aclamado como campeón de los oprimidos.

Génesis de la autoridad política del Papado.

El empoderamiento político del Papa como máxima autoridad en Roma, es un proceso que empieza desde la partición del Imperio Romano (año 395) por la vía de los hechos, antes que del derecho. Ya el Papa León I, y no la autoridad imperial, es quien conjuró la amenaza a la Urbe puesta por Atila (año 452) y por Genserico (año 455). De los hechos se pasa al derecho cuando el prefecto pretorio Casiodoro confía el cuidado de los asuntos temporales en Roma al Papa Juan II (533-535). Con la desaparición del Senado romano en el año 603, el Papa queda como máxima autoridad local en materia política y judicial, destacando como defensor de los romanos frente a los abusos de los funcionarios bizantinos.

En el año 715 empieza a debilitarse la alianza entre el Papado y Bizancio, debido la política iconoclástica del emperador romano de oriente, León III Isáurico, y llegará a su fin cuando, ante su inutilidad para garantizar la libertad de Roma frente a la amenaza de los Longobardos, el Papa León III “traslada el Imperio” de los griegos a los germánicos, coronando emperador a Carlomagno en la Navidad del año 800.

Determinantes para el formal nacimiento de los Estados Pontificios fueron en aquél periodo dos documentos otorgados por el rey franco Pipino, a quien el Papa, ante la debilidad bizantina, había nombrado patricio romano y llamado en su defensa frente a los longobardos. Estos documentos, conocidos como “Donación de 754” y “Segunda Donación de 756” (depositada por el rey en la Tumba de San Pedro) aseguraron –mediante las armas francas- la restitución al Papa de la Italia central (Ducado de Pentápolis) y un cierto número de posesiones longobardas. Luego, Carlomagno, sucesor de Pipino, otorga en 781 un tercer, detallado y definitivo, documento, reconociendo los territorios de los que el Papa venía a ser supremo regidor; ¡este documento será la base y referencia legal de la soberanía temporal del Papa por los próximos 1,148 años! De este modo, quedó establecido el necesario poder temporal del Papa como garantía para la libertad en el ejercicio de su Alta Misión.

No obstante, a lo largo de los siglos siguientes, varias fueron las prevaricaciones que el Papado sufrió en su libertad, siendo la última en el tiempo la mencionada al inicio de este artículo, culminación de las tribulaciones laicistas iniciadas con la anticristiana Revolución francesa de 1789.

El surgimiento de la “cuestión romana” y su definitiva solución.

A poco más de un mes de la ocupación sabauda de Roma, el Papa Beato Pío IX, en su Carta Apostólica “Respicientes ea” (1 de noviembre de 1870) condena este acto como “sacrílega expoliación que Hemos sufrido con todo desprecio del derecho natural y humano” y declara anulados, casados y abrogados todos los actos de los usurpadores, además de protestar “ante Dios y todo el mundo católico, que Somos tenidos en una prisión tal que no podemos ejercer con seguridad, tranquilidad y libremente Nuestra suprema Autoridad pastoral”.

Temeroso de la reacción de los católicos, el Reino de Italia promulga la llamada “Ley de Garantías” (13 de mayo de 1871) concediendo prerrogativas al Romano Pontífice, quien la desecha de plano considerándola un acto absurdo, malicioso (porque cada “concesión” conllevaba una servidumbre, dice el Papa) y de desacato por parte del usurpador; por lo demás, los hechos posteriores demostrarían la escasa voluntad del Estado italiano en cumplir con las presuntas garantías otorgadas.

Así las cosas, con el Papa, arbitrariamente despojado de su poder temporal y de hecho prisionero en el Vaticano, nace la llamada “Cuestión Romana” que envenenará las relaciones entre la Iglesia de Cristo y el Estado italiano por los siguientes 59 años, hasta su definitiva solución por los Tratados o Pactos de Letrán.

Los Pactos de Letrán.

Son el origen inmediato del reconocimiento del Estado de la Ciudad del Vaticano, es decir de la plena restauración del Poder Temporal del Papa.

La idea e iniciativa para una definitiva solución de la “Cuestión Romana” fueron mérito personal del Primer Ministro del Reino de Italia y Duce del Fascismo, Benito Mussolini, quien ya se había pronunciado sobre esa necesidad nacional desde 1921, es decir, desde un año antes de ser nombrado Presidente del Consejo de Ministros por el Rey Víctor Manuel III. Ya en el gobierno, y resueltas las disidencias políticas, en 1926 Mussolini entabló las tratativas con la Sede Apostólica; él mismo encabezó el equipo negociador italiano, mientras que el pontificio estuvo encabezado por el Secretario de Estado, cardenal Pietro Gasparri –bajo directa supervisión del Papa Pío XI- e integrado por el abogado Pacelli y por el Nuncio Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII. Las negociaciones llegaron a feliz término, generando el Pacto tres documentos: un Tratado Político, una Convención Financiera y un Concordato Eclesiástico; los dos primeros siguen vigentes en la actualidad.

La fecha fijada para la firma de los Pactos se mantuvo en gran secreto, anunciándose solo el mismo día escogido: 11 de febrero de 1929, con la intención de hacerlo coincidir con el aniversario del milagro de Nuestra Señora de Lourdes, pues se quería que las generaciones futuras recordaran este magno hecho como otro milagro que la Virgen Santísima hacía a la Iglesia.

En la firma de los Pactos, el cardenal Gasparri no pudo contener las lágrimas por la emoción de vivir tan trascendental acontecimiento histórico.

Al día siguiente el Papa Pío XI definió a Benito Mussolini “hombre de la Providencia” y el 9 de enero de 1932 lo condecoró Caballero de la Milicia Áurea, por servicios distinguidos a la Iglesia.

Con la firma de estos Pactos en el Palacio de San Juan de Letrán, primer patrimonio histórico de la Sede Apostólica por donación del emperador Constantino en el siglo IV, y blanco de los últimos cañonazos con los que el 20 de septiembre de 1870 las armas sabaudas consumaron la invasión y usurpación de Roma, quedó definitivamente resuelta la “Cuestión Romana” con el restablecimiento del Poder Temporal del Romano Pontífice.

A.M.D.G

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra Mundum
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe Ladd
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol Elvis
Col A tempo
Columna 14
Col 02Col B CriolloColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol bolivianoEXTRANJEROS LechinCol Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *