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Miércoles, 19 de Setiembre 2018


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Franco 1

Escribe Gianfranco Sangalli Ratti.- El nuevo gobierno frentista y antinacional de España -instaurado por la torpeza y cobardía, ya institucionalizadas, del Partido Popular- contra la legalidad vigente y la voluntad de la familia, y con la complicidad de quien okupa la Cátedra Episcopal de Madrid, ha anunciado su pérfida y revanchista decisión de exhumar los restos mortales de Francisco Franco Bahamonde, que fuera Generalísimo de los Ejércitos y Caudillo de España, echándolo fuera del complejo monumental del Valle de los Caídos, erigido por éste como signo de Reconciliación entre los españoles (allí reposan 30.000 caídos de ambos bandos de la Guerra Civil; ninguno de ellos contra la voluntad de sus deudos) y donde fuera enterrado por voluntad y decisión de su heredero, el Rey Juan Carlos I.

Como quiera que algunos no nos plegamos a la hipocresía de lo políticamente correcto, yo humildemente me rebelo contra la ignorancia reinante en el mundo actual y contra la percepción totalmente desvirtuada de la Historia -determinada por la izquierda y la progresía en general que dominan, casi sin oposición, el utillaje mental del hombre occidental del triste tiempo presente (kulturbolschevismus)- por amor de la Verdad y de la Justicia, aunque la mayoría de sus propios herederos y/o beneficiarios políticos, económicos y sociales por cobardía e ingratitud callen, quiero recordar aquí algunos hechos y datos incontrovertibles que restituyen a Franco al lugar de honor que le corresponde en la Historia.

Es indignante que el Partido socialista obrero español (PSOE), golpista animador de la revolución asturiana de 1934 y del ahora ya demostrado fraude electoral de 1936 que le llevó al gobierno con el Frente Popular para buscar activamente la guerra civil, pretenda descalificar a Franco por “golpista”; y es ridículo, a los ojos de la Historia, que con su cerril revanchismo pretenda ganar ex post facto –sacando a Franco de su tumba- la guerra que causó en 1936 y perdió en 1939. Lo único que está consiguiendo la Izquierda es volver a dividir España en dos campos irreconciliables.

¿CONTRA QUÉ Y PARA QUÉ SE VIO OBLIGADO FRANCO A LEVANTARSE EN ARMAS EN 1936?

Pues contra el atropello de la Ley y de la Justicia, y la persecución de los católicos por parte del gobierno republicano español. Veamos.

Manuel de Irujo, que fue ministro sin cartera del Frente Popular de septiembre de 1936 a mayo de 1937 en los dos Gobiernos de Largo Caballero, y ministro de Justicia en el de Negrín el 18 de mayo de 1937, presentó un memorándum sobre la persecución religiosa al Consejo de Ministros, en el que se daba cuenta de la magnitud de la persecución, cuando no incitada, tolerada por el gobierno republicano:

“La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente: a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales. e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales los han ocupado en su edificación obras de carácter permanente. f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos. g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso. h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda.”

La presión de la opinión pública internacional contra el gobierno del Frente Popular se manifestó por las protestas de organizaciones y de representantes diplomáticos. Destacó la actuación del embajador de Francia, Erik Labonne, protestante practicante y favorable a la causa republicana, quien el 16 de febrero de 1938 envió un extenso informe a su ministro de Asuntos Exteriores donde se atestigua el descrédito sufrido por el bando republicano como resultado de la violencia religiosa:

“¡Qué espectáculo!... desde hace cerca de dos años y después de afrentosas masacres en masa de miembros del clero, las iglesias siguen devastadas, vacías, abiertas a todos los vientos. Ningún cuidado, ningún culto. Nadie se atreve a aproximarse a ellas. En medio de calles bulliciosas o de parajes desiertos, los edificios religiosos parecen lugares pestíferos. Temor, desprecio o indiferencia, las miradas se desvían. Las casas de Cristo y sus heridas permanecen como símbolos permanentes de la venganza y del odio. En las calles, ningún hábito religioso, ningún servidor de la Iglesia, ni secular ni regular. Todos los conventos han sufrido la misma suerte. Monjes, hermanas, frailes, todos han desaparecido. Muchos murieron de muerte violenta. Muchos pudieron pasar a Francia gracias a los meritorios esfuerzos de nuestros cónsules, puerto de gracia y aspiración de refugio para tantos españoles desde los primeros días de la tormenta. Por decreto de los hombres, la religión ha dejado de existir. Toda vida religiosa se ha extinguido bajo la capa de la opresión del silencio. A todo lo largo de las declaraciones gubernamentales, ni una palabra; en la prensa, ni una línea. Sin embargo, la España republicana se dice democrática. Sus aspiraciones, sus preocupaciones políticas esenciales, la empujan hacia las naciones democráticas de Occidente. Su Gobierno desea sinceramente, así lo proclama, ganar la audiencia del mundo, hacer evolucionar a España según sus principios y siguiendo sus vías. Como ellas, se declara partidario de la libertad de pensamiento, de la libertad de conciencia, de la libertad de expresión. Hace mucho tiempo ha aceptado el ejercicio del culto protestante y del culto israelita. Pero permanece mudo hacia el catolicismo y no lo tolera en absoluto. Para él el catolicismo no merece ni la libre conciencia, ni el libre ejercicio del culto. El contraste es tan flagrante que despierta dudas sobre su sinceridad, que arrastra el descrédito sobre todas sus restantes declaraciones y hasta sobre sus verdaderos sentimientos. Sus enemigos parecen tener derecho a acusarle de duplicidad o de impotencia.

Como su interés, como infinitas ventajas le llevarían con toda evidencia a volverse hacia la Iglesia, se le acusa sobre todo de impotencia. A pesar de sus denegaciones, a pesar de todas las pruebas aducidas de su independencia y de su autonomía, se le cree ligado a las fuerzas extremistas, a los ateísmos militantes, a las ideologías extranjeras. Si fuera verdaderamente libre, se dice, si su inspiración e influencias procedieran efectivamente de Inglaterra o de Francia, ¿cómo ese Gobierno no ha atemperado el rigor de sus exclusivismos, olvidando su venganza, y reniega de su ideología?”. La realidad es que el del Frente Popular era un régimen mal disimuladamente masónico anticristiano, pro-comunista y, por todo ello, antinatural y liberticida.

Contra esta violencia genocida, y contra un gobierno, como el del Frente Popular, que había perdido la legitimidad al haber no solo faltado a su deber básico de garantizar la libertad, la propiedad y la vida de los ciudadanos, sino que se había hecho cómplice activo en los desmanes -que alcanzaron su cénit simbólico en julio de 1936 cuando esbirros del gobierno secuestraron y asesinaron al jefe de la oposición parlamentaria, Calvo Sotelo- fue que se alzaron en armas Francisco Franco, los más connotados jefes militares de España y los ciudadanos honestos. Hasta entonces, Franco –a pesar de sus convicciones personales monárquicas- había sido escrupulosamente leal a la República, pero cuando se ultrajó sistemáticamente –y desde el Poder- a la Verdad y a la Justicia, ya no quedaba más que “la dialéctica de los puños y las pistolas”.

NO SE PUEDE NI DEBE SOSLAYAR QUE EN 1936, 13 OBISPOS Y 6.000 SACERDOTES, RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS FUERON ASESINADOS en la zona roja, también llamada republicana.
***
Tras la victoria militar, Franco aseguró a España 36 años de Paz y Desarrollo, sin olvidar en ningún momento que las condiciones para lograr el Bien Común son morales incluso antes que materiales. Así pues, restituyó y protegió los derechos y la libertad de la Religión, lo mismo que el decoro cívico; de todo esto, se siguió el crecimiento económico de España, que se evidenció en el surgimiento de una amplísima y sólida clase media, la creación de la Seguridad Social, de las vacaciones pagadas, del pleno empleo, y en alcanzar (según la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial) para 1975 el puesto de novena potencia industrial del planeta (todo esto partiendo de una sociedad semi-rural, analfabeta y llena de injusticias sociales).

Tanto la vida pública de Franco cuanto su vida privada, fueron honestísimas y totalmente permeadas de las más prístinas virtudes cristianas (hay más de un libro que bien ilustra esto)

Su inmensa obra moral y material en defensa de la Fe católica le mereció de parte de la Iglesia Universal –que en los presentes tiempos apostáticos le da la espalda- la distinción como Caballero de la Suprema Orden de Cristo (http://es.wikipedia.org/wiki/Suprema_Orden_de_Cristo)

Francisco Franco, tras penosa enfermedad, murió el 20 de noviembre de 1975 en un hospital de la Seguridad Social (por él creada) sirviendo a su Patria hasta el último aliento de vida. Alcanzó in extremis a redactar el siguiente Testamento:

«Españoles:
Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.
Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte,

"¡Arriba España! ¡Viva España!".»

¿Cómo no conmoverse el alma cristiana honesta, ante la lectura de semejante sublime compendio de la obra espiritual y material de este ejemplar gobernante cristiano? Con razón el Papa Pablo VI (que había promovido la oposición a su gobierno, pues le guardaba resentimiento por la muerte de su hermano, comunista que luchó en las Brigadas Internacionales promovidas por el genocida Stalin, y que cayó en acción contra el Ejército Nacional durante la Guerra Civil española) al leer este testamento, exclamó: “¡Me he equivocado con este hombre”!; y, además, quiso hacer público su arrepentimiento cuando durante una de sus últimas Audiencias Generales en la Plaza de San Pedro, antes de morir, se dirigió a los peregrinos españoles allí presentes con un sonoro “¡Arriba España!” ante la perplejidad de su secretario que le hizo notar: “¡No, Santidad, ese es el grito de batalla de los franquistas!” a lo que el Papa respondió: “Yo se perfectamente lo que es”.
***
Y ¿cómo no comparar la decencia, unidad, orden, paz y progreso de la España de Franco con el desolador espectáculo de la España de hoy –tan anti franquista ella...- sumida en el desorden moral general, con normalización de todas las perversiones (divorcio, aborto, gaynomio, ideología de género, etc.) y lamentables récords, como el primer lugar en Europa en consumo de cocaína y de pornografía infantil o el último en rendimiento escolar? Y ¿cómo no mencionar las corrientes de autodisolución territorial que la atraviesan, en primer lugar el golpismo de los catalanistas que proclaman que la lengua castellana lo es “de las bestias salvajes” y que los españoles no catalanes tienen un “bache en el ADN”, sin que los traidores por cobardía (Rajoy y Sáenz de Santamaría a la cabeza) de la corrupta derecha liberal, Partido Popular, ni tanto menos los traidores por naturaleza de la variopinta Izquierda atajen de verdad los desafíos a la Unidad de España?

Quien todo esto no quiera ver, ni entender, solo puede ser un mentecato o estar cegado por el sectarismo ideológico o por una crasa –y, ahora, inexcusable- ignorancia. Quien todo esto no lo quiera ver, se alinea, voluntariamente, con la progenie de la Serpiente, pues, a fin de cuentas, ¿cuál es el trasfondo de la Historia de la Humanidad, sino la Lucha Metafísica entre los Hijos de la Luz y los Hijos de la Oscuridad, la Progenie de la Mujer (la Santísima Virgen María) y la Progenie de la Serpiente?

Esto queda meridianamente evidenciado por el odio que destila la Izquierda anti-española, hecho de mentiras, improperios y denuestos contra la figura de Francisco Franco. Este odio visceral, demoníaco, no lo es, no podría serlo, a la obra económica, a las obras públicas, a los beneficios sociales que Franco alcanzó a los españoles; lo que la Anti-España odia en Franco es su profunda índole personal cristiana y el sello católico que imprimió a la cultura y al orden social español. En definitiva, es un odio satánico contra Cristo en la persona de Franco; toda la obra de gobierno de las izquierdas de España, desde 1982 en adelante, ha estado marcada por el esfuerzo sostenido e invariable en legislar en negación del Derecho Natural, y de la moral católica que lo hace explicito; y, en así haciendo, todo su esfuerzo ha estado encaminado a crear –aunque no lo sepan- las condiciones para la perdición eterna de las almas, puesto que, como decía el Venerable Papa Pío XII, “de las condiciones políticas, económicas y sociales, depende para la salvación de las almas”.

Lo más lamentable, triste e imperdonable de todo esto, es que la estulta clase política liberal (que casi sin excepción medró política y económicamente del Franquismo) y la jerarquía eclesiástica católica, casi en su totalidad descreída y traidora de Cristo, son colaboradoras de esta obra infernal, proclamando como único asidero y norte ese papel llamado Constitución de 1978, que contiene todas las premisas que han hecho posible la actual descomposición moral y territorial de España.

Nuestra Señora de Garabandal, ¡apiádate de España, que tanto siguió la Causa de Dios y la Tuya a lo largo de su Historia!

 

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