Buscar en LA ABEJA:

Miércoles, 21 de Febrero 2018


Frase Cabecera 245px

Vinaora Nivo SliderVinaora Nivo Slider

operation iraqi freedom emblem
Escribe: Gianfranco Sangalli.- El 6 de julio de este año 2016 oficialmente ha cambiado la Historia de la guerra emprendida en 2003 contra Irak, de espaldas a la legalidad internacional, por los gobiernos de Gran Bretaña y de los EE.UU. con el propósito de derrocar el régimen de Sadam Hussein y del partido laico Baa’th. Ha cambiado porque ambos países nos la contaban –justificaban- oficialmente de una forma que ahora ha quedado definitivamente desmentida. Dos palabras pasarán a la posteridad como aquellas que han desenmascarado detalladamente la rufianesca conspiración de los citados gobiernos y, así, han reescrito de golpe este capítulo de la Historia: Chilcot Report (Informe Chilcot).

En efecto, el mencionado informe, que consta de 2,6 millones de palabras recogidas en 12 volúmenes (!) y toma su nombre del presidente de la Comisión (Sir John Chilcot) instituida por el Parlamento británico para investigar el rol del Reino Unido en la preparación de la guerra, en las operaciones militares y en sus consecuencias, ha sido hecho público (y es consultable on-line) a partir de las 11 a.m. de dicho día.

En definitiva, el Informe Chilcot es un durísimo acto de acusación contra el ex premier laborista Tony Blair. Veamos aquí, por lo menos, algunas de las conclusiones expuestas en la presentación por Sir John.

La decisión de atacar a Irak fue “de extrema gravedad” y “no justificada, sin embargo, por una amenaza inminente de parte del régimen del difunto dictador iraquí Saddam Hussein”. Los datos presentados como ciertos por Blair en la vigilia del ataque, y las valoraciones sobre el arsenal químico iraquí, eran “falaces” y “no fueron puestas en duda, como habrían debido serlo”.

Iraqi Freedom, como la denominaron sus ideadores anglo-americanos, fue verdaderamente una guerra de agresión. Esta guerra “costó la vida a 179 soldados británicos, y era de consecuencias arriesgadas para Gran Bretaña y para la entera región medioriental”. Consecuencias sobre las que Blair, siempre según el informe, había sido puesto en guardia; Blair sabía que “una acción militar habría aumentado la amenaza de al-Qaeda al Reino Unido y a los intereses británicos” y que “una invasión habría podido hacer que las armas y capacidades militares iraquíes acabasen en manos de los terroristas“, como efectivamente acaeció. Todo lo cual generó una difusa y continua inestabilidad que ha derivado en la insurgencia de los degolladores del ISIS, que controlan amplias zonas del país; las cifras son devastadoras: desde el 2009 se ha sufrido “la muerte de más de 150 mil iraquíes”, “gran parte civiles”. “Más de un millón han debido dejar sus casas y todo el pueblo iraquí ha sufrido enormemente”, ha dicho Chilcot.

Sin menoscabo del valor documental que el Informe Chilcot tendrá para los historiadores, las pruebas de la Conspiración contra la Paz que fue la preparación de la Operación Iraqi Freedom, ya eran patentes desde el 1 de mayo de 2005. En esta ocasión, Michael Smith, periodista de investigación del Sunday Times reveló el “Memorandum de Downing Street”, como se ha venido en denominar al Acta (redactada por el asesor principal en política exterior, Matthew Rycroft) de la reunión de los vértices del Estado y de sus más estrechos colaboradores, convocada por Tony Blair y llevada a cabo el 23 de julio de 2002 en el número 10 de Downing Street, su residencia oficial.

El “Memorandum de Downing Street” muestra una reunión que sirve para analizar los planes operativos sobre el Irak, las fases de desarrollo de los preparativos de guerra, a informar de los últimos coloquios con la administración Bush, a individualizar las bases jurídicas para la intervención y las estrategias comunicativas para ganarse a la opinión pública. Veamos algunos puntos de su revelador contenido:

1. John Scarlett (Jefe del Comité Conjunto de Inteligencia) da cuenta de sus coloquios con Washington y del hecho de que “la acción militar es vista ya come inevitable (…) Bush quiere remover a Saddam a través de una acción militar justificada por el vínculo entre terrorismo y WMD (Armas de Destrucción Masiva; N.d.A.)” construido artificialmente por los servicios de inteligencia”. Además “hay poca discusión en Washington sobre las consecuencias de la acción militar” en la gestión de la postguerra.

2. El Secretario de Defensa, Geoff Hoon, revela que los EE.UU. han alcanzado en Irak “picos de actividad” para poner bajo presión el régimen. En otras palabras, los bombardeos habían empezado meses antes del estallido oficial y de la autorización del uso de la fuerza por parte del Congreso americano.

3. El Ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw, admite que la decisión de la guerra había sido ya tomada por los americanos. Pero la cuestión es delicada. “Saddam no es una amenaza para sus vecinos” su capacidad de “dotarse de armas de destrucción de masa resulta inferior a la de Libia, Corea del Norte e Iran”.

En definitiva, la decisión de ir a la guerra contra Irak había sido ya tomada, y las idas y venidas de los inspectores de la ONU no fue más que la escenificación de una pantomima para encubrir lo ya decidido, pues los americanos querían la guerra “a 30 días de las elecciones para el Congreso” (Midterm); solo hacía falta encontrar el casus belli. En el Memorandum se confirma que los informes de inteligencia se plegaron a la voluntad política.

Queda, pues, meridianamente claro que los americanos y sus comparsas británicas planearon a través de la manipulación y el embuste una guerra (más) que se ha revelado de consecuencias desastrosas para el Medio Oriente y para el Mundo en general. Pero ¿Cuáles fueron las motivaciones reales de los anglo-americanos para esa guerra de agresión?

Antes de procurar dar respuesta a esta pregunta, no podemos dejar de mencionar que dos años antes del “Memorandum de Downing Street” y 13 años antes del Informe Chilcot, en marzo de 2003, cuando empezaban las hostilidades de Iraqi Freedom, asistí en Madrid a una memorable esclarecida conferencia de mi dilectísimo amigo, el insigne jurista y político, Don Blas Piñar en la que ya denunciaba esta guerra como ILEGAL, ILÍCITA, INJUSTA, INMORAL E INNECESARIA. Vale la pena traer a colación, aun someramente, sus consideraciones al respecto porque –como en otras materias- también en esto fue él mucho más avisado y previsor que los políticos del Stablishment.

A la luz de la doctrina católica, Piñar arguyó con razón que se trataba de una GUERRA ILEGAL, porque no fue declarada por la autoridad competente, que, según el art. 53 de la Carta de la ONU –legalidad internacional vigente- es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; GUERRA ILÍCITA, porque no se ajusta a los principios del Derecho de Gentes, no siendo reacción a una agresión sufrida, ni guardando los usos y prácticas de guerra debidos; GUERRA INJUSTA, porque no busca la paz y seguridad futuras de la región y del mundo, sino hacerse con el petróleo iraquí, mostrar al mundo el “excepcionalismo” americano y, sobre todo, satisfacer los intereses del Estado de Israel (como veremos más adelante); GUERRA INMORAL, porque justificada con argumentos falaces y falsos (no existen las armas de destrucción masiva iraquíes ni hay ninguna vinculación entre el régimen iraquí y Al-Qaeda); GUERRA INNECESARIA, porque hay otros medios para que los anglosajones obtengan satisfacción a sus intereses económicos.

¿Quién fue entonces el mandante y beneficiario principal de esta criminal guerra de nefastas consecuencias para la región y el mundo, y cuál fue su propósito real? Respondamos de atrás hacia adelante.
El propósito real consistía –y consiste- en aliviar la presión que Israel percibe de sus vecinos, y para ello la estrategia es generar deliberadamente el caos para debilitar al Mundo Árabe y, tal vez, rediseñar el mapa del Medio Oriente y de parte del Maghreb. A esta lógica se han adscrito posteriormente la inducción de las “primaveras árabes”, el (a la larga fracasado, gracias a la reacción de los militares egipcios) cambio de régimen en Egipto, la intervención en Libia (similar en su gestación a aquella en Irak, con total manipulación de los informes de inteligencia), el tentativo de disolución de Siria para construir un Estado salafita como el del ISIS (también fracasado gracias a la intervención rusa). Es el plan de los estrategas neo-con americanos, que ahora apoyan sin ambages la candidatura de Hillary Clinton.

El mandante y beneficiario principal fue el Estado de Israel que, en base a informes falsos de sus servicios de inteligencia y con el concurso del poderosísimo Lobby Judío-Sionista americano (que influye y condiciona de manera determinante la política exterior y el Congreso americano) indujo y apoyó al presidente G. Bush en su decisión de ir a la guerra contra Irak. Cualquiera que hayan sido las razones secundarias para la guerra, el elemento determinante en la decisión de Bush fue ayudar a Israel. .Esto fue reconocido por el mismo presidente Americano en varias ocasiones, así como por distintas personalidades judío-americanas e israelíes, incluso jactándose de ello (todo lo cual está ampliamente documentado, aunque no podemos reproducir aquí por razones de espacio); también ha sido denunciado por algún valiente senador americano, así como por un ilustre parlamentario británico.

Con razón, Samuel Francis, escritor y columnista paleo-conservador, concluyó que “la mentira (de que un Irak armado hasta los dientes planteaba una grave e inminente amenaza a los EE.UU.) fue fabricada por neo-conservadores en la Administración, cuya primera lealtad es hacia Israel y sus intereses, y que querían que los EE.UU. aplastaran Irak porque era la mayor amenaza potencial para Israel en la región. Se sabe que ellos estuvieron presionando en pro de hacer la guerra a Irak desde por lo menos 1996, pero ellos no encontraron la ocasión propicia para lograrlo hasta después del 11 de septiembre de 2001…”. Dicho de otro modo: Israel quería la guerra con Irak, pero a cargo de la vida de los soldados estadounidenses y del bolsillo de los contribuyentes americanos.

De nada sirvió que el Papa Juan Pablo II previniera a Bush, Blair y Aznar de emprender esta guerra que carecía de justa causa y podía ser sustituida por otros medios, ni tampoco sirvió que les advirtiera de su gravísima responsabilidad ante Dios, su conciencia y la Historia, porque, como concluía Blas Piñar en la citada conferencia, “los cristianos que desataron esta guerra no temen a Dios, han tranquilizado su conciencia porque la tienen radicalmente deformada, y la Historia les importa 3 cominos porque ellos son muy hábiles y experimentados en manipular, ocultar y tergiversar la Historia”.

Afortunadamente, en esto último si se equivocó Piñar, pues en este mes de julio de 2016 la Historia ha terminado de desenmascararlos. Hace solo 70 años se les habría colgado por crímenes contra la paz, pero, claro, estos no perdieron la guerra.

1cba016horca11600p

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *