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Miércoles, 21 de Febrero 2018


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witch hillary

Escribe: Gianfranco Sangalli.- El próximo 8 de noviembre los EE.UU. elegirán al nuevo ocupante de la Casa Blanca, y las pasiones que este proceso está levantando, mucho más allá de las fronteras de dicho país, ponen de manifiesto la trascendencia de lo que está , sin exagerar, en juego: el destino del mundo.

Es general, al mundo actual le embarga una percepción de extrema precariedad: crisis económicas y financieras, tensiones geopolíticas entre grandes y medianos actores de la escena internacional. La estrategia del caos (oportuna generadora de la necesidad del Gobierno Mundial) con sus guerras, terrorismo y migraciones de masa piloteadas, fomentadas por el Establisment “Occidental” (lunga manus de los discretos –ya ni tan ocultos- fautores de la globalización a ultranza, habitués de las reuniones del Club Bilderberg y otras organizaciones mundialistas) agudiza de manera relevante este cuadro.

En este contexto de un mundo cada vez más revuelto y violento, la elección presidencial americana será un acontecimiento crucial, pues dependiendo de quién saldrá victorioso, más allá de la continuidad o discontinuidad de tal o cual política interna, se determinará si los EE.UU. continuarán en la senda de lo que se ha definido como su “activismo diplomático y militar”, que es el que precisamente ha exacerbado los problemas del mundo, o si se volcará. al menos en cierta medida, hacia su otrora posición “aislacionista”.

Hay que observar que más allá de los nombres de los candidatos (Trump vs. Clinton) o de las siglas de los partidos (Republicano vs. Demócrata) aquí se asiste (como en Europa) a una auténtica rebelión popular frente a un oligárquico Establishment, que se nutre de privilegios económicos y malas prácticas (de espíritu para-mafioso), y que está constituido por el consorcio entre la mayoría de los grandes Medios de Comunicación, las grandes Corporaciones económico - financieras y la Casta de profesionales de la política, comprometidos todos con la Agenda mundialista, y al que, por ende, poco le preocupan los intereses nacionales. Este Establishment, como recordaba recientemente Juan Manuel de Prada, promueve denodadamente, el multiculturalismo que diluye las identidades nacionales, la destrucción de la familia a través de la subversión de su estructura natural, el sometimiento de las economías nacionales a los intereses de la plutocracia transnacional, así como el fomento de la inestabilidad y de la tensión internacionales mediante irresponsables y temerarias políticas exteriores, subvertidoras, intervencionistas, belicistas (como las elaboradas en el seno del Consejo para las Relaciones Exteriores – CFR). Y nadie se deje llevar a engaño: el Establishment es transversal a los partidos demócrata y republicano.

Hemos visto que en los EE.UU. el paladín anti-Establishment ha cristalizado en la persona del dinámico empresario y “políticamente incorrecto” Donald Trump, fuerte del masivo apoyo popular en las Primarias republicanas, a pesar de los ímprobos esfuerzos de los “apparatchiks” del partido republicano y de la Prensa del Sistema por impedirlo. Del otro lado, está claro que las fuerzas del Establishment (incluidas las de los ideólogos “neocons” que fueron consubstanciales a la Administración republicana de George W. Bush) han cerrado filas en torno a una incondicional suya, comprometida hasta el tuétano con su mal espíritu y peores prácticas: Hillary Clinton.

Hillary Rodham Clinton es sin duda garantía de políticas internas nefastas para los EE.UU., con su promoción activa del asistencialismo (parasitarismo) económico, del “derecho a decidir” (eufemismo por el abominable crimen del aborto, que pretende potenciar: "Me gustaría ver a Planned Parenthood incluso obtener más fondos."), del “gaymonio”, de la indiscriminada “multiculturización” de la sociedad americana (a través de una laxa política de inmigración), del socavamiento de la libertad religiosa ("Los códigos culturales profundamente enraizados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse". Esto lo dijo porque considera que las objeciones de conciencia fundamentadas en creencias religiosas están detrás de la discriminación a las mujeres y a los homosexuales), Agenda política que espera actuar a través del nombramiento de jueces de la Suprema Corte favorables a esta ideología ("Las únicas personas que nombraré a la Corte Suprema son personas que creen que Roe vs. Wade es ley establecida."). Sin embargo, para el resto del mundo (al que pertenecemos los no estadounidenses) Hillary Rodham Clinton es, por encima de todo, una amenaza gravísima para la paz y seguridad internacionales.

Esto resulta evidente a la luz de la desestabilización de Medio Oriente y el Norte de África, así como del surgimiento y expansión del jihadismo del “Estado Islámico” en esas regiones, todo lo cual tuvo en la irresponsabilidad e incapacidad de la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, de apoya a las llamadas “Primaveras árabes” y “cambios de régimen”, un factor decisivo.

Hillary Clinton procuró arruinar Egipto poniéndolo en manos de un gobierno de la “Hermandad Musulmana”, pero el país fue salvado in extremis por la intervención de sus FF.AA.; arruinó Siria, financiando y armando redes de organizaciones terroristas islamistas, que han sumido al país en una guerra que ya se ha cobrado 250,000 vidas humanas (un email publicado por Wikileaks reveló que para Hillary Clinton: “la mejor manera de ayudar a Israel es destruyendo a Siria”); sumió en el caos de las luchas tribales a Libia, haciendo posible el establecimiento del ISIS en la región de Sirte. Detengámonos un momento en el caso líbico, en que gracias a documentos secretos encontrados tras el derrocamiento de Gheddafi (y publicados en enero de 2015 por el Washington Times), conocemos con precisión de la operación de manipulación orquestada por Hillary Clinton para legitimar la intervención en Libia.

Se trata de una serie de conversaciones telefónicas grabadas que tuvieron lugar entre oficiales del Pentágono, un miembro demócrata del Congreso americano y Saif Gheddafi, hijo del Coronel, en los días cruciales de la guerra. De estos registros, surgen 4 niveles de irresponsabilidad e incapacidad de la política exterior americana guiada por Hillary Clinton:

1) el Pentágono actuaba independientemente del Departamento de Estado, para evitar una guerra que (insólitamente) eran los militares a no querer y los políticos a imponer.

2) la CIA no tenía la más mínima idea de qué cosa estaba realmente sucediendo sobre el terreno, en la guerra civil.

3) el Departamento de Estado (la señora Clinton) no había instituido ningún canal directo de gestión de crisis con el régimen líbico (que, por el contrario, si tenía el Pentágono), ni tenía conocimiento de quiénes fuesen realmente los “rebeles anti-Gheddafi” ni de cuántos jihadistas e islamistas habían en su interior.

4) H. Clinton manipuló las informaciones sobre un presunto genocidio en acto por parte del gobierno líbico; genocidio desmentido por el Pentágono y por las organizaciones humanitarias presentes en Libia.

Como ha escrito el periodista Giampaolo Rossi, “Hillary Clinton forzó las informaciones, inaugurando la teoría de la guerra humanitaria preventiva: golpear a Gheddafi no por los crímenes cometidos sino por los que podría cometer… La Inteligencia militar explicaba, por el contrario, que Gheddafi había dado órdenes precisas de no tocar a civiles para evitar reacciones internacionales. De las grabaciones se pone en evidencia que el Pentágono (en persona del almirante Mullen, entonces Jefe de Estado Mayor Conjunto) no se fiaba de los informes que el Departamento de Estado y la CIA enviaban a Obama, pero que ‘no había nada que pudiese hacer para oponerse’. La señora Clinton fue inamovible en arrastrar a la Casa Blanca a la aventura líbica (y Obama en dejarse arrastrar), ignorando las advertencias del Pentágono, según el cual ‘los intereses de los Estados Unidos no estaban en juego, mientras que la paz y la estabilidad regional podían estar amenazadas’ en caso de caer el régimen. Charles Kubic, uno de los mediadores del Pentágono en Libia ha revelado que tras la primera semana de misiles americanos sobre las bases líbicas, Gheddafi estaba dispuesto a ceder el gobierno para una transición pacífica a dos condiciones: la eliminación de las sanciones contra él y el emplazamiento de una fuerza militar en Libia que impidiese la entrega del país a los jihadistas; ‘Todos pensaban que fuese una cosa razonable. Pero no el Departamento de Estado’.”

Pero lo peor para el mundo aún estaría probablemente por venir, si malhadadamente esta nefasta mujer lograse ser elegida presidente de los EE.UU., porque, en política exterior, Hillary Clinton tiene una inflexible y confrontacional postura hacia Rusia, que se traduce en pretender adoptar una serie de medidas (como declarar una “no fly zone” en Siria, donde opera la aeronáutica del Kremlin; incrementar la ayuda militar a Ucrania; desplegar tropas en los países bálticos y Polonia; emplazar sus avanzados sistemas antimisiles en países fronterizos de Rusia; etc.) que acorralan a Rusia y humillan su orgullo nacional, negándole –como ha escrito Ted Galen Carpenter, analista del CATO Institute- la satisfacción de la lógica y natural aspiración a obtener zonas de influencia y seguridad, por limitadas que fueren; todo en aras de la pretensión a la hegemonía global de los EE.UU.

Paul Craig Roberts, antiguo alto funcionario del Departamento del Tesoro en tiempos del presidente Reagan, afirma que “Los sucios dementes que controlan la política exterior estadounidense son capaces de defender la hegemonía de Estados Unidos con armas nucleares. Los neoconservadores deben ser removidos del poder, detenidos y sometidos a juicio internacional por sus horrendos crímenes de guerra, antes de que, por defender su hegemonía, nos conduzcan al Armageddon". Que los EE.UU. fueran a la guerra nuclear con la venida a menos Rusia de hoy, que no tiene –ni podría tener- pretensiones de dominación mundial, sería una fatal ironía, visto que no fue a la guerra con la hegemonista Rusia soviética.

Hillary Clinton fue (recuérdese que votó en el Senado a favor de la criminal guerra contra Irak) y es abanderada de esta demencial y oscura política exterior de los “neocons” y “neolibs”. Pero, ¿cuál es el perfil psicológico de esta mujer?

Dolly Kyle, una destacada abogada, es amiga y confidente de Bill Clinton desde la infancia y acaba de publicar un devastador libro (HILLARY, the other woman) que expone al desnudo todas las miserias de Hillary; y los relatos son de tal calibre que algunos pensaban que sería objeto de una querella judicial, pero esto no ha sucedido porque la autora posee muchas grabaciones, cartas y otros documentos que prueban sus afirmaciones. De Hillary Rodham Clinton, Kyle –entre muchas otras revelaciones- comenta que es una mentirosa patológica y en serie, que se cree sus propias historias hasta el punto de que podría pasar el test del detector de mentiras. (…) Ama repetir que siempre le ha importado la agenda femenina en su país, cuando en realidad lo que siempre le importó fue procurar la impunidad de los abusos cometidos por su marido sobre hasta 2.000 mujeres. Concretamente escribe la autora: “Es irónico que Hillary pueda intimidar y amenazar a las víctimas del marido, pero que sea incapaz de gestionar una guerra de verdad, porque no es una mujer adulta y madura con el carácter y la moralidad suficiente para tomar decisiones importantes basadas sobre juicios objetivos. Esta carencia no es aceptable en un Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas con un dedo en el gatillo atómico… No posee una base moral sino solo interés personal y una fuerte sed de poder... Debe mentir incluso cuando no hay necesidad, como respuesta automática. Nunca se siente ‘suficientemente buena’ para los estándares del (por cierto republicano; N.d.A.) difunto progenitor, así continuará a mentir, a construir historietas, a reescribir la historia, vista a través de los lentes de sus propias deficiencias…”.

El historial de mentiras y prácticas inapropiadas, amén de oportunas lagunas en su memoria, y encubrimientos por sus asociados, es tan largo como su carrera. Desde los tiempos de Primera Dama de Arkansas con el escándalo Whitewater, pasando por los de Primera Dama de los EE.UU. con los escándalos Travelgate y Filegate, hasta llegar a las mentiras sobre los luctuosos hechos de Bengazi, el impropio uso (“extremadamente negligente”, según el reciente informe del FBI) de su cuenta privada de email para correos oficiales clasificados y su posterior apresurado borrado (¡32,000 correos!), así como lo que parece haber sido la ilegal práctica del “Pay to play”, por la que preferentemente “atendió” como Secretaria de Estado a dignatarios y personalidades extranjeros que donaban previamente a la “Fundación Clinton” (según reciente denuncia de la prestigiosa Agencia internacional de noticias Associated Press) esta mujer evidencia un perfil que pone más que en entredicho su idoneidad para ejercer cualquier cargo público.

De hecho, estas últimas revelaciones le han costado a la candidata demócrata los 6 puntos de ventaja que llevaba a Donald Trump en las encuestas, quien hoy recupera una leve ventaja. Esta ventaja podría convertirse en incolmable e irreversible si, como acaba de anunciar el fundador de Wikileaks, en los próximos días la organización publicará unos emails de Hillary que, por sus gravísimas implicancias, pondrán fin a su carrera política. Entonces ya no valdrá de nada el blindaje mediático que la Prensa del Sistema, ni el legal del Departamento de Justicia, han conferido a la candidata demócrata… ni el “Fear Project” (Proyecto del Miedo) con que –igual que en vano hicieron con el BREXIT, como advertía hace una semana su campeón, Nigel Farage- este Sistema corrupto, oligárquico y antinacional intenta asustar al elector medio para que no vote por The Donald, el candidato de regeneración nacional.

Los artículos firmados son entera responsabilidad del autor. La Abeja no se solidariza necesariamente con sus contenidos.

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