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Martes, 21 de Noviembre 2017


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Cabecera de ida y vuelta

santos castro timochenko

Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- Reconozco que, aunque nunca he estado en Colombia, le tengo un cariño especial a este país hispanoamericano. El polígrafo español Marcelino Menéndez y Pelayo dejó dicho entre los siglos XIX y XX que Bogotá era la Atenas de Sudamérica. Hay filólogos españoles que dicen que donde mejor se habla el español es en Colombia. Yo reconozco que me quedo maravillado especialmente ante el acentico paisa. En la universidad, me empapé de literatos colombianos tales como Julio Arboleda Pombo, Jorge Isaacs o José Eustasio Rivera. En cuanto a una visión contracorriente de las secesiones hispanoamericanas, dos de mis máximos referentes son colombianos: Luis Corsi Otálora (QEPD) y Pablo Victoria Wilches. Así que, aun sin conocer físicamente aquella extensión de tierra que une el Caribe con los Andes, puedo decir que cuenta con mis simpatías. Y como español emigrado en Perú e hispanista convencido (1), siempre me interesa todo lo que ocurre en el mundo hispano. Y la Colombia actual constituye un caso muy explicativo.

Cuando Santos llegó a la presidencia de la república colombiana, pensé que su gobierno sería continuista con respecto a Uribe en cuanto a política antiterrorista por lo menos. No en vano fue ministro del presidente paisa. Y los paisas dicen, con ese seseo fuerte que acaso coincide con Cuzco, Cajamarca o México (herencia del castellano antiguo), que para atrás ni para coger impulso. Sin embargo, muy pronto Santos reveló que se abocaba a una estrategia de locura, en lo cual entraba la amistad con el chavismo y la bajada de pantalones ante las FARC. Los narcoterroristas rojos se afincaban en Cuba a costa del erario público colombiano, negociando con guayaberas y puros. Durante años, así ha sido. Como a costa del erario colombiano ha ido la televisión pública a informar de las interminables conversaciones y declaraciones de estos asesinos que ahora se presentaban como representantes e interlocutores. Si bien Castrolandia estaba muerta hasta que la resucitó Chávez, las FARC han supuesto otra inyección de peso. Y siempre se ha subestimado al servicio de inteligencia cubano, el cual, acaso por el entrenamiento que en su día recibió de los soviéticos, siempre ha sido tan sagaz como implacable. Así, Castrolandia no sólo tiene a Venezuela para hacer y deshacer a su antojo: Ya también puede servirse de Colombia. El triángulo narcoprogre está asegurado. No olvidemos que Popeye, el principal sicario de Pablo Escobar, insiste en que el cartel de Medellín hacía negocios con los hermanos Castro. Y de esto hace muchos años. Y de negocios los gringos también entienden bastante.

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la ruta del barroco andino compania de jesus 5

Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- En cuanto a la música, se va gestando al igual que otros campos de la cultura, al abrigo del medio rural, las grandes ciudades y los centros misionales. La música sacra y profana llega a las Américas con los primeros frailes, artesanos y maestros de capilla, que reproducen en las nuevas tierras las formas vigentes en la Península Ibérica. La cronística del XVI nos ofrece abundancia sobre la construcción de órganos en los principales templos y catedrales, masas corales amerindias en doctrinas y misiones, composiciones monódicas y concertadas, creaciones de capillas musicales y uso de instrumentos, tales como pífanos, clarines, flautas, jabegas, dulzainas o vihuelas. Entran en contacto dos estructuras armónicas; la occidental y la amerindia. Y otra vez señalamos la gran ruta: Andalucía-Canarias-Caribe-continente.

Recordemos que la música que salía de los puertos andaluces estaba en hervor a finales del siglo XV. Los siglos XVI y XVII supondrán su definición, a la par que su acriollamiento. Y no hay que desdeñar las aportaciones de las tradiciones indias, como los instrumentos de viento de los Andes. Asimismo, los negros también influenciarán con su ritmo, especialmente a través de la percusión. Concretando en el siglo XVII, algunas de las composiciones más usuales como pueden ser tonadas, décimas, madrigales, villancicos religiosos y profanos fueron desarrollando novedosas tipologías en la que algunos folcloristas ya ven la gesta del corrido, la jácara, la cumbia o el joropo. Y algo similar ocurre con el baile: El tipismo español adquiere en el americano hogar una nueva fisonomía, aportando novedades. Es el sempiterno acriollamiento del que hablamos, que tanto se percibe en el flamenco como fenómeno antropológico interesantísimo. En esta época virreinal no podemos olvidar la importancia de la gayumba, el zambapalo, la zarabanda o la chacona; importantísimas músicas de ida y vuelta que hacían las delicias de los negros y cuyas evoluciones darán lugar a músicas actualmente conocidas. Asimismo, el mundo virreinal americano no fue ajeno al desarrollo de la música culta, hallándose, eso sí, su escenario más bien restringido a los grandes núcleos urbanos, con ambientes cortesano-caballerescos y catedrales que reclamaban piezas sacras para su ceremonial liturgia. Sirvan como muestra los casos de Ciudad de México y Puebla, donde compositores de la talla de Antonio de Salazar, Bernardo de Peralta, Juan de Padilla o Manuel de Zumaya produjeron un repertorio orquestal y coral dentro de unos esquemas compositivos análogos a los de Bach o la escuela italiana antes incluso de que llegaran a la Nueva España las partituras de los maestros del Viejo Continente.

La identificación con los nuevos solares virreinales aflora en los textos de los escritores hispanoamericanos al eco de los influjos de la creación culta de la Piel de Toro. La mayoría son ya criollos que no conocen otra tierra sino la herencia de sus conquistadores antepasados. Otros han nacido en España y sus vidas transcurren en el ultramar. Y otros, como el caso siempre sugestivo de Juan Ruiz de Alarcón, abandonan su América natal (Ruiz de Alarcón era novohispano, de Taxco, y acabó sus días en Madrid) para fijar residencia en la Vieja España y brindar a toda la Europa lo mejor de sus creaciones. No obstante, con el tiempo, se harán eco de la pluma también mestizos e indios, participando en las disputas culteranas o para narrar el pasado prehispánico. La obra de Bernardo de Balbuena, “Grandeza mexicana”, describe la capital novohispana con encendidos elogios de sus excelencias. Se le ha denominado el “Ariosto tropical“. Marca la frontera entre la producción literaria del Siglo de Oro, rica en hechos y acciones valerosas, y esta nueva etapa más abierta a la contemplación y a las formas. Es una nueva perspectiva cronológica desde la que se describen las gestas del pasado o la realidad presente con una ampulosidad ornamental ya impropia de la pluma de un soldado-cronista. Lo mismo cabe de decir del “Arauco domado” del chileno Pedro de Oña (1570-1643), o del “Cautiverio feliz” del también chileno Francisco Núñez de Pineda Bascuñán (1607-1682). En comparación con “La Araucana” del castellano Alonso de Ercilla, en la obra de Oña aparece un mundo más idílico que guerrero; el poeta es más diestro en manejar la retórica que la espada. Curiosamente, se trata de la primera composición poética de autor nacido en el Nuevo Mundo que mereció los honores de la imprenta. Por su parte, en el “Cautiverio feliz” narra su autor sobre su estadía de siete meses (en el año 1629) entre los indios de los Araucanía. El título en verdad refleja una nueva forma de ver lo americano, confirmado en un nuevo tratamiento literario.

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gusbue

Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- El pasado 7 de agosto del 2016 fallecía Gustavo Bueno Martínez luego de 91 años de vida, que se dice muy pronto. Un par de días después que su mujer. Acaso la simbología más viva de la calidez de un corazón que vivió sin relajarse un minuto.

Escribía hace poco un excelso artículo mi amigo el filósofo Manuel Fernández Espinosa donde ya el título nos dice mucho: “Gustavo Bueno: Un incordio para todos los acomodaticios” (1). Como bien dijo hace tiempo nuestro mentado Fernández Espinosa, a los españoles nos gustan las grandes personalidades. No por nada los romanos ya hablaban impresionados de la “Devotio Iberica” de nuestros más remotos antepasados. Y sí, Bueno poseía una personalidad arrolladora que no dejaba indiferente a nadie.

Ciertamente, se han escrito muchas líneas sobre Bueno estos días. Sus discípulos le están honrando como se merece. Fernández Espinosa apunta bastante alto sobre lo que ha significado este gran pensador y su escuela.

Comencé a seguir a Gustavo Bueno ya hace bastante tiempo, junto con mi primo Gonzalo Moreno Castro, que a, la sazón, amén de eminente neurólogo, es un excelente guitarrista flamenco (2). Y fíjense ustedes que un servidor, amén de historiador, resulta ser profesor de portugués y de español para extranjeros, amén de poeta y escritor. Cosas de la vida, supongo.

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800px Juli. Santa Cruz 1

Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- Si tuviéramos que definir técnicamente el barroco, nos iríamos por un derrotero que seguramente no nos interesaría demasiado. Sin embargo, el barroco es fundamental para entender una gran ruta criollo-andaluza cuya fuerza de identidad pervive, pues por encima de las “explicaciones técnicas”, el siglo XVII se asomó a la Monarquía Hispánica con todo lo bueno y todo lo malo junto y revuelto. Fue una época de creatividad alucinante: Todavía España estaba asimilando los muchos conocimientos geográficos, jurídicos, botánicos, gastronómicos, biológicos y musicales que aportó América; así como América hacía lo propio con todo lo que llegaba a través del sur de Europa y Canarias.

Asimismo, estábamos en pleno siglo de oro de nuestra literatura.

Si bien desde finales del siglo XV a mediados del siglo XVI se dio la conquista, a partir de la segunda mitad del XVI se dio la pacificación y la asimilación; procesos que no fueron idénticos en todas las partes del vasto imperio americano, mas procesos que crearon, aun a pesar de las divergencias evidentes, filtros culturales tan importantes como interesantes, cuyos valores todavía perduran a lo largo y ancho de Hispanoamérica.

Si queremos hablar de la mentada gran ruta criollo-andaluza, debemos hablar en clave barroca. La época del carpe diem, del horror vacui; de la vida es sueño; La época del sentimiento exacerbado, de la aparición del pesimismo y la decadencia; pero también la época de una creatividad asombrosa, de una vuelta a las raíces, de una mezcla y una explosividad artística y colorida a entrambos lados de la mar océana que hizo que las más rimbombantes cortes europeas imitaran los estilos salidos de las Españas, ya fueran de Europa o de América. Que bien valieron canarios, zarabandas y chaconas para Francia y Alemania.

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