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Martes, 17 de Octubre 2017


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Escribe: Alberto Mansueti.- En América latina ya no hay golpes militares. De elección en elección, elegimos presidentes, y Legislaturas; pero no hay reformas de fondo: básicamente todo sigue igual, y nada cambia. ¿Por qué?

Los militares están en sus cuarteles, muertos de miedo: una de las principales estrategias de la izquierda dura, la del Foro de Sao Paulo, fue meter entre rejas a los viejos generales anticomunistas y “golpistas” del siglo pasado, tras exhibirlos en espectaculares juicios públicos, con mucho circo mediático. Fue un mensaje para los oficiales de este siglo; y surtió efecto. Ya no hay golpes ni dictaduras militares; aquellos “gobiernos de facto” pasaron a la historia del siglo XX.

Sin embargo, la realidad social y política, como la realidad natural, no puede suprimirse. En América latina muchos presidentes están destinados a ser como el “fusible” de un sistema eléctrico: es un componente hecho de un material conductor, con bajo punto de fusión, colocado para “saltar” si la tensión se hace excesiva, interrumpiendo así el flujo. ¿Para qué? Para proteger todo el sistema.

Así pasó en enero de 2000 en Ecuador, con el presidente Jamil Mahuad; y en noviembre de ese año, en el Perú, con Alberto Fujimori. Al menos el primero alcanzó a decretar la dolarización, tras 15 meses en su cargo, y el segundo a hacer reformas “de primera generación”, tras 10 años en el suyo, antes de “saltar” como fusibles. Pero al año siguiente en Argentina, se “quemó” el fusible De la Rúa, por no haber hecho absolutamente nada.

El sistema que protegen la derecha mala y las izquierdas no es eléctrico, es político: el social-mercantilismo, con su “apartehid” entre los de arriba, disfrutando las mieles del capitalismo de amigotes en el sector privado, y los de abajo, padeciendo las amarguras del socialismo en el “público”: escuelas que no enseñan, hospitales que no curan ni atienden, jubilaciones miserables. Y empresas “micro”, las PYMES, una especie de salvavidas para apenas sobrevivir. Le llaman estado “de Bienestar”, y lo es, pero ya vemos a quiénes toca el bienestar, y a quiénes el malestar.

Es inevitable: si la tensión sube de repente, el fusible se quema, sea de la derecha mala, como en los tres casos antedichos, o de izquierda. Sucedió en 2003 con “Goni” Sánchez en Bolivia, de derechas, y en 2004 con “Titide” Aristide en Haití, de izquierdas, y también con casi todos los otros presidentes que fueron depuestos o presionados a renunciar, indefinidos como Lucio Gutiérrez en Ecuador (2005), de izquierda como Manuel Zelaya en Honduras (2009) y Fernando Lugo en Paraguay (2012), o derecha pésima como Otto Pérez Molina en Guatemala.

 

Esto no es nuevo. En la Biblia leemos muchos casos de gobernantes fusibles, en los libros “históricos”, que en realidad son libros políticos. Cuentan primero la historia de los “Jueces”, que fueron 10 entre Josué y Samuel, después de Moisés. Y después los “Reyes”, 43 en total, tras Saúl, David y Salomón, y luego 20 en cada uno de los dos reinos, Israel y Judá.

Los libros son ocho: Josué, Jueces, 2 de Samuel, 2 de Reyes y 2 de Crónicas. Según el Apóstol Pablo, en 2 Timoteo 3:16, son para “instruir en justicia”, o sea para aprender Ciencia Política y Gobierno, en especial sobre la inestabilidad y la estabilidad de regímenes y sistemas; pero los cristianos de ahora no lo saben, y por eso no entienden sus Biblias. Hay muchos buenos estudios; por ejemplo “El mundo de los Jueces”, por John McKenzie, y “En tiempos de los Reyes”, por Damien Noel.

Los hechos políticos son recurrentes porque la naturaleza humana es siempre la misma, y sus malas inclinaciones y apetencias, entre ellas la concupiscencia de poder, los caudillismos, las “revoluciones” y las intrigas y conjuras de palacio, los golpes y contragolpes, los cambios reales y cambios cosméticos. ¿No me cree? Lea las historias de los Jueces y Reyes, y compare con la Antigüedad clásica, tal como se lee en autores griegos como Tucídides y Jenofonte, o romanos como Tito Livio. ¡Buen provecho!

Pero volvamos a nuestra América “ladina” como le dice un amigo. En 2002, en Venezuela, los militares atrasados de noticias dieron un “golpe” estilo siglo XX; pero el tiempo no perdona, y Chávez “resucitó” políticamente al tercer día. Le cuento que el título para este artículo era “¿Por qué no hay reformas en América latina?”; pero el de los fusibles es más atrayente.

Los presidentes no son los únicos fusibles políticos. Ahora en el Perú se han “quemado” varios funcionarios, y a Kuczynski la izquierda lo tiene “en jaque”, usando a Keiko y a los fujimoristas como peones y otras piezas en su juego, para ser movidas, y eventualmente cambiadas, según sus objetivos estratégicos. La del fusible no es la única metáfora provechosa para entender los eventos políticos del pasado remoto, o de la palpitante actualidad; el ajedrez sirve de mucho también.

Claudio Zolla, Dante Ramos y el equipo del Partido Liberal “Perú Nuevo”, apoyados por el Centro de Liberalismo Clásico, hacemos cuidadoso seguimiento. Se le ha recordado a Kuczynski que hace 15 años escribió un libro demandando reformas; ahora es presidente, ¿por qué no hay reformas? Nuestro diagnóstico es muy claro, y aplicable a otros países de la región, como Argentina:

1.- El sistema está agotado, y la tensión es insoportable. A cada crisis sigue otra crisis. El país va de crisis en crisis; los gobernantes tratan de “administrar” las crisis, que son insolubles, pero distraen la atención, tanto de los Gobiernos como de la opinión pública. Nadie se enfoca en los problemas reales, menos en las soluciones verdaderas, las reformas de fondo, de segunda y tercera generación.

2.- Infinidad de compromisos y ataduras “comerciales” con la derecha mala paralizan a gobernantes y funcionarios. A ello se suman los compromisos y ataduras ideológicas con el marxismo cultural.

3.- Sólo hay dos salidas del actual modelo “mixto” de mercantilismo y socialismo; una bien conocida por la opinión, la salida por la izquierda, tipo Venezuela: socialismo para todos. La otra no es conocida aún por la gente, tipo regiones del sur de la China: capitalismo para todos. Pero esta no le conviene al sistema: la libre competencia es una amenaza para los mercantilistas, y el liberalismo clásico es una amenaza para los socialistas, tanto marxistas clásicos como culturales. ¡Por eso saltan los fusibles, protegiendo al sistema!

4.- Y el presidente no tiene casi presencia en el Congreso; la primera mayoría es el fujimorismo, y Keiko no quiere reformas. Su hermano Kenji tal vez quiere, y derogar las leyes malas, pero no tiene peso ni espacio suficiente. La izquierda es la segunda fuerza parlamentaria; y a diferencia del fujimorismo, tiene inteligencia, y plan maestro a plazo medio, que va ejecutando paso a paso.

Pero este espacio se me acabó a mí... así que hasta la próxima, ¡y síganme los buenos!

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