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Jueves, 19 de Octubre 2017


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machonas

Escribe: Emiliano Amaru Zapata*.- Todo argumento que postula como un derecho la terminación del embarazo parte de un error lógico: pensar que, así como podemos elegir los actos que realizamos, así también podemos elegir las consecuencias de éstos; cuando lo cierto es que basta que éstas hayan sido previsibles para que tengamos que asumirlas aun si no han sido queridas.

¿Y por qué es suficiente que una consecuencia haya sido prevista para que debamos responder por ella sin importar si ha sido querida o no?, por la sencilla razón de que si se prevé que con la realización de un acto puede ocurrir una consecuencia no querida, y aun sabiendo esto se decide realizar el acto, entonces en este mismo momento se acepta también como posible la consecuencia; y si en efecto ésta ocurre, lo razonable es que respondamos por la misma. Me explico. En el campo de la Moral, por ejemplo, un alumno que la noche anterior a un examen está indeciso entre ponerse a estudiar o ir a una fiesta, sabe muy bien que si va a la fiesta pueden ocurrir dos consecuencias: una querida y que es menos probable, aprobar el examen; y otra no querida y que es más probable, desaprobar el examen; y si aun sabiendo esto decide ir a la fiesta, entonces desde este mismo instante acepta también como posible desaprobar el examen; y si en efecto desaprueba éste, entonces no le queda más que aceptar este resultado; y aunque haciendo uso de su libertad puede aún desconocerlo y exigir que se le tome otro examen, esto no tendrá justificación lógica alguna.

 

Algo similar sucede en el campo del Derecho, por ejemplo, un comerciante de pescado que pretende ahorrarse unos centavos no encendiendo la cámara frigorífica donde trasladará el pescado que se comprometió a entregar, sabe que con suerte el pescado llegará en buen estado, pero también que lo más probable es que llegue descompuesto; y si aun así no enciende la cámara y en efecto el pescado llega descompuesto, entonces deberá responder por este cumplimiento defectuoso, tanto que si materialmente no lo hace el comprador puede demandarlo por daños y perjuicios. Y es que en el Derecho civil como en el Derecho penal basta que las consecuencias sean previsibles para que debamos responder por ellas aun si no se quisieron (es lo que en ambos ámbitos se denomina Culpa), pues es un principio jurídico básico que no se responda sólo por las consecuencias imprevisibles (es lo que en el Derecho civil se llama caso fortuito y fuerza mayor; y en el Derecho penal, error invencible).

Explicado lo anterior, cabe preguntarse, ¿el embarazo se trata de un acto o de una consecuencia?, no hay duda de que se trata de una consecuencia, una consecuencia de un acto anterior: el acto sexual; ahora, ¿se trata de una consecuencia previsible o imprevisible?, considerando que es casi imposible que alguien despierte a la vida sexual creyendo que los bebes son traídos al mundo por las cigüeñas, definitivamente se trata de una consecuencia previsible. Por tanto, si es previsible que sosteniendo relaciones íntimas pueda ocurrir un embarazo no deseado, y si aun sabiendo esto se decide sostener intimidad, entonces en este mismo momento se acepta también como posible el embarazo; es decir, no es que no hay decisión, sí la hay, la decisión de aceptar como posible el embarazo; y si en efecto éste ocurre, la única respuesta lógica es asumir ese proceso. Y aunque materialmente es posible terminar con el embarazo, no hay razón moral ni jurídica que lo justifique pues, vuelvo a reiterar, se trató de una consecuencia fácilmente previsible.

Por otro lado, quienes sostienen lo contrario, no han advertido que su postura lleva a un problema lógico insalvable: si la terminación del embarazo fuera algo legal, entonces no se le podría reprochar nada al padre que se inclina por ello, y si contrariamente la madre decide continuar adelante con el embarazo, ¿con qué autoridad después se le puede exigir al padre que vele por el niño si aquél no estuvo de acuerdo con el nacimiento de éste?, o en todo caso, ¿por qué el padre tendría que asistir a un hijo cuyo nacimiento fue decidido únicamente por la madre? Sólo considerando que seguir con el embarazo no es decisión de ninguno de los progenitores, podrá exigírsele luego que vele por el niño al padre, o a éste y a la madre eventualmente.

En conclusión: el embarazo no es un acto sino una consecuencia, una consecuencia previsible y aceptada en su momento como posible, y si fue aceptada como posible, de producirse, debe asumirse así no haya sido deseada (caso diferente es el embarazo en caso de violación, pero ello será objeto de otra publicación).

 

(*) Abogado especializado en Protección de Derechos fundamentales y en Precedentes vinculantes del Tribunal Constitucional. Maestrando en Derecho público por la Universidad de Piura (UDEP) y miembro de la Red Nacional de Abogados por la Defensa de la Familia – RENAFAM.

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