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Viernes, 20 de Julio 2018


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Escribe: Tomás González Pondal.- The New York Times (y cientos de medios de comunicación a nivel mundial -31 de marzo de 2018), informan que en Suecia se acabaron los “roles de género”. Concretamente dicen: “Adiós a los roles de género en Suecia”. Amén de lo que diré a continuación, adelanto desde ahora la trampa del titular, que da por sentado como un hecho aprobadísimo que siempre hubo géneros y que hubo roles. Y digo desde ahora que tanto la expresión “género” como la expresión “rol” aplicadas al humano con el alcance que les dan los ideólogos de género, solo sirven para deformar mentes, o, lo que es lo mismo, para inculcar lo que se conoce como “constructo social”, “reingeniería social”, “nuevo constructo cultural.” Tenemos el sexo masculino y el sexo femenino (no una generación mental antojadiza); tenemos entonces más acabadamente al varón y a la mujer; varón y mujer que no simulan nada, esto es, que no están haciendo el “rol de”, sino que responden a una biología y a un orden dado: se es varón, se es mujer.

 

La ideología de género está voraz: manda a abortar y se aplica con tenacidad a deformar ya desde el primer año de vida. En Suecia –dice la noticia-, “el grupo de pequeños de entre 1 y2 años se había dividido según las líneas tradicionales de género. Y en esta escuela eso no está bien”. Una vez más se repite el engaño, asumiendo que siempre hubo “líneas tradicionales de género”, en vez de hablar de comportamientos naturales masculinos y femeninos. No gustaba que en la escuela los niños de esas edades gritasen o diesen algún golpe, y no gustaba que las niñas lloriqueasen. Eso fue visto como algo malo, de modo que los maestros retiraron del aula los autos de juguetes y las muñecas, y pusieron a los varones a jugar con cocinas y a las mujeres a practicar gritar ‘no’. Solo a fuerza de machaque deformarán mentes. Mientras, les informamos a esa pandilla de corruptores de menores, que los chicos seguramente serán bastante bruscos con la cocina (es natural), y que las niñas lloriquearán porque no quieren practicar “no”.

Como ya las noticias creen que tienen el terreno allanado y a las mentes embotadas (tristemente una creencia no muy desacertada), se atreven sin ningún filtro a contar cómo viene la diabólica aventura: “muchas escuelas preescolares de Suecia están financiadas por el gobierno y están haciendo todo lo posible por desconstruirlas”. ¿Lo advierte? ¿Quiere que lo traduzcamos? Hay capitales puestos por gobiernos (y, desde luego, por poderes ocultos) que están haciendo experimentos para romperle el alma a los niños. Pero... espere... ¿Usted no cree que se trata de una reingeniería social? Bien, se lo cuenta con total claridad la misma prensa basura: “El plan de estudios del Estado exhorta a maestros y directores a acoger su papel como ingenieros sociales, al exigirles que ‘contrarresten los roles tradicionales de género y los patrones de género.” Es preciso para los deformadores que los niños sean niñas y las niñas sean niños. Sí, sí: es recién con eso que se da el rol de-generado; cuando se le inculca satánicamente (¡otro término no usaré para tal monstruosidad!) desde los primeros años de vida a hacer el papel (rol) de lo que no es, para que finalmente se convenza que lo que no se era en realidad sí se es.

El año pasado el Journal of Experimental Child Psychology, tras evaluar el método novel de reingeniería macabra, concluyó que “algunas conductas no desaparecen cunado los alumnos asisten a lo que el estudio llamó preescolares de género neutro”. ¡Hasta se cuenta con total desparpajo y tranquilidad que hay un diario que recoge los resultados de la psicología infantil sometida a la experimentación aludida! Lógico que no desaparecerán así nomás los comportamientos que se derivan de un ser. No hace falta ser psicólogo ni hacer experimentos para darse cuenta de una realidad así.

Pero si no resultan suficientes todos los datos aportados en donde se ve cómo se está experimentando con los menores cuan si fueran ratas de laboratorio, la prensa continúa: “El experimento de Suecia en las escuelas preescolares de género neutro comenzó en 1996 en Trodje (...). El hombre que lo inició, Ingemar Gens, era un periodista interesado en antropología y teoría de género (...). Gens quiso derribar la norma de masculinidad estoica e impávida de los suecos (...). Niños y niñas eran separados durante parte del día y entrenados en rasgos asociados con el otro género (...). El espíritu del experimento de Gens se había propagado por el gobierno. En 1998 Suecia añadió una estipulación en su plan de estudios nacional para requerir que todas las escuelas de nivel preescolar contrarresten roles tradicionales de género y patrones de género y motiven a los niños a explorar fuera de las limitaciones de roles de género estereotipados”. Con todo, todavía algunos creen ingenuamente que se trata de un tema de desigualdad sobre el que debe recaer la justicia, pues, según dicen, todo fue estructurado sobre estereotipos errados.

Una niña de dos años y sometida a experimentación por ese método demoledor de la ideología, se había vuelto insolente y desafiante en el hogar. Los padres se quejaron del hecho haciéndoselo saber a la “maestra” de la pequeña, una tal Izabell Sandberg. La respuesta de la “docente” fue: “Eso es lo que hacemos aquí y no vamos a dejar de hacerlo”. Sinceramente espero que el padre de la menor la haya retirado de ese antro de experimentos infernales.

La reingeniería social es clave para el ladino nuevo “orden” mundial, el cual, más bien, es una maquinaria para alcanzar el desorden mundial, enemigo clarísimo y declarado de todo lo que implicó el orden de la cristiandad. Ogaño, las entidades del mal, las invisibles y sus epígonos las visibles, han encontrado el campo orégano para dirigir sin mayores dificultades sus armas a lo más puro de la especie humana, los niños. El desorden anticristiano apunta a desordenar también a los infantes; el desorden anticristiano alcanza más acabadamente su objetivo si logra quebrar la máxima de Cristo: “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis”. El objetivo del mal está claro: impedir a toda costa que las almas de los menores se acerquen a Jesucristo, para lo cual introducen experimentos que tienden a deformarlos desde los años más tempranos de vida, y, así, acabar dando con un rotundo impedimento. El diablo también sabe de ingeniería, pero simplemente para arruinarla: no quiere el orden quiere el caos; no construye nada, solo quiere destruirlo todo.

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