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Lunes, 22 de Octubre 2018


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Escribe: Alberto Mansueti (Argentina).- En política se puede mentir y engañar, pero sólo por un tiempo. Temprano o más tarde, la realidad toca a la puerta. Forbes tituló la semana pasada: “Argentina: podría ser tiempo de ‘salir corriendo’”, con palabras en español. Financial Times y Bloomberg también sonaron sus alarmas. The Economist lo editorializó así: “La crisis del gradualismo argentino”. Todos estos medios recordaron aquellos 5 presidentes argentinos que se sucedieron en apenas 10 días, en el Año Nuevo de 2001 a 2002.

Sí; pero yo lo escribí hace dos años, cuando todos esos medios prodigaban cumplidos y vanas esperanzas para el Sr. Mauricio Macri, elegido el 22 de noviembre de 2015. “Sr. Macri, pequeños ajustes son insuficientes”, titulé en enero de 2016. Y en febrero de 2017, entronizado el Sr. Pedro Pablo Kuczinski como Presidente del Perú, titulé “Por qué la nueva derecha latinoamericana tiene vida corta”. Y como De La Rúa en 2001, Kuczinski tuvo que renunciar en marzo de este 2018.

Latinoamérica requiere reformas muy a fondo para salir del estatismo colectivista y social-mercantilista. La derecha mala es incapaz de hacerlas; todo lo que hace es reunir un “equipo” de arrogantes “ingenieros sociales”, diplomados en los “mejores” centros universitarios de doctrina estatista, para “gestionar” un sistema político inviable, ingobernable y destructivo, de exorbitante gasto fiscal, déficit crónico, impuestos excesivos, inflación, devaluaciones, una deuda astronómica y un reglamentarismo asfixiante. Fracasan. El descontento persiste, y la izquierda regresa al poder, porque no hay otra opción alternativa al sistema; y se repite el “péndulo”, que oscila de socialistas duros (Foro de Sao Paulo) a los socialistas blandos (Internacional Socialista) o a “Neo” liberales, y viceversa.

Así perdemos todos. “Galería de perdedores” fue hace un año mi columna semanal, en mayo de 2017, contando seis candidatos de derecha mala que en lo que va del presente siglo perdieron elecciones a manos de los socialistas, por evadir la realidad, disimular lo grave de la situación, y rehuir el desafío ideológico y comunicacional de las izquierdas. Escribí luego “Presidentes desechables” en setiembre de 2017; y en otros artículos contra el “gradualismo” dije que no es una vía para hacer reformas, sino un pretexto para evitarlas.

Jaime Durán Barba, “estratega” y hacedor de discursos de Mauricio Macri, es el máximo exponente de toda una gama de crápulas y profesionales de la mentira, que lucran siempre en las elecciones con sus “consejos” a los candidatos para esconder la verdad con frases vacías y palabras bonitas, y así quedar bien con todos y ganar votos. Pregunto: ¿de qué vale ocultar el sol con un dedo? Ahora otra vez la verdad mató al “duranbarbismo”.

Los “ingenieros sociales” no creen en la economía de libre mercado, gestionada por los agentes privados. Seguidores de Keynes, creen en una clase de religión que llaman “macroeconomía”, cuyos dioses son ellos mismos, quienes “controlan las variables” como tasas de crecimiento, inflación, tipo de cambio, intereses, niveles de salarios y empleo, los “equilibrios” entre exportaciones y exportaciones, flujos de capital e inversiones, etc., mediante las “políticas económicas” manipulativas, en base a los “indicadores” estadísticos. Creen que la sociedad es una máquina y ellos “controlan” la velocidad, aceite, presión, temperatura, agua y combustible, etc., mirando agujas y números en los relojes.

Es una creencia utópica y desiderativa: con tantas manipulaciones arbitrarias de los gobiernos, que atropellan e irrespetan las leyes naturales del comportamiento económico, y casi siempre obedecen a presiones de los grupos de “intereses especiales”, alguna “variable” se termina “saliendo de control”, arrastra a las demás, y entonces cunde el pánico. Para colmo, los bruscos desajustes, reajustes y golpes de timón sobre y contra los mercados, generan nerviosos desacomodos y reacomodos en el cuadro político. ¡Siempre lo mismo!

En el sistema de libre mercado esto no sucede porque no hay intervencionismo gubernamental: los mercados constituyen mecanismos impersonales que se auto-regulan a sí mismos conforme a las leyes naturales y automáticas de la utilidad marginal, la oferta y la demanda, las valoraciones subjetivas y preferencias temporales, competencia, rendimientos decrecientes, precios de los factores, etc. Al respecto puede leerse “¿Qué significan las leyes económicas?”, tesis doctoral de mi querido maestro Joseph Keckeissen, publicada en español por la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala en 2014, y a la venta en Amazon.

Si a Ud. no le gustan las teorías económicas y las tesis doctorales, puede también buscar en fuentes objetivas y confiables la información empírica sobre los “leones africanos”, países como Mozambique y Ghana por ejemplos, que ya se sacudieron el marxismo y el keynesianismo, y su crecimiento anual es muy sostenido y va por el 7.5 %; eso es más de lo que hasta hace poco solo China podía mostrar, según el periodista Matthew Lynn en su nota “El rápido crecimiento de África se debe a la industria y los mercados libres”, en The Telegraph de Londres, 16 de setiembre de 2014.

Lynn dice que muchos observadores descartan el “milagro africano” como sólo un impulso a corto plazo, por la ayuda externa, o las alzas en precios de productos básicos. Todavía se quejan de que dominan las grandes potencias capitalistas, y los antiguos colonialismos son reemplazados por otros como China, que invierte cada vez más en África. Pero no. Lo que impulsa la creación de riqueza y la consiguiente reducción de la pobreza son los dos mismos factores cruciales que vio Europa hace 150 años, América del Norte hace 120 años, y parte de Asia tras la II Guerra Mundial: industrialización espontánea (no inducida artificialmente por los gobiernos), y mercados libres.

África tiene relativamente bajos el gasto estatal, los impuestos y la deuda. Los impuestos detraen sólo el 14 % del PIB en Nigeria, y la deuda pública es sólo el 10.5 %, cifra ínfima comparada con los países del antiguo “Primer Mundo”; y en toda el África subsahariana es de un 40 % del PIB. La deuda del sector privado es un 30 % del PIB, en comparación con el 200 % o hasta más en la mayor parte del mundo “desarrollado”. Adicionalmente, los “leones” disfrutan de una estabilidad democrática y política hasta ahora desconocida en África, en base a partidos sólidos y bien estructurados.

A estos africanos les va mucho mejor que a los latinoamericanos. ¡Comparemos y aprendamos!

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