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Domingo, 18 de Noviembre 2018


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Escribe:Tomás  González Pondal.-  Así como las feministas se hacen las no violentas y cada vez dan más pruebas de su violencia y odio, así también tenemos personas que dicen amar, y su “amor” va tan lejos que tratan al prójimo que desea el bien del otro de: “basura”; a su vez desean, juntamente –una vez más-, la muerte de quienes osan contrariar a la ideología de género. Ya lo sabemos: cuando no hay argumentos queda recurrir a los agravios.

Sirvan estas líneas para contrariar a quienes sostienen que tenemos odio a las personas y que promovemos ese odio. No solo yerran, sino que, voluntaria o involuntariamente, llevan a confusión a otros.

Se quejan de que juzgamos. Ellos con malas palabras y sin razones juzgan que no podemos juzgar, siendo que juzgamos con buenas palabras y buenas razones. Hacen gala de profusos y profundos conocimientos, pero su profundidad consiste en decir que “Dios no existe”, porque “eso” es todo una “mentira” de los que dicen que sí existe. Como si probasen algo diciendo que “eso es mentira”. Harían bien en reflexionar sobre el absurdo filosófico de Mr. Stephen Hawkins, que al final de sus días, por no querer admitir que hasta un micro punto debe tener una Causa, en adhesión a la nada, afirmó que de ella podía salir algo. Dicen solo admitir lo visible, pero no son capaces de dar una razón cabal de cómo hacemos para ver y tocar el “amor” que dicen tener. Ahh... perdón: me olvidé que hay quienes a veces suelen ir a trotar acompañados por “el amor”. Veré si encuentro “al amor” haciendo patinaje artístico. Ante la Causa Primera, Amor por antonomasia, es decir, Dios, también deberán presentarse aquellos que mueran negándolo. Sabrán entonces que Dios sí existe. Estos obstinados negadores son aquellos que tienen “aprisionada la verdad en la injusticia. Porque lo que se puede conocer de Dios es manifiesto en ellos, ya que Dios se lo ha mostrado. Porque lo invisibles de Él, su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles a la inteligencia a través de las cosas creadas” (Rom. 1, 18-20). Son aquellos que “se envanecieron en sus razonamientos y se oscureció su insensato corazón: presumiendo de sabios se hicieron necios” (Rom. 1, 21-22). En fin, son aquellos que por seguir “pasiones deshonrosas” vinieron a esto, a saber: que “sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza, y del mismo modo los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos de unos por otros, cometiendo torpezas varones con varones y recibiendo en sí mismos el pago merecido por sus extravíos” (Rom. 1, 26-27). Son quienes “no solo las hacen” –a las prácticas contranaturales-, “sino que también se complacen en los que las practican” (Rom. 1, 32).

Salen con la neurociencia. Seguramente pronto hallarán con ella la explicación y justificación a la infinitud de casos propuestos por la ideología de género. De modo que si alguien quiere ser extraterrestre y a tales efectos desea operarse todo por considerar que la “especie” del planeta del que viene es asexuada, para algunos está todo más que bien, porque la neurociencia dará una explicación de qué pasa por tal cabeza. Para estos tales seguramente la astronomía también dará satisfactoria explicación sobre la veracidad del planeta del que se dice proceder. No saben ya qué hacer para desvirtuarlo todo. Podemos conceder que la neurociencia hallará la explicación científica de ‘qué pasa’ en el cerebro del “extraterrestre” que dice estar encerrado en un cuerpo humano, y seguro la psicología podrá decir ‘qué pasa’ por su “cabeza”. Pero no quiere eso decir que sea algo bueno lo que está sucediendo; claro está que los LGBT+ y sus defensores dirán que sí, que lo que se produzca cerebralmente será sí o sí muy bueno.

No dudo en lo más mínimo que los defensores de la “opción sexual que quieras”, seguramente serán tan coherentes con su defensa, que hasta entregarían a su madre en brazos de un violador que la desee, pues el gusto por la violación es la opción sexual de un violador. Por mi parte, confieso no adherir a esos postulados. Sé que no faltará alguna neurociencia que pronto explique que mi cerebro funciona mal, y que por tal razón aún padezco una retrogradación que impide que admita como buenas las orientaciones sexuales de los demás.

A muchos les encanta repetir (¡oh sí, muy “científico” el argumento!) que los países llamados desarrollados tienen leyes que avalan la ideología de género, caso de Inglaterra. Es más, sostienen que eso es educación. No advierten que precisamente ponen los casos en donde aparece notable no una falta de desarrollo, sino la sencilla destrucción espiritual. Podrán tener en lo material rascacielos, pero en lo espiritual rascan infiernos. Se consideran “desarrollados” por poder, entre otras cosas, abortar seres humanos: sí, desarrollan una obra infernal.

Decir al mal, mal, es llamar a las cosas por su nombre. Si alguien no le gusta, es otro cantar. Pero no es odio señalar el mal. Recurren a una noción tergiversada de lo que es la discriminación. Y está unido a lo dicho sobre el mal. Al parecer nadie puede decir nada que contraríe a los ideólogos, pues estaría discriminando según las modernas miras de lo que se entiende por discriminar. Bajo estas últimas consideraciones deformadas y deformantes, no se le podría decir a un homicida que no mate, pues, quien lo hiciera, estaría discriminando al “pobre” tipo que ha decidido matar. Cuentos y más cuentos. Mientras tenemos una horda ideológica que desprecia el bien, la verdad, lo recto y el orden; en otras palabras, mientras tenemos una ideología de género que discrimina real y perversamente lo dado por naturaleza para dar rienda suelta a todo tipo de antojos, intentan, a su vez, venir a imponer silencio a todos los que se le opongan. Imponen, escudados en lo que entienden por discriminación, que tengamos que aceptar lo que no es, como si fuera; pero no aceptan que uno pueda ver las cosas no como si fueran sino como son. La ideología de género va por la educación de los hijos: discrimina lo que los padres piensen, no le importa. Ella quiere imponer su visión retorcida para así retorcer. En definitiva, la ideología de género discrimina con perversidad. Hay quienes torpemente llegan a decir que quien promueve la tolerancia para con la ideología de género, está luchando contra el pecado. De modo que, por ejemplo, arruinarle la mente a los niños enseñándoles actos contranaturales, está bien y no es pecar. Ahora el pecado es oponerse a una ideología bestial.

Los defensores de la ideología de marras manifiestan que el orden puesto por Dios en la naturaleza no debe respetarse, y a eso lo ven como un bien y lo enseñan como una obra de amor. Pero si usted les dice que eso está mal, le dirán que usted es una basura y que lo que enseña es obra del odio. Corregir al que yerra y dar consejo al que lo ha menester, siguen siendo obras de misericordia, aun cuando ahora el mundo moderno sostenga que la misericordia es odio.

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