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Lunes, 18 de Febrero 2019


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Nick sss jaz

Escribe: Vicente Montesinos.- Un video que se ha vuelto “viral” en internet ha arruinado las vidas de un grupo de estudiantes de una escuela católica en Covington, Kentucky. Arruinó la vida de uno de ellos, en particular, Nick Sandmann. En el video, que se remonta al viernes pasado, vemos al estudiante sonriendo frente a un nativo estadounidense que toca el tambor y entona una canción tradicional.

No había ningún daño en el niño que sonríe frente a un hombre que toca y canta, mientras que alrededor otros muchachos se ríen, bromean, insinúan algo de ballet...

Pero el hombre es un nativo americano. Los chicos son blancos y usan la gorra de Donald Trump, Make America Great Again...

La imagen fue difundida de inmediato con mensajes políticos y morales: el nativo americano era un veterano de Vietnam, los muchachos que se “burlan de él” son jóvenes conservadores católicos antiaborto, los nativos americanos solo querían jugar en paz, los niños lo rodeaban, lo intimidaban y le impedían pasar... Todo muy simbólico, para hacer una película y nuevos tratados sobre sociología en la web: las redes sociales se han saturado de insultos dirigidos a los niños con la gorra de Trump.

Lástima que ... todo es falso, aunque la irresponsabilidad de los “políticamente correctos”, avidos de difundir mensajes anti-Trump, anticatólicos, anti... todo lo que mola enfrentar, haya hecho el resto del daño.

Por eso nos hemos tomado la molestia (que debieran tomarse otros, si no fuera porque eso no les interesa, y no dejan que una verdad les estropee un buen titular) de investigar lo que estaba sucediendo. Y no era otra cosa que lo siguiente:

Nick Sandmann, (nombre del estudiante) está a la espera de subir a un autobús, junto con el resto de chicos, en el monumento a Lincoln, en el centro de Washington . Todos están regresando de la Marcha por la Vida, una manifestación masiva de la cual hay poco rastro en las noticias de ese día (ya empezamos a entender más cosas). El gran grupo de estudiantes católicos es abordado por un grupo de afroamericanos vestidos de negro, armados con la Biblia, y con un cartel que representa las 12 tribus de Israel. El grupo de afroamericanos pertenece a una secta llamada “judíos de Israel”: están convencidos de que los esclavos negros descienden directamente de las 12 tribus de Israel.

Los “Judios de Israel” comenzaron a insultar a los chavales y a decirles “racistas”, “intolerantes”, “maricones” y “niños de incesto”, diciendo que tienen pruebas de que Trump es gay y gritando consignas con celo fanático. Se dirigieron a un estudiante afroamericano pro-vida diciéndole que sus compañeros venderían sus órganos, entre otras lindezas. Después de un tiempo, los católicos comienzan a reaccionar cantando sus himnos deportivos y sus canciones escolares. Es en este punto de la escena donde entra el elemento surrealista: un pequeño grupo de nativos americanos.

Uno de ellos tenía el tambor y cantaba canciones tradicionales.Y ello despierta la de curiosidad, y una mezcla de hilaridad en el gran grupo de estudiantes pro-vida. Nada más. Eso es todo. Nadie tuvo la intención de intimidarlos o evitar que se fueran. Los nativos americanos, que se encontraban en la zona para su manifestación, la “Marcia dei Popoli Indigeni”, se van tan silenciosamente como habían llegado. Y es en ese momento cuando el video del “escándalo” fue filmado.

Cabe señalar, sin embargo, que en el video en sí no se escuchan insultos y ninguno de los niños levanta la mano o intimida a los nativos americanos. Nathan Phillips, un anciano de la tribu de Omaha, que se describió a sí mismo como un veterano de la guerra de Vietnam y que denunció el comportamiento agresivo de los niños, fue el personaje principal en este asunto. Los describió como “bestias” y dijo que se sentía amenazado y ridiculizado por ellos. Nick Sandmann estaba a unos centímetros de distancia. No habló ni reaccionó, solo sonrió. Más tarde, en su testimonio, dijo que se obligó a sonreír para evitar que la situación se agravara. Mentalmente estaba orando para mantener la calma.

Pero esa sonrisa fue vista por todos los espectadores como “arrogante”, evidentemente porque están condicionados por la historia del episodio. Cualquiera que vea a un niño sonriendo no cree que sea arrogante, pero si el propio niño es descrito como el atormentador con la intención de perseguir a su víctima (un nativo americano en ese entonces), entonces la percepción cambia dramáticamente.

Hay muchso más vídeos. Hay muchas más grabaciones. Pero sólo interesaba grabar, ver, y difundir, una foto fija.

En un video podemos ver que el alboroto ya había comenzado, entre el grupo de estudiantes y los “judíos de Israel”. El nativo americano, lejos de ser rodeado o atacado, se acerca primero, por iniciativa propia, a los pro-vida.

En un segundo video se puede ver cómo uno de los nativos americanos insulta fuertemente a los estudiantes católicos, diciéndoles que regresen a Europa. Luego vemos el intercambio posterior de insultos, pero también risas, con el grupo de afroamericanos “judíos de Israel”.

Así se aprecia claramente en los vídeos difundidos por La Nuova Busola de Italia.

Pero es que en el video mas largo, también publicado en el sitio web de la CNN, se puede ver el intercambio verbal de insultos, pero también de risas, en el grupo de afroamericanos “judíos de Israel” y luego la llegada del grupo de nativos americanos, acogidos por los estudiantes con risas, bailes y canciones, a coro, en un clima de espíritu estudiantil general. Nadie es amenazado, rodeado, ni se le hace nada de lo que se intentó vender como “el gran ataque de los estudiantes pro-Trump”, y por ende, “el gran ataque del malvado Trump”.

Sin embargo, el primer video y la primera versión del episodio que contaron los medios de comunicación y que se difundió durante los pasados ​​viernes y sábado, fue suficiente para arruinar la vida de Nick Sandmann, su familia y sus compañeros de clase. The New York Times , un periódico de referencia en los Estados Unidos, ha titulado “Niños con el sombrero de Trump atacan a un anciano de la Marcia dei Popoli Indigeni”. Posteriormente hubieron de corregir el titular, sustituyendo “asalto” por “discusión”. Pero la sensación de agresión se mantiene. Solo el domingo, hubieron de sacar una nota editorial específica, aunque muy pequeña: “Las entrevistas y los videos adicionales nos dieron una imagen más completa de lo que sucedió durante la reunión, incluido el hecho de que los nativos americanos se acercaron a los estudiantes“. Sin embargo, las rectificaciones ocupan cada vez menos espacio y menos titulares. Entre tanto, y ya en Europa, los progres difunden el primer vídeo con denuedo y entusiasmo. ¿Qué importa la justicia, si hay gusto en el mensaje que se quiere vender? Es lo que toca.

Los insultos han llovido desde todas las direcciones, incluso de profesionales de la información y medios de comunicación VIP . Bakari Sellers, un abogado, ex político de CNN y comentarista, describió a los chicos de Trump como “deplorables“. Siguiendo una moda lanzada por Madonna durante la campaña electoral, Sarah Beattie, autora de Saturday Night Live, prometió sexo oral a cualquiera que golpee en la cara a “el niño Trump”. Ese es Nick Sandmann. Kathy Griffin, la comediante, ha pedido en los últimos días a la escuela en Twitter que revele los nombres de todos los estudiantes, para que todos puedan avergonzarse de ellos.

Todavía no había dado hasta hace nada marcha atrás el obispo de Covington, monseñor Roger Joseph Foys, que fue uno de los primeros en lanzarle la piedra a sus hijos. Claro. Eso de defender la vida y a Trump... Uff... Señor Obispo... ¿Ya no se lleva, no?

Así es que entre la maldad de los creadores de la notica, la estupidez de los difusores, y la cobardía de los de casa, la única verdad es que estos chavales están viviendo un tormento. Pero... ¿A quién importa eso? Si fueran feministas radicales, miembros del Lobby LGTBI o líderes populistas de izquierda, otros gallo cantaría... Pero... ¿A quién le importan unos niños católicos pro vida? Por favor... Cuanto más crueldad mejor... Mientan, que algo queda... En este caso queda todo... Y después, a presumir de ser justos, tolerantes y guays.

Es lo que tiene la enfermedad de nuestra actual sociedad.

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