Buscar en LA ABEJA:

Jueves, 20 de Setiembre 2018


Frase Cabecera 245px

 

Escribe: Héctor Ñaupari.- Arthur Rimbaud, causante del rompimiento del matrimonio de su amante Paul Verlaine, desertor y traficante de armas. William Burroughs, morfinómano y asesino involuntario de su esposa Joan Vollmer, a la que le disparó en drogas creyéndose Guillermo Tell. Maurice Sachs, estafador, ladrón, espía de la Gestapo. Jean Genet, ladrón también, prostituto, falsificador de documentos, rufián, con diez condenas y a punto de ser sentenciado a cadena perpetua. Louis Ferdinand Céline, confeso antisemita, colaboracionista con los nazis, declarado desgracia nacional en Francia. Norman Mailer, alcohólico, agresor de su segunda mujer, a la que acuchilló, “descubridor” del asesino devenido en escritor Jack Abbott, al que logró poner en libertad y que volvió a asesinar a poco de salir de la cárcel.

 

Todos estos escritores delincuentes – y muchos más, porque la lista es muy larga – comparten dos rasgos en común: ser grandes renovadores de la literatura de su tiempo, y ser a su vez protegidos o mimados por amplios sectores culturales, “progresistas”, bien o mal pensantes, que pasaron por agua tibia sus crímenes, los negaron abiertamente, o los silenciaron con bochornosa complicidad, en nombre de la amistad, del compadrazgo ideológico – todos, en diversa medida, compartían las siniestras coordenadas de la izquierda, desde el nacionalsocialismo hasta el anarquismo y el comunismo – y de esa actitud en manada tan propia del socialismo, donde cualquier condena a alguien de los suyos es una abierta concesión al enemigo, y que se sintetiza de manera rotunda en la frase de uno de sus santones, Jean Paul Sartre: L’enfer c’est les autres – el infierno son los otros –. Y, claro, el reverso de esa moneda nos dice: el paraíso somos nosotros.

 Gustloputver

El tema viene a cuento porque el escritor y crítico literario progresista Gustavo Faverón ha sido acusado de acosar sexualmente a una decena de mujeres a través de las redes sociales. Y ha sido, por supuesto, defendido con uñas y dientes por esa progresía limeña con los mismos y manidos argumentos de siempre: desde la patética comedia de errores – de ¡mujeres! que intentan hacer parecer gracioso el acoso sexual: a mí también me mandaron mensajes insinuantes y me pareció divertidísimo – hasta la descalificación abyecta de las ultrajadas y señalar a quien ose denunciar estos hechos de ser poco menos que un sátiro, un inmundo y un deshonesto. Mención aparte merecen los grandilocuentes calificativos sobre la obra literaria del acosador, que más que por ésta – escasa, por lo demás – es de sobra conocido por vituperar a sus reales o imaginados enemigos ideológicos, políticos, culturales, literarios y otros, a extremos de obsesivo delirio, sin tregua ni cuartel, pero sólo a través de las redes, nunca cara a cara, y que explicaría, en primer lugar, porque la emprende contra señoritas por medios virtuales con esa misma impertinencia; y, en segundo término, porque, en lugar de afrontar con un mínimo de dignidad estas acusaciones tan fáciles de desbaratar de ser falsas, sencillamente haya decidido cerrar sus cuentas y que, como bien señala el colectivo Ni una menos, haya dejado “a las denunciantes solas y expuestas en el debate público, mientras que (Faverón), convenientemente, desaparece del mismo, (hechos que) han despertado reacciones que no podemos sino rechazar de manera tajante. (…) Esperamos que las mujeres que han hecho pública su denuncia encuentren justicia. Esperamos, también, que el acusado no se esconda detrás del cierre de sus redes sociales, sino que dé la cara”.

 

Pero, con todo lo penoso que tiene este asunto, hay que resaltar dos cosas todavía más lastimeras. La primera, que Gustavo Faverón no es – hasta ahora – Rimbaud, ni Burroughs, ni Genet, ni Céline, ni Mailer. No es el gran modernizador de la narrativa peruana, como Mailer de la americana. No es el poeta que da el paso siguiente al género príncipe, como Rimbaud en Francia. No es el padre de una generación literaria – los beat – como Burroughs. No es quien lleva la lengua de los bajos fondos franceses a una nueva frontera, como Céline. No es el autor de la gran obra crítica que desentrañe, a través de las obras de nuestros escritores y poetas, el por qué somos los peruanos cómo somos y cómo seremos mejores o estamos condenados a permanecer así. Sus pésimas acciones ni siquiera alcanzan la cota de perversa fascinación que, en el caso de los literatos reseñados al inicio de este artículo, les hace todavía más interesantes, si cabe. Que sus defensores sepan esto, pues lectores instruidos son, y lo callen deliberadamente para decirnos lo distinguido y buen escritor que es, dice mucho de ellos. ¿A quién y qué defienden?

 

La segunda, que resulta nauseabundo que la progresía peruana quiera que nos tomemos, porfiadamente y a la fuerza, la sopa rancia de su doble moral.

 

 

Quienes somos contrarios a su pensamiento no nos autonombramos los campeadores de la rectitud, la honradez, la vida sin sombras, la transparencia, la ética y la alta cultura. Eso se demuestra con acciones, no se dice con frases huecas. Se prueba, como los metales, a las altas temperaturas, no con palabras fáciles que se lleva el viento. Quien vive con ética no necesita colocarlo en redes, lo hace en silencio, solo y mirándose al espejo. De hecho, es de una arrogancia fatal señalar a todos los que no piensan como ellos de inmorales, deshonestos, sinuosos y transgresores a la decencia de las que ellos son supuestos adalides. Los liberales – y otros muchos más – sabemos, desde Bertrand de Mandeville, que los humanos actores no somos malos ni buenos: simplemente somos. Que preferimos mantener nuestras virtudes, públicas y nuestros vicios, privados. Que así como somos capaces de cosas monstruosas, que niegan nuestra humanidad más elemental, también logramos actos heroicos, de una generosidad y bondad que conmueven nuestras fibras más íntimas. Somos así y no podemos cambiarlo coercitivamente: crear un hombre nuevo de modo vertical termina por despojarnos de nuestra humana condición, como comprobamos de la pesadilla que fueron los socialismos realmente existentes. Y, por ello mismo, el atentado contra la sanción social hacia quienes verdaderamente lo merecen es el peor daño que esta progresía nos hace como sociedad: porque, si ellos defienden a uno de los suyos de la misma inmoralidad o deshonestidad que condenan, nada impide al verdadero deshonesto, al inmoral o al criminal hacer lo mismo. Esa doble moral es la puerta abierta por la que los malvados entran a nuestras casas y se sientan en nuestras mesas. Por el bien de todos, estamos a tiempo de cambiar con esa doble moral, convenida y vil, antes que nos destruya del todo, como personas, como sociedad y como país. Hagámoslo, para ser en verdad mejores.

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *