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Viernes, 22 de Febrero 2019


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25328 el travestismo elevado a teoria sobre la identidad sex

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Hace unos días, el Presidente de la Comisión Episcopal de Familia, Infancia, Defensa de la Vida y Bioética, publicó un fortísimo documento en el cual llama a los peruanos de buena voluntad a defender la vida del no nacido y la familia que vienen siendo amenazados por los llamados “derechos sexuales y reproductivos” y la “ideología de género”. El objetivo del documento es el de advertir el “avance silente y escondido” de iniciativas como la píldora del día siguiente y la autorización reciente de la píldora de los cinco días. Al mismo tiempo, insiste que la ideología de género ha sido oficializada por el Ministerio de Educación para que ingrese nada menos que en la currícula escolar a partir del 2017. Adicionalmente, el documento señala la peligrosísima situación que vive el Perú: que la mayoría de medios de comunicación son pro aborto y pro ideología de género, de tal manera que además de difundir estas visiones contrarias a la mayoría de la población peruana, silencian, blindan o están de acuerdo a todas estas iniciativas del gobierno, de tal manera que la población se encuentra desarmada para escuchar las protestas de la población y de las plataformas con tremenda mayoría pro vida y pro familia y a esta inmensa mayoría los medios no les dan cabida. El mismo Papa Francisco ha denunciado hace pocas semanas los avances a nivel mundial de esta desastrosa ideología denominada de “género”. Pero, ¿En qué consiste esta “ideología de género”?

La misma feminista radical Judith Butler, en su libro: “Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity” la define: “El género es una construcción cultural; por consiguiente, no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo…Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras…”. Lo dice ella misma: un artificio. Definitivamente esto parece pura ciencia ficción en donde el sentido común brilla por su ausencia. Las Naciones Unidas comenzaron a difundir esta ficción intelectual desde la Cumbre de Pekín en 1995 y la definen como: “El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno y otro sexo”, definición que es corroborada por Bella-Absug, exdiputada del Congreso de los Estados Unidos que señala: “El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo, para expresar la realidad de que, la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”. En otras palabras, el sexo es una creación mental y que al constituir meras “construcciones sociales”, es creado por la mente humana. Toda una ficción como cuando un escritor escribe sobre extraterrestres en el espacio.

Lo mejor de esta ficción son la terminología y las definiciones que utiliza como, por ejemplo: “Perversidad polimorfa, sexualmente polimorfo: los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza; sino, más bien, por un condicionamiento de la sociedad. Así, el deseo sexual puede dirigirse a cualquier”. Otro ejemplo: “Heterosexualidad obligatoria: Se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro”; y finalmente: “Preferencia u orientación sexual: Existen diversas formas de sexualidad –incluyendo homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis- como equivalentes a la heterosexualidad”.

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San Joselitoo

Escribe: Alfredo Gildemeister.- El pasado domingo 16 de octubre, el Papa Francisco canonizó a siete nuevos santos. En una multitudinaria eucaristía celebrada en la plaza de San Pedro, el Papa explicó que los santos son “hombres y mujeres que entran hasta el fondo del misterio de la oración”.

 

Hombres y mujeres que “luchan con la oración”, “dejando al Espíritu Santo orar y luchar en ellos”. Entre estos santos, llama la atención el joven mexicano José Sánchez del Rio, muerto mártir a los 14 años de edad. ¿Quién fue este joven santo? Nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuyo, en el estado de Michoacán, México, asistió a la escuela de su ciudad natal y sucesivamente en Guadalajara. Joselito, como le decían en su pueblo natal, tenía 13 años cuando estalló la denominada “guerra cristera” en México en 1926. Sus hermanos se unieron a las fuerzas rebeldes al régimen violento y anticristiano que se había instaurado en el país. En un primer momento, la madre de Joselito no lo dejó unirse a los rebeldes pues era muy joven aún. El general Prudencio Mendoza, General de los “cristeros”, como se les llamaba a los rebeldes por ser católicos seguidores de Cristo, también rechazó que se enlistara. Sin embargo, pasado un tiempo y con 13 años de edad, se alistó y le concedieron llevar nada menos que el estandarte. El niño insistió que quería tener la oportunidad de participar en el conflicto. Las palabras que convencieron a su madre para que lo dejasen ir fueron las siguientes: "Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora". Meses más tarde, durante una lucha muy dura el 6 de febrero de 1928, el caballo del general Guízar Morfín fue impactado por las balas enemigas y José le dio el suyo diciéndole: "Aquí está mi caballo. Usted hace más falta a la causa que yo". Joselito dejó su caballo por lo que terminó cayendo prisionero.

 

El posterior martirio y muerte de José fue presenciado por dos de sus amigos de la infancia. El viernes 10 de febrero lo sacaron de la parroquia al mesón general del ejército federal. Luego de conminarlo a que renegara de su fe y no lograrlo, pues José se mantuvo firme, procedieron a desollarle las plantas de los pies. Como seguía firme y los soldados no lograban que renegase de su fe, lo obligaron a caminar descalzo con los pies desollados por la calle Insurgentes de Sahuayo, hasta topar con lo que hoy es el Instituto Sahuayense. Luego de dar vuelta al Boulevard, continuaron hasta llegar al panteón Municipal. Cuentan los testigos que, durante todo el trayecto, José iba dando gritos y vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Llorando, pero a la vez rezando por el camino, le fue señalada su tumba y poniéndose al pie de ella fue sometido a ahorcamiento para luego ser apuñalado por sus verdugos. Uno de ellos, Rafael Gil Martínez apodado "El Zamorano", lo bajó del árbol donde había sido colgado y le preguntó: “¿Qué quieres que le digamos a tus padres?” A lo que José respondió con voz de mucha fatiga: “Que viva Cristo Rey y que en el cielo nos veremos”. El verdugo sacó su pistola y lo mató de un tiro en la sien. Eran las 11:30 de la noche en Sahuayo, Michoacán. Su cuerpo fue arrojado a la tumba y enterrado allí mismo, sin ataúd ni mortaja alguna. José sólo tenía 14 años de edad.

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1ViajedeColon

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Nunca imaginó el almirante Don Cristóbal Colón que aquella mañana del 12 de octubre de 1492, se llevaría el chasco de su vida. Al anochecer del día anterior 11 de octubre, mientras las tres carabelas navegaban una detrás de la otra en medio de un océano desconocido –ya los marineros habían intentado amotinarse poco antes aterrados de navegar hacia lo desconocido y no hallar tierra-, el marinero sevillano de La Pinta, Juan Rodríguez Bermejo –que algunos llaman Rodrigo de Triana- comenzó a gritar “Tierra, tierra”. Colón salió de su camarote en la Santa María y miro con detenimiento el horizonte. Efectivamente, una línea oscura se atisbaba en el horizonte. Mandó avisar a las otras naves, que navegaban retrasadas con un disparo de falconete. Todos los marineros prorrumpieron en gritos de alegría y vítores. El más alegre era Juan Rodríguez –el vigía que había sido el primero en ver tierra- debido a que se había ganado los diez mil maravedíes prometidos por los reyes y el jubón que había prometido Colón al primero que avistase tierra. Sin embargo, Colón declaró que la recompensa le correspondía a él mismo, pues dijo que él había sido el primero en ver tierra. ¿Cómo así?

 

En su diario, Colón reconoce que fue el marinero Juan Rodríguez el primero en avistar tierra, pero agrega que él mismo había percibido una luz horas antes, como a eso de las diez de la noche “…aunque fuese cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra”. Rodríguez vio tierra a eso de las dos de la madrugada ya del amanecer del 12 de octubre. Se ha calculado que a la hora que Colón vio la luz, la Santa María distaría entre 40 y 80 kilómetros de tierra. La historia de la luz puede que fuese cierta ya que hoy en día a persistido la costumbre de los indígenas de encender hogueras en los acantilados para mantener a los mosquitos alejados de sus viviendas. Estas hogueras son visibles a 28 millas de distancia. Sea cual fuese la verdad, Colón se quedó con la recompensa y ordenó que la flota permaneciera al pairo hasta el amanecer. Sería peligroso acercarse a tierra sin conocerla antes. La noche se hizo lenta pues Colón y toda la marinería ya soñaban con las sedas, el oro, las especias y toda la riqueza que les esperaban ya que pensaban que habían arribado al Catay o al Cipango, lo que hoy sería Japón y China.

 

Luego que amaneció, Colón costeó la isla hasta encontrar un lugar adecuado para desembarcar, soltaron velas y se acercaron a tierra. Averiguaron que la isla se llamaba en idioma indígena Guanahaní, a lo que Colón la bautizó como San Salvador. “Luego vieron gente desnuda y el almirante desembarcó

en barca armada, con bandera real. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El almirante llamó a los demás y al escribano real y dixo que le diesen por fe y testimonio como él tomaba posesión de la dicha isla por el Rey y por la reina sus señores”. Poco a poco fueron saliendo grupos de indígenas de entre los árboles y agrupándose en la hermosa playa de fina arena blanca. Miraban a los españoles como si fueren criaturas celestiales. Colón repartió algunos gorrillos marineros y cuentecillas de pasta vítrea, esto es, de vidrio. Los observaba minuciosamente con atención, buscando señales de oro en sus desnudeces. ¿Serían estas sonrientes gentes los chinos y japoneses de estas lejanas tierras, de los que tanto habló Marco Polo?

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angamos

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Aquella mañana en Angamos, poco antes de abrir fuego el monitor Huáscar, Grau sabía que su destino estaba trazado y que hoy sería el día en el que su deber sería cumplido hasta el final, por lo que luego de rezar una oración a Santa Rosa, santa de la cual era muy devoto, y luego de encomendarse a Dios, ordenó a la Unión partir rauda hacia Arica y quedarse solo para enfrentar a los seis buques chilenos que se le venían encima, especialmente a los dos grandes acorazados como lo eran el “Cochrane” y el “Blanco Encalada”. Lo que sucedió ya es historia. En medio del combate y por alguna extraña razón, el almirante Grau –desde la mirilla de la torre de mando- miró por última vez el horizonte recordando a su Piura natal, a su amada esposa Dolores y a cada uno de sus hijos. Unos minutos después, poco antes de las diez de la mañana, moría despedazado por una granada disparada por el “Cochrane”.

 

Una hora más tarde, el ciudadano británico Edwin B. Penton subía a la cubierta del glorioso monitor aquella mañana del viernes 8 de octubre de 1879. Lo que vio, lo dejó simplemente horrorizado. Penton pertenecía a la dotación del “Cochrane”. Así describe dicho ciudadano sus impresiones esa mañana al abordar el buque con otras personas: “Lo primero que vieron nuestros ojos fueron trozos de cubierta, pedazos de madera, hierro, proyectiles rotos y numerosos artículos, todos mezclados con los cuerpos de los muertos, los moribundos y los heridos… algunos sin cabeza, otros sin brazos, otros sin piernas y algunos sólo con troncos, algunos con sus ropas quemadas, otros con los botones de sus chaquetas desprendidos, quemados por efecto de los proyectiles. Este desagradable espectáculo era igualmente malo tanto abajo como en cubierta, cuerpos que yacían a montones, encima, a lo largo y cruzados unos con otros entre los escombros, tal como cayeron. En un grupo al extremo posterior de la nave yacían siete hombres formando un montículo, quienes habían sido muertos por efecto de una granada explosiva que había atravesado la nave. Estos hombres estaban atendiendo la rueda de manejo del barco. El hombre de encima no tenía cabeza. A cualquier parte que íbamos, en cubierta, abajo, en la torre, en el cuarto de máquinas y en todas partes, encontramos cadáveres que habían caído en diferentes actitudes, un horror de describir… estas visiones tremendas superan toda descripción”.

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