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Martes, 21 de Noviembre 2017


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carabelas de colon

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Mucho se sorprendieron los habitantes del puerto de Palos cuando en la mañana del 23 de mayo de 1492, un pregonero municipal tocó su cornetilla en la puerta de la iglesia de San Jorge. Una vez que pueblo estuvo reunido, procedió a dar lectura a un decreto de los reyes católicos. Sus majestades conminaban al pueblo a contribuir con hombres y medios al proyecto de un tal Cristóbal Colón, en pago de una vieja condena por “algunas cosas fechas e cometidas por vosotros en deserbicio nuestro” (posiblemente violación del tratado suscrito con Portugal sobre derechos de explotación en las costas de África). Por ello, se condenaba a Palos a servir a los reyes con dos carabelas armadas “a sus propias costas expensas” por espacio de dos meses “e agora, por quanto Nos avemos mandado a Christóbal Colón que vaya con tres carabelas para ciertas partes de la mar oceana... queremos que lleve consigo las dichas dos carabelas”. Colón debía pues designar los tres navíos. Se escogió un puerto de propiedad de la corona, como Palos, pues casi todos los puertos del litoral atlántico-andaluz eran de particulares.

¿De qué iba todo esto? Pues que a un tal Colón, marino genovés para más, se le había ocurrido nada menos que descubrir una nueva ruta -nada menos que por el oeste- hacia el Cipango (Japón) y al Catay (China), con el objeto de poder traer a España las famosas y tan codiciadas especias de manera más directa, que bordeando la costa de África como venían haciendo los portugueses. Para ello hacía siete años que venía gestionando con los reyes la aprobación de su proyecto. Finalmente, una vez tomada Granada a los moros y terminada la guerra, los reyes decidieron aprobar el proyecto del referido Colón. Sin embargo, faltaba determinar el pequeño detalle de los costos del proyecto. Los reyes no tenían donde caerse muertos. Luego de una larga guerra contra los moros, la corona prácticamente estaba quebrada. La famosa leyenda que dice que la reina donó sus joyas a Colón para la expedición es totalmente falsa. No existían las susodichas joyas puesto que estaban empeñadas desde hacía tres años con diversos prestamistas que sufragaron la campaña de Granada. ¿En qué terminó esto? Pues en que los reyes pusieron 1’400,000 maravedíes; Colón 500,000 maravedíes y la comunidad de Palos -en aplicación del famoso decreto de los reyes- 350,000 maravedíes. Cerca pues de dos millones de maravedíes costaría el viajecito de Colón. Obviamente que la Corona tuvo que endeudarse nuevamente para obtener el referido monto. Lo mismo hizo el propio Colón, al que le prestaron diversos banqueros genoveses afincados en Andalucía. Y la cantidad de la comunidad de Palos fue lo que se obtuvo de la multa por sus “deserbicios” a los reyes. El sueldo de las tripulaciones lo asumieron los reyes y adelantaron cuatro meses de sueldos.

 

Segundo problema: ¿De dónde demonios enrolar marineros que acepten participar en un viaje hacia el oeste, tomando en cuenta que todos saben que la Tierra termina en un espantoso abismo sin límites? Colón quería enrolar hombres onubenses, de las costas andaluzas, pues eran “buenos y cursados hombres de la mar”. Estos hombres estaban acostumbrados a viajar por los océanos, eran osados y tenían experiencia navegando por las costas de África hasta Guinea en busca de mercancías y esclavos, o también como pescadores, mercaderes e inclusive como corsarios o piratas. Eran de la peor ralea, pero valientes y decididos. Buenos marineros por lo general. Para ello recurrió a los hermanos Pinzón. A raíz de las mencionadas multas, nadie quería navegar con Colón. Era un secreto a voces su intento de descubrir nuevas tierras por el oeste por lo que los marinos “se reían dello y lo tenían por loco”. Fray Antonio de Marchena presentó a Martín Alonso Pinzón a Colón. Al parecer Colón convenció a Pinzón de la viabilidad del proyecto y le ofreció parte de los beneficios. Pinzón resolvió los problemas de Colón. Martín Alonso comandaría la segunda carabela y su hermano Vicente la tercera. Además de buenos marinos, gozaban de gran prestigio en la comarca siendo excelentes armadores. El hecho que los hermanos Pinzón participaran en el proyecto de Colón hizo que los marinos de la comarca se enrolasen sin dudarlo. Confiaban en ellos, además que el mismo Martín y Vicente irían en el viaje. Los hermanos animaban a sus hombres de esta manera: “Amigos, andad acá: venid con nosotros esta jornada, ¿qué andáis misereando? Venid esta jornada que según fama habemos de fallar las casas con tejas de oro y todos vernéis ricos e de buena ventura”. Definitivamente el oro constituía también un gran estímulo.

Tercer Problema: ¿Dónde conseguir tres carabelas o naos? Primero escogieron la nao “Santa María”, también llamada “La Gallega”, de tres mástiles y doscientas treinta toneladas. A Colón sin embargo nunca le agradó la Santa María. Opinaba que “era muy pesada y no apta para el oficio de descubrir”. Esta nao se incorporó a la flotilla ya que su dueño, Juan de la Costa, y parte de su tripulación también se incorporó a la expedición. Las otras dos naves fueron dos carabelas escogidas por Pinzón personalmente. La “Niña” era propiedad de Juan Niño y era la nave más pequeña. La “Pinta”, construida por un tal Pinto su primer propietario, era en esos momentos de propiedad de Cristóbal Quintero. Era de diseño más larga y esbelta que la Niña. Quintero también participó, medio a regañadientes, en el viaje. Era desconfiado y quería personalmente cuidar su nave.

En total participaron en la expedición ochenta y siete hombres. Entre ellos cuatro condenados a muerte que se acogieron a la carta de perdón concedida por los reyes. Los demás eran hombres libres vecinos de la zona. También hubo un buen número de vizcaínos, tres italianos y un portugués. Fue así como estos valientes hombres partieron en la expedición que cambiaría para siempre la historia de la humanidad puesto que, sin saberlo, descubrirían un mundo totalmente diferente al suyo. Sería algo equivalente a como si hoy los Estados Unidos enviaran una nave tripulada a Marte y esta descubriera no solo vida humana, sino diversas civilizaciones, riquezas, ciudades, tecnología avanzada, etc. todo un nuevo horizonte inimaginable, que ni siquiera el mismo Colón pudo vislumbrar. Narra Las Casas que, fue así como: “Puesto su despacho todo en perfección, jueves a dos de agosto, año de 1492, mandó Colón embarcar toda su gente, antes que el sol saliese con media hora, hizo soltar las velas y salió del puerto y barra que se dice de Saltes, porque así se llama ese rio de Palos”. Todo el pueblo los despidió. La despedida fue muy emotiva, pero con sabor a funerales. Un testigo relata: “Todos daban por muertos a Colón y a todos los que con él iban, y estaban seguros de que no habría de regresar ninguno”. Así fue como aquella mañana, estos valientes partieron hacia lo que nunca imaginaron que verían sus ojos: un nuevo mundo.

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