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Jueves, 19 de Octubre 2017


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colon

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Cuando en el claro amanecer de un 12 de octubre de 1492, el almirante Cristóbal Colón soltó velas a su carabela -la Santa María- y precavidamente se acercó a tierra, subió a su barca y desembarcó con parte de su tripulación, en una hermosa playa de relucientes arenas blancas. ¿Estaba en el paraíso terrenal? La noche había sido interminablemente larga. Colón y toda la marinería ya soñaban con las sedas, oro, especias y toda una gran riqueza que les esperaban en tierra puesto que creía que habían arribado al Catay o al Cipango, lo que hoy sería Japón y China. Una vez desembarcados, Colón pone rodilla en tierra y con la espada en una mano y el estandarte de Castilla y León, toma posesión de esas tierras en nombre de los reyes católicos. Posteriormente pudo averiguar que la isla se llamaba en idioma indígena Guanahaní, a la que don Cristóbal bautizó como San Salvador. El escribano de Colón anotó: “Luego vieron gente desnuda y el almirante desembarcó en barca armada, con bandera real. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El almirante llamó a los demás y al escribano real y dixo que le diesen por fe y testimonio como él tomaba posesión de la dicha isla por el Rey y por la reina sus señores”. Desde el tupido follaje de la selva fueron saliendo grupos de indígenas desnudos, agrupándose en la hermosa playa de fina arena blanca. Miraban a los españoles como si fueren criaturas celestiales. Colón repartió algunos gorrillos marineros y cuentecillas de vidrio. Colón los observaba minuciosamente con atención y luego su rostro se fue transformando y pasando de fino observador a un rostro de extrañeza y sorpresa. Comenzó a buscar señales de oro en sus desnudeces y no encontraba señal alguna de esas riquezas. ¿Acaso serían estas buenas gentes los chinos y japoneses de estas lejanas tierras, de los que tanto habló Marco Polo?

 

Entonces, ¿Dónde demonios desembarcó Colón? Las cartas marinas que llevaba bien guardadas y escondidas no podían mentirle. Tampoco la información que le diera hace años aquel piloto moribundo de tierras allende los mares no podía ser falsa. ¿Qué secreto guardaba Colón? Se decía -y hasta el día de hoy es tema de debate- que Colón guardaba en secreto cierta información de un piloto desconocido que llegó antes al nuevo mundo; así como que poseía escondido un mapa elaborado por Toscanelli con información relevante que demostraba la viabilidad de su proyecto. El padre Las Casas escribe en una carta fechada en 1527 lo siguiente: “Era muy común en la colonia de la Isla Española platicarse, que una carabela que había salido de un puerto de España...o de Portugal y que iba cargada de mercaderías para Flandes o Inglaterra... corriendo terrible tormenta y arrebatada por la violencia y el ímpetu della, vino diz que a parar a estas islas y que aquésta fue la primera que las descubrió”. Luego los de la carabela, “tornándose a España vinieron a parar destrozados, sacados los que por los grandes trabajos y hambres murieron por el camino; los que restaron, que fueron pocos y enfermos, diz que vinieron a la isla de Madera, donde también fenecieron todos... el piloto recogido en la casa de Colón donde murió descubrió a Colón los rumbos y caminos que había traído y llevado, todo lo cual traía escrito”. Un cuarto de siglo después, surgen más detalles de esta leyenda denominada “del piloto desconocido”. López de Gómara escribirá sobre el famoso piloto lo siguiente: “Unos lo hacen andaluz, que trataba en Canarias y en la Madera... otros vizcaíno, que trataba en Francia e Inglaterra, y otros portugués, que iba o venía de la Mina o India... concuerdan todos en que falleció aquél piloto en la casa de Colón en cuyo poder quedaron las escrituras de la carabela”. Recién, casi un siglo más tarde, en 1609, Garcilaso de la Vega dio a conocer el nombre de este piloto: Alonso Sánchez de Huelva, el cual decían era tuerto o bisojo, y tenía buenas relaciones con los monjes franciscanos de La Rabida. Curioso por decir lo menos, ¿No es así?

De allí la extrañeza y angustia de Colón por conocer donde diablos había desembarcado, porque los indígenas en cuestión, de japoneses o chinos no tenían absolutamente nada. Durante muchos años, se ha aceptado que Guanahaní era originalmente la islita de Watling. En 1926, el parlamento de Bahamas denominó oficialmente a esta isla como San Salvador. Pero se siguió discutiendo el lugar exacto del descubrimiento. Hay que tomar en cuenta que Colón no desembarcó en el primer lugar que encontró. A fines del siglo XIX se aceptó que el lugar del desembarco fue al sur de la isla. Sin embargo, era un paraje peligroso por los corales que afloraban casi a ras del agua. Inclusive el diario Chicago Herald erigió allí un monumento en 1851. Cien años más tarde, a principios de los años cincuenta del pasado siglo XX, el navegante Paul Tappan decidió que el desembarco ocurrió en la costa noroeste de la isla y levantó otro monumento conmemorativo. Quince años más tarde Ruth Malvin plantó un altar en otro lugar. Así ya tenemos pues toda una variedad de monumentos conmemorativos y podríamos tener más.

Sin embargo, hoy en día se ha establecido que, tomando algunos factores antes ignorados como las corrientes marinas y la deriva, la ruta de Colón no pudo ser la propuesta por los libros tradicionales de historia sino otra ligeramente desviada hacia el sur. De allí que hoy se haya establecido que Colón no desembarcó en Watling, isla de aguas turbulentas que en nada concuerda con las tranquilas aguas de la paradisiaca Guanahaní descrita originalmente por Colón, sino en otra isla del mismo archipiélago. ¿Cuál de estas islas fue la elegida por Colón? Actualmente varias son las islas que se disputan el honor del desembarco. La más considerada parecería ser Cayo Samana, al lado de la isla de Santo Domingo, al sur de las Bahamas, pero otros dicen que también podría haber sido la vecina isla de Caicos. En resumen, solo Dios y Colón lo saben. El tema es aún materia de discusión.

Hoy hace 525 años que un sorprendido Colón desembarcó en unas desconocidas tierras de las cuales no tenía la menor idea de dónde diablos estaba. Definitivamente no eran ni el Catay ni el Cipango pues, aunque él no lo supiera, se trataba de todo un nuevo mundo.

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