Buscar en LA ABEJA:

Martes, 24 de Abril 2018


Frase Cabecera 245px

Papa emerito Benedicto XVI Pope Emeritus Benedict XVI

Escribe: Alfredo Gildemeister.- Aquella mañana del 11 de febrero de 2013, hace cinco años de esto, un hombre de cabello blanco y mirada inteligente se encontraba arrodillado en su capilla privada rezando. Era la fiesta de la Virgen de Lourdes. Joseph nunca había sentido tanta angustia y miedo en su vida. El silencio era profundo. Lo había ido meditando y llevando a la oración durante las últimas semanas. De repente, lo vió todo claro. No sabía el por qué, pero debía hacerlo, debía renunciar. Dios sabe más. Debía confiar en Dios, por lo que se abandonó totalmente a su Divina Providencia. Repentinamente, una gran paz invadió su alma y su corazón. Sonrió mirando a la imagen de la Virgen y al crucificado. Aceptó con toda humildad lo que el Señor le pedía. Así lo haría. Se le vino a la memoria los años transcurridos al lado de san Juan Pablo II, sus viajes, sus luchas y luego su terrible enfermedad y su muerte. Luego vendría el cónclave, ese cónclave que tanto temía y que terminó con su nombramiento como papa bajo el nombre de Benedicto XVI. Han pasado ocho años desde aquel mes de abril de 2005 y muchas cosas han pasado. Ahora comprende y admira mas aun a su predecesor, el gran san Juan Pablo II. ¿Cómo pudo cargar con su enfermedad a cuestas y mantener su pontificado en pie? Definitivamente la gracia y el Espíritu Santo lo pueden todo. Pero ahora él sentía que debía hacerse para un costado. No era que la gracia de Dios no lo sostuviera, todo lo contrario, la gracia de Dios le hacía ver ahora que debía dejar el pontificado. Su misión está cumplida. Dios ve más allá. Pero ¡un papa por lo general no renuncia! Hacía poco mas de quinientos años que había renunciado un papa. El mismo Juan Pablo II, pese a sus terribles dolores y mil achaques, afirmó que “nunca Cristo se bajó de la cruz”. ¿Por qué ahora él debía hacerlo? ¿Se trataría de una terrible prueba? Bueno, en todo caso, no sería el primer papa en dejar el cargo. El Señor se lo pedía y así lo haría.

 

La historia señala a varios papas renunciantes, comenzando por Clemente I (del 88 al 97 DC.) quien renunció a favor de Evaristo, pues fue arrestado y condenado al exilio. De allí que decidiera renunciar y que se eligiese un nuevo papa para no dejar la silla de Pedro vacante. Luego sería Ponciano elegido en el año 230 quien, al ser desterrado por el emperador romano a la isla de Cerdeña tras dos años muy difíciles, renuncia a su pontificado. A lo mismo se vio obligado San Silverio en el 537 en beneficio de Virgilio y, luego San Martín I en el año 649 para San Eugenio (654 al 657). Posteriormente durante los siglos IX y X, renunciarían por diversas razones Juan XII, León VIII, Benedicto V y mas adelante en el siglo XVI lo harían Benedicto IX, Silvestre III y Gregorio VI. Como se puede apreciar, son algunos casos de renuncias que, a modo de ejemplo, citamos para que se vea que el caso de Benedicto XVI no debiera sorprendernos del todo. El mismo Juan Pablo II fue aconsejado para que renunciara y respondió como ya indicamos que “nunca Cristo se bajó de la cruz”. En su caso y pese a su enfermedad, Dios no le pedía la renuncia.

Joseph era consciente que debía alejarse de la cátedra de Pedro. Otro con más fuerzas vendría. Así lo ha dispuesto y confía plenamente en el Espíritu Santo. Ese día asistió a un consistorio para la canonización de unos beatos. Durante dicho consistorio, al momento de dar su mensaje, se encomendó al Señor y dijo lo siguiente: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mi de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”. Joseph hace una pausa y hace valientemente el anuncio: “Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice”. Luego de agradecer a todos “por el amor y trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio”, pidió perdón por “todos sus defectos”. Terminando su mensaje, Joseph expresa un deseo: “Por lo que a mi respecta, también en el futuro quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”.

Pocos minutos después del mensaje, ese mismo 11 de febrero, a miles de kilómetros de distancia, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, a golpe de 8 de la mañana, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, contestaba una llamada telefónica y un amigo le cuenta la noticia. El corazón le da un vuelco. Esa misma mañana, el cardenal Bergoglio llama a su despacho al padre Alejandro Russo, rector de la catedral metropolitana de Buenos Aires, para comentar la noticia. Bergoglio le dice: “Ay Dios mío, qué barbaridad con este tema de la sede vacante. Vos sabés que yo en marzo pensaba que se podía empezar el proceso de sucesión, en Buenos Aires, esto va a retrasar todo de dos a tres meses...”. Russo le responde: “O lo va a adelantar”. Bergoglio: “¿Vos te pensás que el nuevo Papa me va a pegar una patada al otro día?”. Russo sonríe y le responde: “No, no lo digo por eso, puedo pensar también que el nuevo Papa sea usted...” y Bergoglio responde casi asustado: “¡Nooo, Alejandro! Yo acabo de renunciar a la sede, tengo setenta y seis años, de ninguna manera”. Un mes más tarde, Jorge Mario Bergoglio se convertía en el Papa Francisco, pero esa es otra historia que la dejamos para más adelante...

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra MundumCol genealogia peruana
Columna Navegando
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Mirada legalCol 04Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe LaddCol dardo en el blanco
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol ElvisCol Homenaje RecuerdoCol 01
Col A tempo
Columna 14
Col La otraCol 02Col B CriolloCol Peruano AColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col CEPCol ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol boliviano
Extranjeros 02
EXTRANJEROS LechinCol Rusa sin BanderaExtranjeros 04Col Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *