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Martes, 18 de Setiembre 2018


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Gambia
Escribe: Natalia K. Denisova.- Abril es el mes para homenajear a los dos creadores más famosos del mundo, tan distintos uno del otro como los imperios que ellos representan. Sin duda, amigo lector, hablamos de Miguel Cervantes de Saavedra y William Shakespeare. Si la aspiración del primero por ir a América es bien conocida, William no tuvo ninguna intención de visitar el nuevo continente.

Entonces, ¿qué puede unir al Bardo de Avon con las tierras del Perú? No es fácil establecer esta relación, pero tampoco es imposible. Resulta que hubo un personaje que vinculó a Inglaterra y América a través de su obra escrita.

Si La Historia de Cardenio (The History of Cardenio), de Shakespeare, depende de El Quijote, La Tempestad (The Tempest) del gran poeta es dependiente de la obra de Pedro Sarmiento de Gamboa. Este es nuestro personaje.

La influencia de la cultura hispana en Europa durante los siglos XVI y XVII es conocida e investigada por muchos investigadores anglosajones. Uno de ellos, Peter D. McIntosh, desmonta la equívoca atribución de la trama y las descripciones de La Tempestad a los relatos de los colonos ingleses de Norteamérica. En realidad, la fuente que inspiró al gran William fue otra. Una de las pistas que llevaron a McIntosh a afirmar que existe una relación directa entre la trama de Shakespeare y los escritos de Sarmiento de Gamboa fueron las coincidencias de detalles, verbi gratia, los nombres de los personajes (Antonio, Alonso, Fernando, Sebastián, Gonzalo), que dejan entrever que Shakespeare no fue ajeno al gusto de su tiempo al leer los relatos de viajes de los españoles y portugueses. Por este camino, los investigadores descubrieron a Pedro Sarmiento de Gamboa. Él, viajero infatigable, realizó su labor principal en el virreinato del Perú y en sus confines. Sarmiento participó en las expediciones al Pacífico con Alvaro de Mendaña; actuó como principal colaborador del virrey Francisco de Toledo con quien recorrió varias provincias peruanas entre 1570 y 1572, recogiendo datos y acumulando declaraciones de los incas para su Historia Índica. También fue destinado a capturar al pirata Francisco Drake que, como es sabido, era el encargado de destruir los puertos españoles y encontrar asentamientos en el Estrecho de Magallanes. El infatigable Sarmiento consiguió ayuda de Felipe II para fortificar este inhóspito terreno, que fue una clave estratégica para la defensa del imperio español de los ataques del imperio naciente. Sarmiento durante estos años vivió de todo: las rebeliones internas, los viajes por Brasil y toda Hispanoamérica, fundó ciudades y, desde luego, sufrió numerosas tempestades y sobrevivió naufragios hasta que finalmente fue capturado por los ingleses en el Atlántico.

He aquí el verdadero comienzo de La Tempestad de Shakespeare. Sarmiento de Gamboa fue privado de todos sus diarios, donde apuntaba los acontecimientos de su azarosa vida. Dada la importancia del preso, no olvidemos que fue un hombre de Estado y gran conocedor del Estrecho de Magallanes, que tanto atraía a Inglaterra, su estancia en Londres de seis semanas no pasó desapercibida entre los más altos cargos e intelectuales del lugar. Durante su arresto, tuvo un encuentro de más de dos horas con la reina Isabel I. Son célebres las charlas en latín con Sir Walter Ralegh, documentadas por éste último en sus escritos, donde Sarmiento aparece como una persona amable, con gran encanto y un ágil narrador. Esta habilidad de Sarmiento y la curiosidad de los ingleses por los asuntos del imperio español, divulgaron sus aventuras por la más alta sociedad de Londres. Así, a través de los principales personajes de la Corte, Shakespeare llegó a conocer los relatos del marino español. Sin duda, para averiguar estas vías es imprescindible la investigación más profunda, pero no son nada despreciables las coincidencias entre las narraciones de Sarmiento y La Tempestad shakespeareana. Por ejemplo, los nombres de los personajes “malos” de Shakespeare, Antonio y Alonso, fueron también los malos para el propio Sarmiento; mientras que los “buenos”, Gonzalo y Fernando, fueron las personas de confianza del aventurero español.

Aunque los cautos investigadores avisen de la necesidad de profundizar en el cotejo de los textos, hay muchos más detalles y coincidencias entre los escritos confiscados a Sarmiento y La Tempestad de Shakespeare que muestran que el drama retrata los naufragios y conflictos de Hispanoamérica del XVI. Un hecho digno de ser tomado en cuenta.

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