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Miércoles, 19 de Setiembre 2018


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Escribe: Andrés Valle Mansilla.- La Rosa de Versalles, conocida también como Lady Oscar, es un clásico manga shōjo y creado por Riyoko Ikeda, siendo esta su obra más reconocida. Quienes crecieron viendo las adaptaciones televisivas de los mangas recordarán al personaje nacida mujer, pero criada como varón para ser protectora de los reyes franceses en el siglo XVIII, en plena Revolución. También tiene una adaptación al cine (1979) y al teatro musical (1974). La mención de este cómic es sólo para relacionar el nombre del personaje con la premiación de la Academia de Hollywood de 2018, teniendo como base las últimas películas premiadas.

Es sabido que durante años, la Academia acumuló prestigio y glamour al premiar películas por su calidad en distintos rubros, tanto artísticos como técnicos, pero también el tiempo se encarga de revelar si los premios concedidos fueron justos o sólo una muestra de simpatía, gusto o solidaridad política. Tenemos muchos ejemplos de actores y directores nunca reconocidos y de películas que fueron sepultadas por el aluvión del olvido (claro, no siempre con justicia) y de otras que fueron menospreciadas en su tiempo y que con los años se convirtieron en clásicos ineludibles. La polémica siempre está presente y la ceremonia en sí misma era vistosa y atractiva en la época dorada de la industria (los años 50 y 60).

 

Sin embargo, tras la decadencia moral de la sociedad estadounidense y de los cambios políticos y culturales a nivel internacional, la Academia reflejó también sus simpatías por películas incómodas, crudas y dolorosas para expresar así su apoyo a diferentes causas (el pacifismo, la libertad de expresión, la corrección política, las minorías, etc). Tenemos como ejemplos a "Pelotón" (1986) del izquierdista Oliver Stone, "Million dollar baby" (2005) de Clint Eastwood, "12 años de esclavitud" (2014) de Steve McQueen o "Moonlight" (2017) de Barry Jenkins. Pese al papelón cometido por Faye Dunaway y Warren Beatty ("Bonnie & Clyde") en la ceremonia pasada por anunciar la película equivocada, esta vez la ceremonia de este año se caracterizó por su manifiesta corrección política y simpatía por las causas progres. Veamos.

LLÁMAME POR TU NOMBRE: James Ivory (director de las notables "Howard´s end" y "Lo que queda del día") recibió el Oscar al mejor guión adaptado (de la novela de André Aciman) por esta película italiana en la que un chico de 17 años tiene un romance homosexual con un tipo de 24 años. Un abierto ejemplo de cómo por medio de la calidad cinematográfica y las críticas positivas se busca endulzar un evidente caso de pedofilia mostrándolo como una emotiva historia de aprendizaje y libertad. Basta ver la clase de escenas que contiene: tocamientos, sodomía, eyaculación en un melocotón para ser mordido... No hace falta ser superdotado para ver la doble moral por parte de Hollywood al premiar, por un lado, una película indulgente con esta temática y, por otro, condenar los abusos sexuales cometidos a lo largo de 30 años por diferentes personajes poderosos de la industria: Harvey Weinstein, Kevin Spacey, Woody Allen, etc.

UNA MUJER FANTÁSTICA: Un transexual se enfrenta a la muerte repentina de su pareja 20 años mayor, Por supuesto, toda la culpa es de la sociedad chilena, machista y patriarcal y no del personaje, quien en un alarde de soberbia buscará enfrentarse a los familiares de su pareja. La Academia de Hollywood, en un evidente gesto de apoyo a la ideología de género puso por primera vez a dicho transexual como presentador de otra terna de nominaciones. Claro, casi todos los medios hablan de una "mujer transgénero" como lo ordena la corrección política, porque los "policías del lenguaje", infiltrados en los medios seculares, llevarían al ostracismo, la cárcel y la "muerte civil" a quien ose llamar transexual a alguien en base a la ciencia, la genética y a la psicología, cayendo en un ejercicio de discriminación e intolerancia. Después de todo, es cuestión de sentirse del género que a uno le apetezca para reclamar su derecho a modificar el "recipiente" con el que vino al mundo, ignorando que forma parte de su integridad personal. Basta ver el caso de Fernando Ñaupari en Perú para reconocer que el cortarse el pajarito e inyectarse testosterona no le transforma en una auténtica persona del sexo opuesto, sino que sólo perpetúa el problema emocional que interiormente carga la persona.

LA FORMA DEL AGUA: Sin duda, la joya de la corona. El argumento es tan simple como pervertido: Una muda ninfómana, que se masturba en la tina todos los días por no tener novio, es vecina y amiga de un viejo chimbombo que usa bisoñé, cría gatos y encima es pintor frustrado. Chambea en un laboratorio "secreto" (donde hasta la compañera de trabajo sabe lo que esconden) y se enamora de un anfibio bípedo capturado por el malvado ejército gringo. Lo ayuda a escaparse y se lo lleva a su jato para tener relaciones sexuales con él porque al final, descubre que es su alma gemela. El malo de turno, cuyos dedos fueron arrancados por el monstruo debido a una mordida, se los saca voluntariamente y encima se muestra de forma explícita un coito con su esposa. Dispara a la pareja, pero reviven no por un baldazo del Chavo del 8, sino gracias al poder del amor del monstruo (que se ilumina como árbol de Navidad). Muerto el villano, en el agua la pareja se da un chape y las heridas que ella lleva en su cuello se convierten en branquias. O sea, la tipa, que además de tener un pésimo gusto al escoger pareja, se vuelve un engendro y Guillermo Del Toro quiere que de esa manera nos olvidemos de la guapa Julia Adams, protagonista de la clásica película "El monstruo de la laguna negra" (1954), en la que se basa "La forma del agua".

¿Semejante bodrio zoofílico merecía el Oscar a mejor película? Frente a obras mayores como "El hilo fantasma", de Paul Thomas Anderson (el Orson Welles del siglo XXI) y "Tres anuncios por un crimen", y a eficaces recreaciones de la historia británica como "Las horas más oscuras" y "Dunkerque", la Academia se inclinó por el mundo de ayahuasca del cineasta mexicano: monstruos de significado divino, visión maniquea de bandos históricos en conflicto, estereotipos marcados en los contendientes, atmósfera sombría, presentación y epílogos con carga poética o simbólica, etc. Lo mismo que hizo con "El laberinto del fauno" (2006). Hay quienes califican esta historia, como una bella fábula metafórica sobre el amor entre dos "no aceptados". Justo lo que tanto buscaba la Academia para reforzar sus convicciones neomarxistas formadas tras el fin de la era Obama y para combatir al "fascista" Donald Trump.

¿Por qué Del Toro no hace una secuela de esta película con la muda y el anfibio reclamando en la próxima marcha feminista su derecho a ser reconocidos como matrimonio inter-especie? Así los productores, guionistas y promotores de la ideología de género en el cine y en el streaming tendrían un modelo para que lo enseñen en los colegios como ejemplo artístico de diversidad y para que ejerzan sus "derechos sexuales y reproductivos" sin discriminación, porque después de todo, la satánica sociedad heteropatriarcal megacaucásica, ultraconservadora, hiperfundamentalista, falocéntrica, aneuronal y carente de sensibilidad progresista será borrada de la faz de la tierra y así la libertad triunfará en occidente. Claro, nada de esto lo van a reclamar en el mundo islámico porque sólo les esperará volar en pedazos.

Sobrevaloraciones de críticos arrogantes, masas de consumidores carentes de buen gusto y sentido crítico, como para detectar los mensajes políticos que se esconden detrás de historias cinematográficas como las ya comentadas, manipulación mediática para edulcorar tramas repletas de degeneración, imposición de la corrección política como visión obligada para trabajar en la industria de Hollywood y el dinero como dios que traerá la salvación eterna (mientras uno no se muera). Todo eso se vio en la última ceremonia de Lady Oscar, perdón del Oscar, pues sólo falta que cambien el diseño de la estatuilla y le ensanchen las caderas y el poto para que nadie se ofenda. Así de simple, qué decepción. De ese modo, cobra sentido la frase de San Josemaría Escrivá "Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia..., ¡de caridad! Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda."

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