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Martes, 17 de Octubre 2017


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Escribe: Pedro Luis Llera.- 

Exordio

Me sientan mal las vacaciones. Me deprimen. Yo creo que eso de no ver cada mañana a los niños entrando en el colegio me sienta fatal. Esas caritas son un regalo de esperanza que Dios me entrega cada día. Y sin mis profesores, sin mis niños, sin las familias del colegio, sin mi capilla con el Señor allí presente en el Sagrario... Me siento perdido, mutilado... Es verdad que necesito descansar y que disfruto con mi familia... Pero me falta algo.

Y miro alrededor y se me cae el alma a los pies: corrupción política, miseria ideológica, modernismo religioso, subjetivismo, idealismo, irracionalismo, emotivismo vomitivo... ¡El daño que está haciendo y que va a hacer a los niños la ideología de género! ¡Qué pena! ¡Cuántas vidas quedarán dañadas o destrozadas...!

Para éste, mi nuevo artículo, había pensado en recurrir de nuevo a mi querido Aetandi Gos, con sus cintas magnetofónicas fósiles y sus planteamientos modernistas tan desquiciados como ajustados a la realidad eclesial hodierna. Pero, de momento, lo descartaré: hay lectores a quienes cuesta mucho desentrañar ironías y sarcasmos. También pensé en rescatar al P. Gabriel Vetusto y echarme con él al monte. Incluso pensé en bosquejar una distópica iglesia del 2081 que aceptara el matrimonio sacramental para los LGTBI, el sacerdocio femenino, la intercomunión con los protestantes, el casamiento de los sacerdotes (incluidos los homosexuales); la aceptación de la eutanasia, de los anticonceptivos, de la fecundación artificial, de los vientres de alquiler...

Pero ¿para qué? ¿Merece la pena? Yo creo que no. La realidad supera muchas veces toda ficción.

 

1.- El ecumenismo del odio

El jesuita Antonio Spadaro, director de la centenaria revista católica italiana de la Compañía de Jesús, La Civilità Cattolica, en un artículo reciente titulado “El fundamentalismo evangélico y el integrismo católico. Un sorprendente ecumenismo”, condena lo que él llama “el ecumenismo del odio”. Escribe lo siguiente: “Esta unidad [entre evangélicos fundamentalistas y católicos integristas] se produce por objetivos comunes en temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otras cuestiones morales o relacionadas con los valores”. Agrega que “la intolerancia es la marca celestial del puritanismo, el reduccionismo es el método exegético y el ultra-literalismo es la clave hermenéutica”. Y añade, que se “expresa en la oportunidad de influir en la política, parlamentaria, legal y educativa, para subordinar las políticas públicas a la moral religiosa”. Estos integristas estarían unidos “en el sueño nostálgico de un Estado con rasgos teocráticos”.

Yo creía hasta ahora que la misión del cristiano era llevar todas las cosas a Cristo: santificarse y santificar el mundo... Pero veo que estaba equivocado. Al parecerer, defender la vida y el derecho de los padres a educar a los hijos conforme a su fe; o denunciar el crimen del aborto, los ataques a la familia o la ideología de género constituyen un pecado poco menos que imperdonable para el P. Spadaro.

Parece ser que somos puritanos literalitas: es decir, rigoristas, integristas y fanáticos que pretenden interpretar las Sagradas Escrituras al pie de la letra... Claro... Porque no había grabadoras para saber lo que Jesús dijo o lo que quería realmente decir... No hay que interpretar las palabras de Jesús al pie de la letra: así que voy a interpretarlas como a mí me dé la gana.

Catecismo de la Iglesia Católica:

2045 Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo (cf Ef 1, 22), contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles, “hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo” (Ef 4, 13).

2046 Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, “Reino de justicia, de verdad y de paz”. Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor.

2.- El Dios de la religión: proyección de la mente humana y de sus miedos

Eso es lo que viene a decir Giulio Cirignano, también jesuita, en el Osservatore Romano del 23 de julio de 2017. Después de denunciar que hay clérigos y obispos que se oponen a las reformas del Papa Francisco porque son una banda de ignorantes poco y mal formados, se descuelga con este texto en el que el ínclito jesuita distingue entre “religión” y “fe” verdadera:

Una teologia, in primo luogo, senza le risorse della Parola, senz’anima, che ha trasformato l’appassionante e misteriosa avventura del credere in religione. Fede e religione: nell’immaginario comune sono quasi sinonimi. In realtà, sono esperienze profon- damente diverse. La religione nasce dalla paura e dal bisogno dell’uomo che spinto da questo duplice fattore si incammina in cerca di una mano a cui aggrapparsi. Va in cerca di un aiuto che, spesso, costruisce in parte anche secondo le sue necessità. È una esperienza bella, certamente, che si alimenta alla coscienza del mistero, che ogni uomo porta in sé. Ha, però, questo grande limite: il Dio della religione è, per lo più, proiezione dell’uomo, della sua mente, delle sue paure, delle sue necessità. È un dio ipotetico.

La fede ha tutt’altra origine. È accoglienza di un evento umanamente impensabile. Nell’esperienza della fede non è in primo luogo l’uomo che va verso Dio, ma l’opposto. Dio si rende esperibile all’uomo che è invitato ad accoglierlo. La fede è il vuoto dell’uomo e il pieno di Dio: in ciò l’uomo trova la sua completa dignità.

Dobbiamo ammetterlo: siamo tutti profondamente intessuti di religione. Tutti, nessuno escluso. Anzi, il bisogno religioso ci accompagnerà fino alla fine della vita. Non ci abbandonerà mai. Avremo sempre l’istinto di cercare quella misteriosa mano su cui posare le nostre vertigini esistenziali. Dunque nessuna svalutazione della religione, ma dobbiamo ribadire con forza che la fede è un’altra cosa. Quando il prete è troppo segnato da mentalità religiosa e poco da limpida fede, allora tutto si fa più complicato, poiché egli rischia di restare vittima delle molte cose inventate dall’uomo su Dio e sulla sua volontà. Quando è l’uomo a parlare di Dio, lo fa da uomo, immaginando, ipotizzando e talvolta sostituendosi a Lui. Colui, che è totalmente altro, non sopporta di essere rinchiuso in schemi angusti, tipici della mente umana. «Dio, nessuno lo ha mai visto» (Giovanni, 1, 18), di lui sappiamo solo quello che il Figlio ha voluto rivelare. Dio è amore: questo è tutto. Amore come dono di sé. Così Egli corregge, in maniera plateale, le mille involuzioni che siamo soliti far compiere all’amore.

Pongo el texto en italiano para que nadie me acuse de manipular. El enlace al artículo completo está aquí en PDF (ir a la página 7):

www.osservatoreromano.va/vaticanresources/pdf/QUO_2017_168_2307.pdf

La fe y la religión no son lo mismo, nos advierte este padre jesuita. “¿Dónde está la bolita? ¡Mire la bolita, mire la bolita! ¡Aquí está la bolita...! ¿Dónde está la bolita?” Es la vieja estrategia del estafador profesional: del trilero.

https://www.youtube.com/watch?v=DSwDliB1ZEs&ab_channel=JoanPlanas

Resulta que una cosa es la religión y otra la fe:

“La religión surge del temor y de la necesidad humana de tener una mano a la que agarrarse. El hombre busca una ayuda, que a menudo se basa, en buena parte, en su necesidad. Es una buena experiencia, sin duda, que alimenta la conciencia del misterio que todo hombre lleva dentro de sí. Esto, sin embargo, presenta una importante limitación: el dios de la religión es, fundamentalmente, una proyección de la mente del hombre, de sus miedos, de sus necesidades. Es un dios hipotético”.

La definición que hace el autor de la “religión” es la misma que dan los ateos. Dios no existe. Es una invención de la mente humana para dar respuestas a las dudas existenciales sobre la muerte. Es un modo de tranquilizarnos para hacer frente al miedo a la muerte. Dios no existe. Así llegamos al materialismo ateo.

Pero claro, la bolita del trilero está en que la “fe” no tiene nada que ver con la “religión”, sino que es exactamente lo contrario. Escribe el jesuita:

“La fe es un acontecimiento humanamente inconcebible. En la experiencia de la fe (fíjense: la fe es una “experiencia”) lo primero no es que el hombre vaya a buscar a Dios, sino al contrario. Dios se hace accesible al hombre que es invitado a acogerlo. La fe es el vaciarse del hombre y el llenarse de Dios: en esto, el hombre encuentra su completa dignidad”.

“A Dios nadie lo ha visto jamás (Juan 1, 18). De Él sabemos solo aquello que el Hijo ha querido revelar. Dios es amor: esto es todo. Amor como entrega de sí mismo. Así se corrigen de forma muy notoria las mil involuciones que utilizamos para cumplir con el amor”.

A ver si me aclaro: Dios es el que viene a buscar al hombre para darle una vida plena y completar su dignidad. Pero, como a Dios nadie lo ha visto nunca, sólo sabemos que es amor. Y como es amor, debemos corregir las derivas involucionistas de los rigoristas, de los fariseos hipócritas que nos hacen más que remitirse al Decálogo o a conceptos como “pecado”, “salvación”, “condenación”, “cielo” o “infierno”. La Iglesia debe ser inclusiva y misericordiosa y ahora ya no se condena nadie. Ya no hay pecado, ni infierno. Todos se salvan. ¿Es eso, P. Cirignano?

La fe es un acontecimiento humanamente inconcebible, una experiencia de Dios: no una doctrina ni una moral. La doctrina y la moral nada tienen que ver con Cristo, que es amor. El amor, entendido como entrega de uno mismo a los demás, es lo único que cuenta. Esto deja la puerta abierta a incumplir todos los mandamientos, claro... Si dos homosexuales se aman y se entregan el uno al otro... ya saben... ¿Qué tiene de malo? Si un adúltero se casa civilmente con otra mujer, ¿qué tiene de malo? ¿por qué no habría de comulgar? Las leyes morales universales, los Mandamientos, quedan derogados de un plumazo. Porque, claro, a Dios nadie lo ha visto nunca y no hay una grabadora para saber lo que Dios dice sobre el matrimonio entre homosexuales o sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar. Son estos iluminados los que saben reinterpretar las palabras de Jesús según una hermenéutica del amor, llena de metáforas y de símbolos, que, obviamente, acaba destruyendo la fe de la Iglesia Católica: puro modernismo apóstata y satánico.

Las “Dubia”, como ha dicho otro importante cardenal el pasado 13 de julio, el arzobispo de Viena Christoph Schönborn, habría que responderlas con un “sí” a cada una de las cinco preguntas: también a la que se refiere a la absolución y a la comunión de los divorciados vueltos a casar que llevan vida marital y no tienen la menor intención de dejar de llevarla. Pero lo que cuenta es el amor. Si se quieren...

3.- Porque “vivimos un momento mágico”

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, ha asegurado en la Universidad Católica de Valencia (UCV) que “hoy se está viviendo un momento mágico porque por primera vez el magisterio del Papa, que responde al Evangelio, es paralelo al magisterio de las Naciones Unidas”.

Sánchez Sorondo ha subrayado que “el empeño del Papa es erradicar la pobreza y el hambre en el mundo, y éste es precisamente el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que se aprobaron por unanimidad después del discurso del Papa en la ONU y de su encíclica Laudato Si”.

En este sentido, el filósofo y teólogo argentino ha incidido en que “hay mil millones de personas que pasan hambre y es un escándalo porque nunca ha habido tanta riqueza en el mundo como hasta ahora. La FAO -la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura- señala que el problema es que no se distribuye bien. Indudablemente, hoy hay que cambiar las estructuras económicas, que buscan solo el beneficio económico”.

“¡Un momento mágico!” ¡Qué suerte tenemos! Resulta que el magisterio del Papa, basado en el evangelio, coincide por primera vez en la historia con el magisterio de la ONU. Fantástico. O sea, que los masones – que todo el mundo sabe que controlan la ONU y sus agencias – y el Santo Padre tienen el mismo “magisterio”. ¿Cómo es posible? ¿Los iluminados – satánicos, luciferinos y apóstatas – se han convertido a Cristo? ¿De verdad? No me lo creo, monseñor. “Hay que cambiar las estructuras económicas”: ¿cómo se hace eso, monseñor? Ilumínenos usted. ¿Cambiamos las estructuras capitalistas por el comunismo, por el chavismo, por el castrismo, por el maoísmo o por el peronismo? ¿Cuál es la alternativa, monseñor? ¿No estará usted haciendo un brindis al sol: no será demagogia barata? Explíquenos cuál es la alternativa. Sería muy interesante saber qué posibilidad plantea usted.

La alternativa de la ONU y sus agencias – incluidas la FAO, Unicef o la OMS – consiste en promover el aborto, la anticoncepción y la ideología de género para acabar con la pobreza. Si impedimos que los pobres se reproduzcan, se acabará la pobreza. Por eso lo mejor es promover campañas masivas de esterilización de pobres. Y si conciben, lo mejor es convencerlos de que aborten. Y si acabamos con la familia y promovemos la homosexualidad, también acabaremos con la procreación de nuevos seres humanos, que somos los responsables del calentamiento global y del cambio climático: sobran varios millones de seres humanos en el mundo para que sea “sostenible”. Lo mejor es que solo se reproduzcan los ricos, los listos de la ONU y los malnacidos de las logias masónicas. Ellos sí se pueden reproducir.

Lo único importante para la Iglesia es erradicar la pobreza económica y acabar con el hambre en el mundo. Desde luego el empeño es colosal y admirable. Pero, ¿la Iglesia está para eso? ¿No es misión de la Iglesia evangelizar? ¿”Evangelizar” consiste sólo en acabar con la pobreza y el hambre? ¿Anunciar que la salvación vienen de Jesucristo ya no es importante? ¿Bautizar para llevar almas al cielo ya no es necesario?

Del santo Evangelio según san Marcos 16:

En aquel tiempo se apareció Jesús y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

Venga: denme una interpretación que no sea ultra-literalista, puritana ni rigorista.

3.- Salir del armario

Eso es lo que el padre James Martin anima a hacer a los curas gays. Este jesuita norteamericano, asesor de la Secretaría de Comunicaciones del Vaticano, dice cosas como estas:

“Hay dos razones para este giro hacia una hospitalidad más calurosa de las personas LGBT en la Iglesia. Una es el Papa Francisco. Su pregunta, ‘¿Quién soy yo para juzgar?’; su reunión pública con Yayo Grassi, su antiguo alumno homosexual, en su visita papal a los Estados Unidos; sus comentarios en la Amoris laetitia, que han sido usados para dejar que los homosexuales practicantes reciban la comunión. Además, los obispos que el Papa Francisco está nombrando en los Estados Unidos son mucho más favorables a los LGBT”.

En este mismo sentido, el cardenal Marx, arzobispo de Múnich, miembro del consejo de cardenales del Papa y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, en una reciente entrevista en un periódico alemán, ha arremetido contra la Iglesia por no estar a la vanguardia de la defensa de los derechos LGTB en Alemania. Aseguró también que la Iglesia debe expresar públicamente su arrepentimiento por no haber actuado en contra de la anterior ley contra la homosexualidad: “la Iglesia no ha sido precisamente pionera en cuanto a los derechos de los homosexuales”. En esta línea, el cardenal Marx ha expresado su indignación respecto al trato que, según él, la Iglesia ha dispensado tradicionalmente a los gays: “debemos expresar nuestro arrepentimiento por no oponernos a la persecución de los homosexuales”.

Lo cierto es que los divorciados vueltos a casar no importan a casi nadie. Que comulguen o no comulguen resulta irrelevante para los modernistas. Salvo por un detalle importante: abren una puerta a otros colectivos – como el LGTB – para que reciban la absolución y comulguen, incluso si viven en situación “irregular”; es decir, aunque se hayan casado o vivan en pecado mortal. Si comulgan en pecado mortal los divorciados vueltos a casar que llevan vida marital con sus nuevas parejas, ¿por qué no iban a comulgar los homosexuales activos que mantienen relaciones sexuales con sus parejas? ¿Por qué no se van a poder casar por la Iglesia los LGTB? ¿Por qué no puede haber curas homosexuales casados con sus parejas? Si se quieren... Lo importante es el amor... ¿Por qué no aceptar que haya curas transexuales; es decir, señoras que se sienten hombres y escuchan la llamada imperiosa del Señor al sacerdocio? ¿Por qué no puede haber mujeres sacerdotisas? ¿Por qué no puede haber lesbianas casadas que sean sacerdotisas u obispas? ¿Quién soy yo para juzgar o para poner límites y barreras al Señor, que está muy por encima de los Mandamientos que Él mismo dispuso (¿puede Dios cambiar de opinión y contradecirse o llevarse la contraria a sí mismo? Santa Teresa decía que “Dios no se muda”... ¿Ya no vale? ¿Cada cuántos años cambia dios?). Los tiempos cambian y la Iglesia tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. dios es un invento del hombre y hay que adaptar ese concepto de “dios” a las exigencias de la historia.

Esto es lo que llevamos tiempo denunciando y denominándolo “Modernismo Apóstata y Satánico”.

Estoy ansioso por leer o escuchar una interpretación creativa, nada puritana, ultra-literalista ni reduccionista del episodio del Génesis de la destrucción de Sodoma y Gomorra o de Romanos 1, 26 y siguientes:

Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican.

¿Esto sigue siendo “Palabra de Dios"? ¿Qué hacemos con el Apóstol San Pablo? ¿Quemamos sus cartas? ¿Empezamos a arrancar páginas de la Biblia? ¿Prohibimos las Sagradas Escrituras?

Catecismo de la Iglesia Católica:

2033 El magisterio de los pastores de la Iglesia en materia moral se ejerce ordinariamente en la catequesis y en la predicación, con la ayuda de las obras de los teólogos y de los autores espirituales. Así se ha transmitido de generación en generación, bajo la dirección y vigilancia de los pastores, el “depósito” de la moral cristiana, compuesto de un conjunto característico de normas, de mandamientos y de virtudes que proceden de la fe en Cristo y están vivificados por la caridad. Esta catequesis ha tomado tradicionalmente como base, junto al Credo y el Padre Nuestro, el Decálogo que enuncia los principios de la vida moral válidos para todos los hombres.

Epílogo

Yo no soy un integrista peligros ni un fanático desmelenado. Los que me conocen lo saben. Ni juzgo ni condeno ni insulto ni discrimino ni falto al respeto a nadie. En lo único que soy radical es en la primacía de la caridad. Pero la caridad no puede estar reñida con la verdad: Caritas in veritate. Dios es Amor. Cristo es la Verdad. Y por caridad, por amor, hay que decir siempre la verdad. Y la verdad es que todos tenemos que convertirnos y vivir conforme a los Mandamientos de la Ley de Dios.

“Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos” (Jn 14, 15).

“El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará” (Mc 16, 16).

Si queremos que todos los hombres se salven y vayan al cielo, debemos predicar la conversión. Nos obliga la caridad: ¿vamos a ver cómo se condenan los hermanos sin avisarles? ¿No gritaríamos bien alto si viéramos cómo alguien va a ser atropellado por un coche?

Pero, ¿no resulta kafkiano que un laico, padre de tres hijos, sin estudios en teología, tenga que salir a la plaza pública a defender la doctrina de la Iglesia?

Debe de ser que me sientan mal las vacaciones...

 

 

* Publicado originalmente en Infocatòlica. Reproducido en LA ABEJA con la expresa autorización del autor

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