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Domingo, 18 de Noviembre 2018


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Escribe: Fernando Salgado.- Desde hace años la faena de muleta ha adquirido tal importancia que todo lo que se hace en la lidia es para que el toro llegue en condiciones de aguantar larga faena embistiendo de la mejor manera. El matador debe ser excelente muletero y aprovechar a la mayor cantidad de toros pudiéndoles, luciéndose y triunfando con ellos para ser considerado figura. Una faena de muleta siempre será importante pero lo será más si la precede una lidia adecuada a las condiciones del toro en toda su amplitud (suerte de varas y capote) rematándola con una estocada en el sitio.


Al cambiarse el tercio el matador se dirige con muleta y estoque al lugar donde ha indicado a sus subalternos le coloquen al toro para iniciar la faena.

Los terrenos más propicios para iniciar la faena son los tercios o los medio dependiendo siempre de las condiciones del toro y los fenómenos atmosféricos. A las suertes de muleta se les llama “pases” (“lances” son con el capote). La despaciosidad, quietud y la precisión que se necesita para muletear como ahora se exige, se logra con movimientos casi imperceptibles de muñeca, manos y dedos que cogen la muleta. Los pases además deben ser ligados en la medida de lo posible, colocándose el diestro siempre en el lugar adecuado y comprometido viéndose así además de bello, autentico.


La autenticidad del toreo se debe exigir con los toros nobles. La nobleza la pueden tener los toros por ambos pitones o solo por uno. Por eso las faenas pueden basarse por un pitón más que por el otro. Hay toros que a pesar de mostrar solo un pitón claro, conforme se desarrolla la faena cambian y el pitón complicado se vuelve aprovechable pero dependerá mucho de la forma de torearlo y sobre todo templarlo. No todos los toros se prestan en forma total al toreo, es por eso que el matador debe acoplarse a sus condiciones y defectos, resolverlos, subsanarlos y hasta hacerlos desaparecer si es posible.

Para lograrlo debe elegir el terreno más adecuado; acertar en la distancia de cite como en la altura y colocación de la muleta; medir los tiempos para que la faena dure lo adecuado y no pasarse de tiempo (pasarse de faena) de tal forma que el toro colabore en la suerte suprema.


Las faenas de muleta serán tan variadas como toros existan, así como interpretaciones artísticas sientan los toreros. Cada uno de ellos podrá torear técnicamente igual pero en su interpretación artística siempre será diferente al otro. Por eso mejor aficionado es aquel al que más toros y más toreros y clases de toreo le caben en la cabeza teniendo en cuenta que el diestro no mienta ni al toro ni al público. De ahí la importancia de conocer al toro desde su salida al ruedo.


El público que desconoce la tauromaquia en profundidad es natural que deseen ver siempre lo más brillante y cuando no se produce le echen la culpa al torero como si todos los toros fueran iguales. Los toreros generalmente hacen lo que pueden, no lo que quieren. Todos quisieran triunfar con los toros que le salen en suerte y repetir sus mejores faenas pero no siempre es el toro ideal ni ellos están en estado de ánimo igual, aunque a ellos si cabe exigirles la mayor disposición como profesional que cobra por actuar.


Habiendo dicho lo anterior es necesario entender un poco sobre técnica en el toreo para no ser injusto con la actuación de los espadas. Lo clásico en el primer muletazo es cruzarse al pitón contrario a media distancia, adelantar la muleta, enganchar al toro con la mano baja y dirigirlo hasta detrás de la cadera en redondo enroscándoselo a la cintura, luego girar dejándole la muleta puesta de tal forma que la vuelva a tomar una y otra vez ligando el toreo con profundidad en series largas; eso con un toro ideal se puede hacer dosificándolo. Sin embargo no todos los toros se prestan para ese toreo y no por eso se debe menos preciar la labor del matador de turno cuando está haciendo la faena correcta y hasta lucida según las características y condiciones del toro.


Existen los toros que al principio se muestran con poco celo, distraídos o faltos de fuerza, a ellos se les debe torear a su aire acompañando la embestida, en línea recta, a media altura, descruzados sin obligarlos para una vez se confíen poder bajarles la mano y recién darles los muletazos como se desea.

Por otro lado existen los que se quedan cortos, a ellos es recomendable torearlos con la muleta retrasada de tal forma que se pueda alargar el muletazo y que ese medio pase se vea lucido. Si el toro se ciñe se debe colocar la muleta oblicua desplazando al toro hacia afuera ya que su ceñimiento hará que el toro pase cerca pero sin arrollar al torero. La firmeza es fundamental pero también es recomendable perder unos pasos cuando el ímpetu de la embestida así lo requiere hasta que vaya atemperándose en su acometividad.


Existen muchas fórmulas en la técnica del toreo haciéndola de esta forma flexible en su concepto. El buen aficionado debe acomodar su rigor a las circunstancias. Vuelvo a repetir, sin entender cómo es el toro es imposible saber si el torero está haciendo las cosas bien para aprovecharlo al máximo o no. En una buena faena se alternan muletazos de tanteo, de toreo fundamental, de adorno y de castigo que se van hilvanando en una obra lucida y bella.


Los pases se dividen en tres grupos: Pases naturales, cambiados y ayudados. El pase natural es aquel que el toro sale por la misma pierna que el brazo que cita por ejemplo el derechazo o el natural. Pase contrario es cuando el toro sale por la pierna contraria al brazo con el que se le citó, ejemplo el pase de pecho, trincherazo, pase cambiado. El ayudado es cuando el diestro se ayuda con el estoque como el ayudado por alto o por bajo. Tenemos también los pases de adorno que encajan en los grupos anteriores como la Bernardina, Manoletina, el kikiriki, molinete, afarolado, pase por la espalda, arrucina, de pitón a pitón, pases de tirón, entre otros.


Las orejas se ganan con la muleta pero se cortan con la espada. Llegamos al momento crucial para el cual se ha desarrollado toda la lidia, “La Suerte Suprema”. Por los terrenos se denomina suerte natural (cuando el toro sale hacia los medios y el matador hacia tablas) y contraria (el toro sale hacia tablas y el diestro a los medios). Según sus formas están el volapié, al encuentro, recibiendo o aguantando. Por la colocación se denominan: en todo lo alto o en la cruz, pasada, trasera, pescuecera, caída o desprendida, baja, bajonazo, golletazo y contraria. Por su inclinación: lo ideal es que ingrese con una inclinación de 45° de ahí puede ser tendida o perpendicular. Luego están la atravesada, contraria atravesada, hace guardia o envainada, asoma y calada.

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