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Aclaremos algo, no soy fujimorista, pero tengo mis simpatías para con el Ing. Alberto Fujimori. Los que me conocen saben que soy un furibundo derechista –algunos me acusan de ultra, adulones- y ciertamente no estoy tan apretado como para vender mis convicciones o negociar mi dignidad por 12 o 15 mil soles. Pero esto no acaba allí! Ayer, Lunes 1ro de Agosto, el Sr Luis Davelouis –me tiene bloqueado en twitter- me menciono al final de la columna que escribe en Peru21 como el presunto asesor premiado por el fujimorismo debido a mi labor como “difamador profesional”, casi se muerde la lengua. Según él y sus camaradas, este cholo es un asalariado fujimorista. Me acusa de costumbres y hábitos propios de su gavilla de periodistas. Estas personas creen que la meritocracia es una escalera que se sube arrodillado y lambisconeando cada trasero que los precede. La dignidad para ellos es una pieza de museo, algo que no es cotidiano entre sus pares, por escaso y poco redituable. ¡Que fatal!
Más de uno me ha recomendado que le enviara una carta notarial al faltoso que se escuda detrás del mencionado tabloide, como si el cretinismo se corrigiera con eso. Algunos me felicitan por la inusitada publicidad, pero la verdad no veo como esta propaganda de “difamador profesional” me beneficie. Debo reconocer que los progrerojos de la plataforma bloguera Utero.pe si cruzaron información –no me llamaron como dicen- con el Congreso y desmintieron el chisme. Aunque para ellos también soy el diablo personificado y una amenaza para las honras de los camaradas y las camaradas. Que quede claro que no me quejo. La única misión de este escrito es desmentir ciertos infundios. No me corro de la cocina porque tengo piel de rinoceronte y soy de derecha.