Garrido

Escribe: Luciano Revoredo.- Hace tiempo que El Comercio  dejó de ser el diario solvente y familiar que uno podía llevar a casa con tranquilidad. Fue girando lentamente hacia posiciones cada vez más liberales y progresistas. Hasta convertirse en lo que es hoy.

Convertido en caja de resonancia del más repulsivo progresismo, el llamado decano de la prensa nacional y las publicaciones de su grupo periodístico resultan cada vez más indigeribles. Más aún desde el último ajuste de tuercas que ejerció Fernando Berckemeyer cuando asumió la dirección.

La defensa de posiciones deplorables como la ideología de género y todas sus vertientes, el aborto y la agenda LGTB, ya son costumbre en sus páginas y en las de otros integrantes de su grupo como El Trome y Perú 21. Pero lo que acaba de suceder con su revista sabatina SOMOS realmente colma todos los límites imaginables.

En la edición del sábado 2 de septiembre ha dedicado la portada y 18 páginas a una suerte de panegírico de la terrorista Maritza Garrido Lecca, que fue encarcelada por ser parte de la cúpula de Sendero Luminoso y por encubrir en su casa nada menos que al genocida Abimael Guzmán, uno de los más grandes criminales de la historia de la humanidad y el más grande enemigo del Perú.

Capturada hace 25 años, fue condenada a cadena perpetua, pero gracias a la debilidad del hoy prófugo de la justicia Alejandro Toledo y las presiones de García Sayán, esta sentencia fue cambiada por otra de sólo 25 años,cuando en realidad hubiera merecido la pena de muerte. En consecuencia sale libre este 11 de septiembre.

Ante este lamentable hecho, SOMOS la presenta como una dulce niña miraflorina cuya “carrera en la danza se truncó de golpe”. La “muchacha de clase media alta egresada del colegio sanisidrino Sophianum”. Nos cuenta como en su escuela de danza se sentaba en el piso junto a las niñas y les cogía los diminutos pies para iniciarlas en la danza.

Nos cuenta su historia de amor con el también izquierdista radical y poeta Rafael Dávila, el cual relata con ternura su romance hasta que ella lo abandonó por Carlos Incháustegui. En el colmo de la alcahuetería y desvergüenza SOMOS publica un poema de Dávila dedicado a Garrido Lecca.

También declara en esta antología de la infamia el propio terrorista Carlos Incháustegui, que fue apresado junto con ella cuando eran convivientes y encubrían a Guzmán. Según la autora de la nota, que además es la Editora de la revista, Incháustegui en la cárcel “llevó una vida de convento de clausura junto a otros 88 senderistas...”.

Podemos entonces leer como este otro terrorista, miembro de la cúpula de la secta terrorista, habla a sus anchas de sus cuitas, de lo difícil de volver a la sociedad, pero no da señales de arrepentimiento y posa desafiante con una camiseta con la imagen de Lenin.

El artículo también cuenta detalles de la captura y la situación que vivieron Patricia Awapara y Celso Garrido Lecca. La redacción se regodea en detalles de la casa, por momentos le da un carácter épico. Y también incluye declaraciones de Julio Magán, que trabajó en la Defensoría del Pueblo y dirigió el INPE y que increíblemente señala que las presas de Sendero eran ordenadas, limpias, hacían ejercicios y no podían convivir con “las otras presas comunes, que tiraban cosas, escupían en el piso, era una desgracia...” y además se lamenta que en esos tiempos el trato era muy duro porque a los terroristas “los veían como delincuentes... les encontraban libros vinculados al marxismo o sus escritos... eso les quitaban”. La pregunta es cómo quería este señor que se les viera.

Como si todo esto fuera poco se resalta su labor en la cárcel como profesora de danza y su participación en los talleres de literatura de la también comunista Rocío Silva Santisteban. Y se remata esta especie de publirreportaje al terror con las tiernas declaraciones de su madre que ya está preparando su habitación y que la visita en la cárcel en su silla de ruedas.

Por supuesto que toda la nota está adornada con nostálgicas y delicadas fotos de la terrorista de niña, danzando, con tutú y corona, recibiendo premios, etc. La misma protectora de Guzmán, que en 25 años nunca dio muestras de arrepentimiento y muy por el contrario siempre reivindico su posición homicida.

¿Puede haber mayor canallada e infamia que la cometida por El Comercio y su revista SOMOS? ¿Hay derecho a que en los actuales momentos, cuando muchos jóvenes no terminan de comprender la real magnitud de lo que nos hizo vivir Sendero y son seducidos por el MOVADEF se les alimente el imaginario con este tipo de notas?

La responsabilidad de El Comercio es gravísima. Se desliza en los límites de lo permitido, en los umbrales de la apología.

Es una afrenta a los miles de peruanos muertos por la vesania terrorista. Una muestra de desprecio por el dolor de los peruanos. Una auténtica vileza.