Buscar en LA ABEJA:

Sábado, 15 de Diciembre 2018


Frase Cabecera 245px

Vinaora Nivo Slider

rosario mano

¿Escribe: P. Mario Arroyo.- Si basta la sola razón para tener una clara idea de Dios y obrar moralmente bien, ¿qué necesidad tengo de ser católico?, ¿qué me aporta el ser católico?, ¿no sobra el ser católico?

Buena y oportuna pregunta, porque permite afirmar una parte de la doctrina católica, no compartida por muchas confesiones cristianas, la cual afirma que toda persona que en su obrar moral siga su conciencia puede salvarse, independientemente de la religión que practique. Sólo se condena quien sabiendo que la religión católica es la verdadera, la rechace. Es decir, lo que me condena, más que el rechazo a la Iglesia católica es el rechazo a la verdad, pues equivaldría a rechazar a Jesús, Camino Verdad y Vida. Además, supone falta de rectitud de intención y dolo, es decir, un orgullo que no se doblega ante la fuerza de la verdad. Pero lo habitual es que no suceda así: muchas personas saben que existe la Iglesia católica como saben que existe el Cabo de Hornos, pero nunca se les ha ocurrido que sea la religión verdadera. A lo más pensarán que es una entre muchas religiones, cuando no tengan prejuicios frente a ella, gracias a una hábil campaña mediática de desprestigio en su contra.

Sin embargo, es importante el dato de que muchas confesiones evangélicas no comparten esta doctrina pues, siendo un poco mal pensados, podría “caérseles el negocio.” En efecto, con frecuencia crecen a partir del miedo a la condenación: “solo te salvarás si eres uno de los nuestros”; que después da pie al: “¡qué terrible será salvarse uno mientras ve que el resto de su familia y amigos se condena por no formar parte de nuestra religión!” Es decir, suelen partir de una mentalidad exclusivista, donde solo ellos se salvan. Dicha mentalidad lleva consigo una visión según la cual “solo ellos son puros”, mientras los demás son pecadores. Por eso, es preciso relacionarse con los que no son de “nuestra religión” solamente para acercarlos a ella, pero con cuidado, “no nos vayan a alejar del camino correcto.” Es mejor ir en parejas a predicar, “no vaya ser que los pecadores nos induzcan al error.”

Pero, en fin, volviendo a tu pregunta, ¿qué me aporta el ser católico si me puedo salvar sin serlo, si basta mi razón para saber que Dios existe y para obrar moralmente bien? La necesidad que todos tenemos de buscar y encontrar la verdad o, visto de otra forma, el imperativo de no ser conformistas, de no buscar lo más fácil y cómodo, sino lo auténtico y verdadero; aspirar a la excelencia, no conformarnos con la mediocridad. En segundo lugar, valorar las riquezas que gratuita y generosamente nos ofrece Dios a través de nuestra fe católica.

El razonamiento es muy simple. Dios existe, estupendo, pero ¿solo llegan a Él quienes tienen una especial capacidad intelectual?, ¿está lejos del mundo?, ¿lo hizo y se desinteresó por él?, ¿le importamos o no?, ¿en qué clase de Dios creo yo?, ¿debo adecuar a Dios a mi entendimiento o es al revés, debo adecuar mi entendimiento a Dios, sabiendo que Él es siempre más grande y que “si comprendo, no es Dios”? (“Comprehender” en el sentido de abarcar exhaustivamente).

Dios existe ok, pero ¿no ha dicho nada acerca de Sí mismo?, ¿no se ha revelado?, ¿no se ha manifestado en la historia y mostrado así su designio salvífico, su amor por los hombres y su modo de ser? Si la respuesta a esta pregunta es sí, entro de lleno en lo que se llama tradición judeocristiana. Pero eso implica que ya Dios no será lo que yo quiero o a mí me parezca razonable, sino lo que Dios es en sí y quiera revelarme de sí mismo, teniendo yo que aceptarlo primero con fe, para después comprenderlo mejor con la reflexión teológica. Dios no es ni irracional ni absurdo, es razonable, pero su racionabilidad supera a nuestra razón. Deja un espacio al misterio y al asombro, donde descubrimos que no es creación nuestra, ni proyección de nuestros deseos, sino llamada a un más, a un crecimiento, a la maravilla que nos supera al tiempo que nos ayuda a mejorar.

Por otra parte. ¿Qué es la salvación? ¿Qué es la vida eterna? La vida eterna es la vida plena en comunión con Dios. Eso es la salvación. La vida con Dios. ¿Cuál es el “plus” que me ofrece la Iglesia Católica?, ¿por qué es un don? Porque puedo incoar ya aquí en la Tierra esa salvación. Puedo tener ya aquí, a través de la fe, una comunión con Dios que será plena en la otra vida, sin el claroscuro de la fe, con la visión de Dios cara a cara. Pero aquí tengo ya una prenda de esa unión y un compromiso por parte de Dios para que la alcance: en efecto, no otra cosa me promete el bautismo y no es otra cosa la Eucaristía, sino la comunión real y presente con Dios, pero a través del velo de la fe.

En resumen, valorar a la Iglesia, entender lo que la Iglesia me aporta, es valorar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, reconocerlo a Él como Dios y Salvador, como aquel que ha revelado quién es realmente Dios y su designio salvífico. A través de Él y su sacrificio en la Cruz sabemos con total seguridad y certeza que a Dios le interesamos, que nos ama hasta el punto de entregar a su único Hijo. Jesús nos ha revelado el modo de ser de Dios: un Padre lleno de misericordia, un Dios al que le gusta perdonar, un Dios que se involucra en la historia de los hombres y a quien hay que aprender a descubrir en el pobre, en el enfermo y en quien sufre. Y Jesús nos ha dejado a la Iglesia para que entremos en comunión con Él. Por eso la Iglesia no sobra, sino que supone el mayor don de Dios a los hombres, al tiempo que es un misterio, pues nos lleva a la comunión con Dios, pero está formada por hombres y estos tienen flaquezas.

En resumen, sólo si valoro los tesoros que gratuitamente me ofrece la Iglesia Católica, comprenderé que tener fe es un don inconmensurable de Dios, y por eso vale la pena. Simplemente se trata de valorar la presencia real de Jesús en la Eucaristía (posible porque Él es Dios) y valorar la mediación materna de Santa María. Reconocer el valor de la Iglesia equivale a valorar el papel de la Eucaristía y de María en mi vida. Esos tesoros solo los tienen aquellos que pertenecen a la Iglesia Católica, y por ello es un don y un privilegio formar parte de ella. A la inversa: prescindir de la Iglesia habiendo formado parte de ella, supone no haberse dado cuenta de la riqueza y el don que supone tener a la Eucaristía y a María.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Col arriba
Correccion Disenso
Columna Contra Mundum
Columna PinceladasCol 002
Columna 09
Columna Patrimonium
Columna 11Col Dario Enriquez chico
Col Manifesto
Col morrocotudo
Col Ganzalez
Col A primera vistaCol 001Columna Pepe Ladd
Col El higadoCol Libertad bajo palabraCol Elvis
Col A tempo
Columna 14
Col 02Col B CriolloColumna 16Correccion Sin sendero
Col Aldea VCol 05Col Desde el solar trujillanoColumna 17Col ENTREVISTASCol Varios

EXTRANJEROS TITULO
Extranjeros 01Correccion Pensando en voz altaCol bolivianoEXTRANJEROS LechinCol Cubano 06Correccion Agustin LajeExtranjeros 05
Extranjeros 06
Extranjeros 07Col Venezuela futura
Extranjeros 08
Extranjeros 09Correccion Carlos Sanchez BerzainCol 03 CubanoExtranjeros 10

Si desea...

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *